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	<title>Agustín Domingo Moratalla archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>Agustín Domingo Moratalla archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>“Homo Curans. El coraje de cuidar”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ignacio Pérez García]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Oct 2022 07:03:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Domingo Moratalla]]></category>
		<category><![CDATA[Ética del cuidado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Estamos ante una obra que es un repaso a las bases filosóficas y de pensamiento de la ética del cuidado, una propuesta ante los desafíos de la sociedad del siglo XXI y una mirada esperanzada en la que otra manera de vivir y de pensar el mundo, nuestra especie, nuestras relaciones, nuestra política, nuestra economía es posible” Ficha del libro: Agustín Domingo Moratalla, Homo Curans. El coraje de cuidar.Ediciones Encuentro, Madrid 2022 Los adjetivos empleados para acompañar al sustantivo homo (ludens, faber, viator, deus, etc.) intentan calificar o aclarar quiénes somos, qué nos identifica. El adjetivo que utiliza nuestro autor para titular su obra va más allá de un mero calificativo para ahondar en la dimensión constitutiva del ser humano como es la del cuidado. Puede parecer que hablar de “los cuidados” o del “hombre que cuida” no deja de ser una especie de “moda” que se ha instalado en los ámbitos intelectuales, filosóficos y académicos. Pero no es así. Ya desde el siglo II, con la “fábula del cuidado” de Higinio, este aspecto esencial se hace protagonista del relato de autocomprensión de los seres humanos. Así se comprende que el profesor Domingo Moratalla parta de la afirmación de que el cuidado no es una respuesta solamente al ámbito de la enfermedad, sino que es la dimensión de responsabilidad que todo ser humano tiene y experimenta como propia. El subtítulo (el coraje de cuidar), recordando al filósofo Paul Tillich que al final de la Segunda Guerra Mundial pronunció una serie de conferencias que fueron publicadas con el título de “El coraje de ser”, nos traslada a la acción propia que deviene de esta manera de entender al ser humano, que no se queda en una mera especulación, sino que se hace historia, compromiso y acción en la vida cotidiana. Por tanto, estamos ante un libro que va a la esencia del ser humano, que quiere explicar cómo el cuidado que todos experimentamos (porque nos cuidan al inicio de nuestra vida o en momentos de debilidad y porque cuidamos de otros) es lo constituyente de nuestra especie y abarca a todas las dimensiones de la vida pública, tanto a la ética, como a la política, pasando por la teología y, cómo no, por la ecología. Estamos ante una reflexión filosófica profunda, que nos invita a tener un talante determinado por la idea de razón cordial: el autor nos invita a que la trabajemos para que “las inquietudes del corazón no le sean ajenas al ejercicio de la razón”. Es un libro que busca proponer una “cultura del cuidado generativo” que tenga claro y ayude a vivir una “responsabilidad: retrospectiva (pasado), prospectiva (futuro) y respectiva (presente)”. Es una llamada a que el ser humano se centre en lo verdaderamente importante y que desde su razonamiento, sentimiento y vivencia pueda responder a los grandes desafíos que nuestro mundo tiene. El libro está dividido en seis capítulos con una introducción. Comienza en el capítulo primero explicando cómo entender el cuidado en la era digital y poniendo las bases para una ética del cuidado que el autor afirma que ha venido dada por “la transformación interna de la ética de la justicia”, un cambio, un “giro” decisivo en el que se nos pide responder al ser humano desde la comprensión de que somos débiles, vulnerables, dependientes y que esta condición es la verdaderamente universal y que nos iguala a todos. La apuesta por un cuidado generativo, un cuidado con toda el alma, con todas nuestras capacidades, con toda nuestra forma de ser corriendo el riesgo, cierto y en cierta medida buscado, que supone exponerse ante el otro y que aparezca la “fatiga del cuidado”, que viene dada de la opción cuidadora de estar al lado de las vulnerabilidades de los demás, lo que supone aceptar lo “imprevisto, lo nuevo, lo sorprendente”. En una sociedad como la nuestra en la que a pasos agigantados la Inteligencia Artificial (IA) se va imponiendo en todos los niveles sociales, el autor nos invita a que nos hagamos la pregunta de si esto va a suponer una deshumanización de las prácticas del cuidado. Al contrario, el autor defiende que puede ser una oportunidad para humanizar el cuidado dejando las actividades más técnicas en manos de la IA y centrándonos en aquellas que solo desde esa razón cordial se pueden llevar a cabo. El segundo capítulo es un magnífico recorrido por los diversos pensadores que están en el trasfondo filosófico y han