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	<title>Ciclo Newman archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>Ciclo Newman archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>Frente al desafío del transhumanismo son los propios límites de lo humano los que nos permiten ser plenamente humanos</title>
		<link>https://fpablovi.org/ciencia-y-fe-en-la-era-del-posthumanismo/</link>
		
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		<pubDate>Mon, 04 May 2026 07:00:37 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Fe y ciencia]]></category>
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		<category><![CDATA[Mons. Francisco Simón Conesa Ferrer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El último coloquio del ciclo Newman aborda el diálogo entre ciencia y fe en la era del transhumanismo con Moisés Pérez-Marcos, OP, doctor en Filosofía y Licenciado en Teología; y Mons. Francesc Conesa, obispo de Solsona, doctor en Teología y en Filosofia por la Universidad de Navarra y miembro de la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe. Hablar de ciencia y fe en diálogo es hablar de John Henry Newman. Para él ambos actos, que considera profundamente humanos porque comprometen mente y corazón, llevan a la búsqueda de la verdad en un camino que no es antagónico sino convergente.&#160; La religión no puede quedarse en lo nocional, sino que es una convicción profunda que transforma la vida; y la ciencia, por sí sola, no lleva al pleno conocimiento porque se limita a lo cuantificable, observable y falsable, pero no a la experiencia vivida, a la voluntad y al sentido de la propia existencia. En este sentido, superados algunos de los prejuicios vividos en los últimos años por aquellos que consideraban ambas como elementos irreconciliables, ciencia y fe han caminado en las últimas décadas como dos vías del complementarias desde el discernimiento humano para llegar a la verdad. Sin embargo, en esta era en la que el hombre se hibrida con la máquina; cuando el desarrollo tecnológico permite superar hasta límites antes sospechados las capacidades humanas, cabe preguntarse si esto puede seguir siendo un camino compartido, puesto que la realidad, incluyendo el ser humano, es visto como algo manipulable, disponible y optimizable. Ciencia y fe en la era del posthumanismo fue el tema del último coloquio del ciclo Newman organizado en la Fundación Pablo VI con la presencia de&#160;Moisés Pérez-Marcos, OP, doctor en Filosofía y Licenciado en Teología, actualmente profesor del departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla; y&#160;Mons. Francesc Conesa,&#160;obispo de Solsona, doctor en Teología y en Filosofia por la Universidad de Navarra, y miembro de la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe, moderados&#160;Mª Ángeles Martín Rodríguez-Ovelleiro, doctora en Ciencias Biológicas y profesora de la URJC. La principal cuestión de análisis fue no solo cómo articular fe y conocimiento científico hoy, sino cómo hacer que éste supere los criterios de eficiencia y de supremacía y ponga al hombre y su dignidad en el centro. Esto pasa por considerar, en primer lugar, que no todo lo que es técnica o científicamente posible puede y debe hacerse; y por adoptar, en segunda instancia, un enfoque del concepto de mejora que vaya más allá de esas filosofías transhumanistas que se refieren a la superación solo en términos de capacidades físicas y mentales, y hablar de la mejora también en un sentido moral y de vida interior, tal y como explicó&#160;Mons. Conesa. En este sentido, preguntar por los límites del transhumanismo es preguntarse por los límites de la propia naturaleza humana, que es todo aquello que no conocemos y que va más allá de lo corporal. Es una falacia pensar que somos solo un cuerpo y que lo que nos ocurre afecta solo a lo corporal, indicó el obispo de Solsona. Y, como explicó, por su parte, el profesor Pérez Marcos son, precisamente, los límites de lo humano lo que nos permiten ser humanos y ser plenamente humanos. Superar eso es una trampa, que, además, lleva a promesas que son incumplibles, porque, entre otras cosas, prometen la inmortalidad como si el cuerpo pudiera ser reparado por partes, perdiendo el suelo valorativo que define lo que es bueno y lo que