Con el discurso del Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, hemos cerrado este jueves la Escuela de Verano, organizada por la Fundación Pablo VI, la Conferencia Episcopal Española y la Universidad Pontificia de Salamanca. Sus palabras, al final de estas tres jornadas en las que se ha hablado del colapso de la democracia, han estado centradas en la importancia de asentar los valores humanistas que nos sostienen y de trabajar por un orden internacional que ponga la dignidad humana en el centro.
Inspirado por el reciente mensaje de León XIV en el Congreso de los Diputados, habló de algunos de los grandes retos que afrontamos actualmente, en que surgen dinámicas que se creían superadas, como el recurso a la guerra como instrumento para alcanzar los objetivos de política exterior, la vulneración del derecho internacional, el suso de la desinformación como arma para desestabilizar democracias romper la convivencia, utilizando como recurso el desarrollo tecnológico o la inteligencia artificial, que han puesto en riesgo nuestras certezas. En este sentido, defendió la necesaria regulación para el espacio digital abierto lo que, dice, “no es incompatible con los derechos fundamentales”; una tecnología al servicio del bien común y un orden internacional desde el diálogo y el humanismo.

Para el portavoz de Exteriores, las amenazas a la democracia no vienen solo de quienes vociferan en contra, sino también de los que muestran indiferencia o cinismo que, si se extiende, disuelve el compromiso colectivo con los valores y las prácticas que lo sustentan. Por eso, habló de la necesidad de fortalecer instituciones sólidas y dignas de confianza, contar con una ciudadanía activa, crítica, informada y, fomentar espacios como el que se ha generado en esta Escuela de Verano que se ha estado desarrollando durante 3 días, con personalidades y expertos de distintos ámbitos para hablar no solo sobre las crisis de las democracias y la oportunidad de una geopolítica al servicio del ser humano. En su intervención, puso en valor tanto el trabajo que está haciendo desde el Gobierno como las organizaciones internacionales o la Santa Sede para mostrar que “frente a la fuerza y la imposición, hay que hacer valer la razón de la confianza”.
A primera hora de la mañana tenía lugar la mesa redonda inaugural de última jornada, con un diálogo entre José Manuel García Margallo, ex ministros de Asuntos Exteriores; y Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas, dedicada a reflexionar sobre la quiebra del multilateralismo, sus causas y sus consecuencias.

Algunas de ellas tienen que ver, en palabras de los expertos, con las consecuencias de una globalización mal articulada, que democráticamente no ha generado los efectos que se pensaban, que ha hecho desaparecer las identidades y que ha producido profundas desigualdades que la regulación no ha ayudado a resolver. El deterioro de las alianzas internacionales creadas por el empeño, entre otros, de Roosevelt, ha dejado un vacío que pone en una situación de incertidumbre muchos conflictos que hoy parecen no tener fin, como el de Ucrania o el de Irán. Se ha creado un nuevo orden en el que hay que aprender a manejarse, tal y como afirmó Alberto Priego, “caracterizado por la muerte de la OTAN y con actores que no comparten las normas ni las compartirán, como ocurre con Estados Unidos que se ha pasado al lado de los abusadores y los carnívoros” y que además es el administrador de las grandes empresas tecnológicas del mundo.

La respuesta ante este nuevo panorama internacional no es fácil, pero puede tener como posible vía de solución más Europa. Esta es la principal tesis del ex ministro Margallo, “frente a la amenaza entre carnívoros y herbívoros es necesario crear en la UE los Estados Unidos de Europa”. Algo que comparte el profesor Priego, aunque, para ello, “es necesario poder hablar del poder sin traicionarnos”, sabiendo que hay interlocutores que no necesariamente son estados y que hay estados que no juegan en la misma dimensión. A pesar del panorama oscuro defendió la contención y la cooperación: “cooperando se avanza más que en la confrontación”.

Tras esta mesa redonda, tuvo lugar la conferencia de clausura, impartida por el presiente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Valladolid, Mons. Luis Argüello, sobre “La respuesta de las democracias a los retos éticos y antropológicos de la sociedad”.

En su intervención, repasó algunos de los retos prioritarios de las democracias liberales que tienen mucho que ver con una transformación profunda de la concepción de la persona humana. Se ha pasado de una visión relacional a una comprensión individualista del ser humano lo que ha terminado afectando a la familia, a la natalidad, a la convivencia social y a la propia idea de nación. Esta erosión de los vínculos personales y comunitarios está debilitando las bases sobre las que históricamente se han construido las sociedades democráticas, abriendo un abismo progresivo de sospecha hacia las tradiciones, las relaciones estables, los afectos y las referencias compartidas sobre la verdad y el bien.

A partir de ahí advirtió de los riesgos de los fenómenos crecientes de “deconstrucción antropológica” con los que todo, hasta el género, se puede decidir por uno mismo; habló de la importancia de equilibrar bien el concepto de derechos y deberes, especialmente a la hora de gestionar la acogida y la integración de inmigrantes; y advirtió de la tentación de convertir las democracias liberales en “democracias asistencialistas” en las que se acaba generando “ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones”, en una suerte de “Cáritas laica”.
Para el presidente de la Conferencia Episcopal “los desafíos son grandes” y “no valen soluciones simplistas”. A los representantes e instancias políticas les ha pedido “que se respeten las reglas del juego, que se asegure la división de poderes, que se cumpla la Constitución y las leyes, y que se presenten los presupuestos cada año”. Pero esto va mucho más allá de quienes detentan el poder y compromete a cada uno. Será necesario reconstruir una cultura cívica basada en derechos y deberes, capaz de sostener una ciudadanía consciente de su responsabilidad en la vida pública.
El acto de clausura del curso también ha contado con la participación del secretario de la Conferencia Episcopal Española, Mons. García Magán, junto con el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares; el rector de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago García-Jalón, y del director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, que comenzó con las palabras de agradecimiento para dar paso a todos ellos. Citando la Magnifica humanitas recordó que, aunque en esta jornada se ha apelado mucho a la clase política o las instancias que gobiernan “todos somos responsables, cada uno, independientemente de la posición que ocupemos en las instituciones o en la sociedad, de esa responsabilidad, de trasladar un mensaje de democracia, un mensaje de paz”.