puesto, encima de la mesa del pensamiento, la necesidad de entender al ser humano desde esta perspectiva humanizadora y personalista, abriendo los ojos al “rostro del otro”, un repaso por autores como Jonas, MacIntyre, Ricoeur, Taylor, Lévinas, que apostaron, de una u otra manera, por lo que el autor denomina “responsabilidad cordial”. De manera especial, y dándole el lugar que le corresponde para entender el comienzo y el proceso evolutivo de este nuevo paradigma del cuidado, el autor expone el pensamiento de la filósofa y psicóloga estadounidense Carol Gilligan. Su llamada de atención al estudio que hizo Kohlberg y su apuesta por introducir una “visión diferente” desde el feminismo, dio el pistoletazo de salida al desarrollo de una manera de entender la vida, las relaciones, las responsabilidades, la ética y la moral. Una ética del cuidado que no es femenina sino feminista, como defiende el profesor Domingo Moratalla: “El feminismo guiado por la Ética del Cuidado podría considerarse el movimiento de liberación más radical -en el sentido de que llega a la raíz &#8211; de la historia de la humanidad. Al desprenderse del modelo binario y jerárquico del género, el feminismo no es un asunto de mujeres, ni una batalla entre mujeres y hombres, sino el movimiento que liberará a la democracia del patriarcado”. El tercer capítulo nos enfrenta a uno de los graves problemas de nuestra sociedad, como así lo apuntaba el VIII informe FOESSA de Cáritas española, la “gran desvinculación”, aprovechando los escritos de Z. Baumann, al que nuestro autor no duda en calificar como “profeta”.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/homo-curans-el-coraje-de-cuidar/">“Homo Curans. El coraje de cuidar”</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Del hombre carnal al hombre digital</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Fernando Juan Santos]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jun 2022 14:33:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Domingo Moratalla]]></category>
		<category><![CDATA[Era digital]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cómo seguir siendo personas y hacer brillar la humanidad en su bondad en estos nuevos espacios y con estos nuevos instrumentos? Ficha del libro: Agustín Domingo Moratalla, Del hombre carnal al hombre digital. Vitaminas para una ciudadanía global. TEELL, Valencia 2021, 240 págs. Agustín Domingo Moratalla, catedrático de filosofía moral y política de la universidad de Valencia, presenta en este volumen una recopilación ordenada y revisada de artículos publicados fundamentalmente en el blog entreparentesis, cuyo objetivo era la reflexión y el diálogo en diferentes ámbitos sociales. De ahí, como el lector comprobará, la permanente referencia a la actualidad, a los desenlaces del momento concreto y cómo se apuntan señales que van en diferentes sentidos. Un blog es un género literario nuevo, con sus particularidades, que permite hacer catas cercanas al ensayo periodístico con gran libertad. Y el tema, por otro lado, requiere de esta espontaneidad y frescura: la digitalización de la realidad, el tan citado cambio de paradigma social y político, la alteración del orden social, educativo, sanitario. Lo primero es agradecer que un hombre de su dedicación se preocupe por lo que está ocurriendo en el mundo y busque conectar su saber específico con la dinámica social. Podríamos pensar ingenuamente que es lo común y darlo por sentado, pero muchas veces no se percibe este interés. Sin embargo, en el caso de Agustín se nota la preocupación y se hacen presentes los desafíos de la cultura digital, en tantas ocasiones asumidas acríticamente, por modas o necesidades creadas, por el deslumbramiento que domestica el marketing y la fuerza de la masa. Este esfuerzo sincrónico deja ver dos cuestiones que conviene indicar desde el inicio: por un lado, la certeza observación de los aspectos positivos y negativos de las técnicas, que provienen del desarrollo científico, diferenciando bien lo que es un avance en el conocimiento y lo que sería su recepción ética, moral y social; por otro lado, el permanente interrogante acerca del lugar en el que queda la persona en la configuración tecnificada del mundo. Todos somos conscientes, en mayor o menor medida, del ritmo vertiginoso con el que se han incorporado al mundo laboral tecnologías de la información, de la comunicación y del trabajo. Con la pandemia se han acentuado muy notablemente, siendo facilitadoras, cuando no directamente sustituciones de procesos humanos y sociales analógicos. Agustín hace aquí una reflexión muy sincrónica a toda esta recepción con la prudencia y distancia que le caracteriza. No se trata, por tanto, de preguntarse por las enormes posibilidades que se ofrecen en su desarrollo con una orientación humanista y ética, sino de cómo la ética ilumina esta puesta en marcha en la sociedad (de carne y hueso) y cuáles son sus consecuencias. De este