es malo, y olvidándose de nuestra condición de vulnerabilidad. Hoy, en la era del paradigma tecnocrático, como la denominó el Papa Francisco, hay mucha tentación de hacer creer que todo lo que es técnicamente posible puede hacerse. Por eso es urgente un diálogo interdisciplinar que ponga a la ética y la técnica a reflexionar sobre los límites. Porque, ¿qué sentido tiene una ciencia o una técnica que se emplea para hacer desaparecer la humanidad y en su lugar crear una especie robotizada que ya no es humanidad, sino posthumanidad?”, se preguntó el profesor de Filosofía de la Ciencia y de la Naturaleza de la Universidad de Sevilla. Tanto la ciencia como la técnica, abundó, por su parte,&#160;Mons. Conesa&#160;tienen que estar al servicio del bien humano y de todo el ser humano, como también decía Benedicto XVI. Y es ahí donde hay que poner los límites al progreso y donde hay que buscar los mínimos, sabiendo que, igual que el conocimiento humano es comunitario y la verdad la alcanzamos entre todos, no puede haber un conocimiento solo limitado a sí mismo, sino que tiene que estar al servicio del bien común. Porque, explicó el obispo de Solsona, frente al antropocentrismo hay que recordar que es la relación con los demás y con la naturaleza lo que nos permite ser humanos. Durante la sesión, ambos participantes exhortaron al mundo académico y científico a un diálogo abierto entre ciencia, fe, filosofía y cultura. Porque la fe necesita caminar conjuntamente con la ciencia hacia el conocimiento de la verdad plena. Y porque la ciencia, por su parte, “se está convirtiendo en un elemento de producción y está perdiendo el elemento más humano de las humanidades, de la ciencia y de la universidad en aras de un tecnicismo exacerbado”, denunció el profesor de la Universidad de Sevilla. Por eso, volver a proponer aquella idea de la universidad en el sentido en el que Newman la entendía puede ayudar a recuperar esa vocación y esa esencia tan humana de buscar la verdad haciéndonos las grandes preguntas. Fr. Moisés Pérez Marcos invitó, para finalizar, a “levantar la mirada” y recuperar las grandes preguntas sobre quiénes somos y hacia dónde caminamos; mientras que Mons. Conesa animó a evitar repliegues y guetos, recordando que la fe cristiana está llamada a dialogar con la cultura y con la humanidad en la búsqueda compartida de la verdad.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/ciencia-y-fe-en-la-era-del-posthumanismo/">Frente al desafío del transhumanismo son los propios límites de lo humano los que nos permiten ser plenamente humanos</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Para la salvaguarda de la democracia es urgente la conversación cívica y la educación de la conciencia</title>
		<link>https://fpablovi.org/verdad-conciencia-y-futuro-de-la-democracia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 07:14:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo Newman]]></category>
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		<category><![CDATA[Esteban Sánchez Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[José María Lassalle]]></category>
		<category><![CDATA[Paloma Durán Lalaguna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Paloma Durán Lalaguna, catedrática de Filosofía del Derecho y experta internacional en derechos humanos, políticas públicas y desarrollo sostenible; y José María Lassalle, profesor de Filosofía del Derecho y exsecretario de Estado de Cultura y para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital reflexionan sobre el futuro de la democracia en el segundo coloquio del ciclo Newman, dentro del Centro de Pensamiento Pablo VI Vivimos en una era en la que la pregunta por la verdad y, sobre todo, la verdad con mayúscula se presenta con un desafío constante. En tiempos de algoritmos que editorializan y mediatizan el relato; de discursos fragmentarios, parciales y superficiales; del deterioro de la conversación cívica y del debate público; y de desconfianza institucional y de debilidad de las instituciones educativas, la búsqueda por la verdad y la formación de la conciencia se hace urgente e indispensable. De esto fue el coloquio celebrado el día 11 de marzo entre&#160;Paloma Durán Lalaguna, catedrática de Filosofía del Derecho y experta internacional en