modo, la articulación temática del libro se organiza en varios núcleos, todos ellos de rabiosa actualidad y muy dinámicos: el cambio generacional, la juventud, la educación y la innovación educativa, la política y los retos políticos, la bioética y la salud digital, la inteligencia artificial, las religiones y la ecología social. La filosofía, en la revolución industrial, giró hacia la ética social y al compromiso colectivo en la organización política y distributiva del momento En anteriores trabajos el autor ya exploraba en sus análisis cuestiones antropológicas de frontera, que se van alterando y moviendo con una facilidad pasmosa, como si presas del seguimiento continuo de novedades e innovaciones no nos diéramos cuenta del impacto que están teniendo. Especialmente relevantes son sus estudios sobre ecología integral y de bioética, siempre conectados con la antropología fundamental cristiana. Porque lo que está en cuestión, de un modo más o menos claro, es el modelo de ser humano, de persona que ejercitamos cívicamente y en todos nuestros ámbitos y dimensiones. De ahí la amplísima variedad de conexiones que puede establecer. Tal y como aparece en el libro, se pueden estudiar las constantes que se van repitiendo, con las preguntas fundamentales. La más importante, de un modo u otro presentada, está en la diferencia de medios y fines. ¿Para qué queremos tanto, dónde nos conduce, qué ilumina y muestra, y qué oculta, oscurece, pierde? La filosofía, en la revolución industrial, giró hacia la ética social y al compromiso colectivo en la organización política y distributiva del momento. Las nuevas posibilidades de entonces obligaron, de un modo u otro, a abandonar el pensamiento de salón y salir a las calles, para pegarse a la historia del momento. Con más o menos acierto, el interrogante recayó sobre la posesión de los medios de producción y, en lo antropológico, con una categoría de raigambre tomista, en torno a la alienación, la división, la desconexión de la humanidad consigo misma. Estas dos preguntas se repiten en el libro de Agustín con dos desplazamientos, propios del paradigma digital y de los desenlaces del siglo XX. La primera investigación ya no se centra solo en los medios, cuyo análisis es propio de especialistas, sino en los fines. ¿Quién o quiénes dominan los fines hacia los que se orienta el desarrollo de la tecnología, su distribución en las sociedades, especialmente entre los jóvenes, la educación, la política o la organización social? El segundo énfasis, con categorías contemporáneas, se puede expresar como la necesidad de desconexión, como el mismo autor explica. Lo cual podría ser explorado en dos direcciones. Por un lado, sobre la necesaria conexión de la persona consigo misma, en la que entraría como algo esencial para recorrer ese camino, no dado naturalmente, algo en lo que Agustín se reitera con urgencia: el silencio frente al olvido de sí, la distracción. Por otro, dada la permanente conectividad, sería curiosamente la desconexión de todo lo demás que altera permanentemente el ritmo de la vida ordinaria a base de notificaciones y llamadas de atención, para ser capaces de concentrarse, centrarse, desarrollarse coherente y plenamente. En este segundo punto Agustín recupera para la educación el modelo que ofrece pedagógicamente el ajedrez, con su riqueza potencial, muy revalorada. Algo que deberíamos tener en mucho más en cuenta. Siguiendo la línea argumental, sabiendo que</p>
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		<title>La economía civil, una economía para las personas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sandra Várez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Oct 2019 06:41:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ética socioeconómica]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Domingo Moratalla]]></category>
		<category><![CDATA[Alessandra Smerilli]]></category>
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		<category><![CDATA[Teresa Compte]]></category>
		<category><![CDATA[XXVI Curso DSI]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium: levantar la voz frente a una “economía de la exclusión” donde las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, mientras las de la mayoría quedan cada vez más lejos del bienestar es deber de los cristianos, que tienen en la Doctrina Social de la Iglesia la guía para trabajar en la construcción de un orden social más justo y más humano. Y aunque en los últimos años se ha experimentado un evidente progreso, gracias principalmente a la revolución tecnológica, hay signos evidentes también, de que el modelo económico actual exige una revisión profunda. Puesto que, a medida que aumenta el crecimiento en las economías más avanzadas, las desigualdades se hacen cada vez más patentes. El último informe del Fondo Monetario Internacional, ya en el año 2015, alertaba de una gran brecha en el PIB mundial. Un 50 por ciento de la riqueza de