derechos humanos, políticas públicas y desarrollo sostenible; y&#160;José María Lassalle, profesor de Filosofía del Derecho y exsecretario de Estado de Cultura y para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital. Guiados por Esteban Sánchez, catedrático de Sociología de nuestra Facultad de Ciencias Políticas y Sociología León XIII de la Fundación Pablo VI, ambos desbrozaron, en su análisis, los grandes retos de nuestro tiempo, en que vivimos, tal y como indicó Paloma “una auténtica emergencia democrática y educativa”. La primera, por la ausencia de conversación pública y la polarización; y la segunda, por una “vulgarización” de la educación universitaria, sumida en continuos procesos de verificación y olvidando la obligación de transmitir un conocimiento basado en la integridad, en la verdad y el esfuerzo. En la era de los algoritmos que han copado la conversación pública y la han transformado en una cámara de eco donde solo se escucha aquello que nos autoafirma, el debate cívico que hace posible la democracia se ha tornado en una quimera. Algunos índices, como el publicado por la Universidad de Gotemburgo, sitúan a España entre los países de Europa con menor espacio de diálogo democrático, con una población dividida en grupos ideológicos para los que lo que impera no es la verdad, sino en relato, la opinión o la emoción. Tras ello, el profesor Lassalle situó toda una plataforma de negocio interesada en que el tráfico más ruidoso sea el del odio y el ruido haciendo imposible “entender la complejidad que estamos viviendo”, y situándonos en lo que denomina “nihilismo tecnológico”, mucho más peligroso que el relativismo porque niega radicalmente la existencia de la verdad. Una verdad que, al contrario del relato que se trata de imponer, sí existe en política, “es la base fundamental de la democracia” y negar su existencia es, por tanto, ponerla en riesgo. Aunque gran parte de esta situación de nihilismo está provocada por la tecnología y las redes sociales, no toda la responsabilidad es de esta herramienta en la que hemos delegado nuestra capacidad de desplegar lo que nos hace genuinamente humanos, que es la razón comunicativa. Hay muchos más factores, como es el deterioro de una educación que se ha vaciado de “la auctoritas” y del ejercicio del discernimiento. Para Lassalle, la tecnología y la inteligencia artificial han sustituido a la “paideia”; y la universidad, sumida, por una parte, en la lucha del saber contra la máquina; y, por otra, en la obsesión por las verificaciones, ha perdido la esencia para la que fue creada. Paloma Durán habla incluso de una “vulgarización de la enseñanza universitaria, haciendo de ella la antítesis de lo que Newman planteaba en la idea de la universidad”. Por eso, más que para la difusión de conocimientos, es fundamental una formación ética de las virtudes para la responsabilidad, la integridad y a la búsqueda de la verdad; y la educación de la conciencia orientada a la comprensión de la culpa, la ambigüedad moral, entender lo que puede representar faltar al respeto de la dignidad del otro, etc. “Se trataría, como explicó Lassalle, de poner atención en todo aquello que puede producir un bien o un mal en los otros como espejo de nosotros mismos”. Porque el protagonismo de la democracia no es solo del individuo en cuanto a sujeto de derechos, sino la persona que, además de derechos, tiene una conciencia que nos hace insustituibles por las máquinas. Esto va más allá de la conciencia religiosa, pero no es “en absoluto incompatible” para nuestra modernidad. Por eso, en tiempos de posverdad, de algoritmos que pretenden definir nuestra realidad y de nihilismo, la figura de John Henry Newman y su insistencia en la dignidad de cada persona como sujeto libre y racional es un faro que sigue iluminando.</p>
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		<title>Liberalismo económico y justicia social desde la mirada de Newman: “defender la justicia social no es refutar la libertad”</title>
		<link>https://fpablovi.org/liberalismo-economico-y-justicia-social/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Jan 2026 21:25:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo Newman]]></category>
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		<category><![CDATA[Carlos Martínez Oliveras]]></category>