todo el planeta está concentrada en un 1 por ciento de la población, los considerados más ricos del planeta,&#160; frente a un 99 por ciento restante. La gran recesión del 2008, el auge de la economía digital y el low cost, que concentra el poder económico en grandes monopolios, han favorecido esa economía de dos velocidades que puede agravarse si las previsiones de la llegada de una nueva recesión económica se cumplen. Y la desigualdad amenaza, no sólo la estabilidad económica, sino también a la democracia y a la paz. “Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres, pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. (&#8230;) Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz”. (Evangelii Gaudium, 59) Son muchos los que, inspirados en esta Doctrina Social de la Iglesia, trabajan por el cambio a un nuevo modelo económico, más humano, más justo e igualitario, que prime el bien común frente a intereses particulares o individuales. Algunas de estas voces se han podido escuchar en el XXVI Curso de DSI, organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social y la Fundación Pablo VI los días 4 y 5 de septiembre, con el título “La economía civil. Una economía para las personas”. Economistas, profesores, empresarios, responsables de la pastoral social, religiosos, profesores de secundaria y bachillerato y trabajadores o responsables de Caritas y otras entidades de acción social, han compartido propuestas y experiencias de actuación, sobre la base de modelos económicos éticos y de cooperación que ya están funcionando. Qué es la economía civil No se trata de demonizar el modelo capitalista, sino de buscar el término medio entre “una economía salvaje o una economía colaborativa”. Porque “nos encontramos en un momento en que las diferencias entre ricos y pobres son tan grandes como las que existen entre los elefantes y las hormigas”, porque “los oligopolios y la concentración de poder en pocas manos es uno de los grandes problemas de actualidad”, y porque “cuando unas pocas personas concentran la riqueza, están en situación también de imponer su voluntad a toda una nación”. Son las palabras de Alessandra Smerilli, Consejera de Estado de Economía del Papa y profesora de Economía Política en la Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium, de Roma, durante la inauguración del curso. Como firme defensora de la Economía civil, Smerilli aboga por un modelo basado en la responsabilidad y solidaridad, que guíe a todos los actores del sistema económico (empresas, banca y consumidores) y que no se olvide tampoco del “grito de la Tierra”.  La sostenibilidad, clave para combatir la exclusión “Hasta ahora ha sido difícil unir el mundo de la sostenibilidad con el mundo de la pobreza. La defensa del medio ambiente y la causa de los pobres parecían ser batallas diferentes e, incluso, antagónicas”. Pero la Laudato Si’ es clara al respecto: el grito de la Tierra es también el grito de los pobres, y las consecuencias de un comportamiento y una economía ambientalmente insostenibles son los más pobres quienes las sufren. Un ejemplo claro es la industria textil. La ropa de usar y tirar está creciendo a un ritmo descontrolado en todo el mundo, favorecida por el modelo low cost de producción de prendas baratas y de mala calidad, y ligada a bajos estándares laborales (salarios bajos y trabajos precarios). Este modelo de producción conlleva un alto coste medioambiental, no sólo por los pesticidas, los tintes y la gran cantidad de agua que se necesita, sino también por la ingente acumulación de basura, que resulta cada vez más difícil de gestionar. En la Unión Europea apenas se recicla el 25% de los más de 16 millones de toneladas de residuos textiles que se generan cada año. Y, en la mayoría de los casos, son los países pobres los que se están haciendo cargo de esta basura, que provoca entre 400 mil y un millón de muertes al año. Está claro que “el sistema industrial, al final del ciclo de producción y consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar los residuos. Todavía no hemos logrado adoptar un modelo circular de producción que garantice recursos para todos y para las generaciones futuras, y que exija limitar en la medida de lo posible el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia de la explotación, la reutilización y el reciclaje. Abordar esta cuestión, dice la asesora económica del Papa, sería una forma de contrarrestar la cultura de los residuos que acaba perjudicando a todo el planeta”. Responsabilidad de consumidores e inversores Por eso, en la construcción de una economía civil que esté al servicio de las personas, todos somos responsables, incluyendo los consumidores. No es coherente “denunciar un sistema económico de explotación o desigualdad y luego fomentarlo con nuestro modo de consumo, de ahorro o de inversión. Si invertimos en bancos que financian fábricas de armas,</p>
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