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		<category><![CDATA[José Luis Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia social]]></category>
		<category><![CDATA[Liberalismo económico]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Ayala Cañón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La primera sesión del ciclo que la Fundación Pablo VI ha inaugurado este 13 de enero en el marco del Centro de Pensamiento Pablo VI, dedicado a la figura San John Henry Newman, ha mostrado que el pensamiento de este doctor de la Iglesia sigue siendo una luz para el mundo contemporáneo. Aunque no fue un economista, su pensamiento antropológico tiene profundas implicaciones para la economía, tal y como explicó durante la presentación el claretiano Carlos Martínez Oliveras, coordinador de publicaciones de la Conferencia Episcopal Española: “frente una visión reduccionista del ser humano como productor o consumidor, Newman afirma la dignidad irreductible de la persona. Frente a una economía que descarta los frágiles, nos recuerda que toda organización económica debe estar al servicio del florecimiento humano integral. En un tiempo donde los economistas debaten sobre crecimiento, productividad y tecnología, Newman nos recuerda que la economía debe servir a la persona, y que el verdadero progreso no está únicamente en cifras macroeconómicas, sino en el florecimiento humano integral, salud, educación, justicia y dignidad para todos”. Sobre este pensamiento newmaniano, se articuló el diálogo entre&#160;Carlos Rodríguez Braun, catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, divulgador y escritor; y&#160;Luis Ayala Cañón, catedrático de Economía de la UNED y miembro del Comité Técnico de FOESSA, bajo el título&#160;Liberalismo económico y justicia social.&#160;Los dos, desde visiones diferentes de la economía y aparentemente confrontadas, pusieron el acento en el “y” que une los dos términos, como les instó el moderador del diálogo, el también profesor&#160;José Luis Fernández, director de la Cátedra Iberdrola de Ética Económica y Empresarial de la Universidad Pontificia Comillas, para abundar más en la complementariedad de los términos que en la tensión dialéctica. Desde un plano no solo económico, sino también filosófico y sociológico, los dos economistas hablaron sobre el significado de conceptos como igualdad, justicia o libertad. Para Rodríguez Braun, el propio término en sí mismo ─justicia social─ ha sido, de alguna manera, contaminado por una forma política que la entiende como una “incursión contra los derechos y las libertades de las mujeres y los hombres”, como una forma de redistribución de la propiedad o como una usurpación. En su Argentina natal, como recordó el profesor, el peronismo se llamó a sí mismo justicialismo, para justificar, desde una “pasión antiliberal”, la usurpación de la propiedad de los ciudadanos en aras de la “justa redistribución”. Eso, que, dijo, “ha contagiado a todo el socialismo”, es el motivo por el que desde hace mucho tiempo el liberalismo recela de la justicia social. Por eso, prefiere plantear el término de justicia social como la “remoción de los obstáculos y estorbos para poder salir adelante en la vida, sin exclusiones y en igualdad ante la ley”. Para Luis Ayala, sin embargo, esa justicia social y esa libertad no pueden solamente medirse en términos económicos, sino también sociológicos o filosóficos. El punto de partida, es decir, una desigualdad que se transmite intergeneracionalmente, es absolutamente condicionante del futuro vital de muchas personas en todos los planos posibles: condiciona su acceso a oportunidades, su participación democrática y su dignidad. Por eso, el profesor Ayala, miembro del Comité Técnico de FOESSA, considera que esa justicia social no está entendida en los mismos términos, sino que debe contemplar el desarrollo de políticas igualitarias que corrijan las injusticias que proceden no solo de los mercados, sino también de la propia configuración de la sociedad. Y es ahí donde hay que apelar a una “responsabilidad colectiva” en la que también intervenga el Estado. Una intervención con la que Carlos Rodríguez Braun discrepa, puesto que en aras de la igualdad de oportunidades acaba desarrollando políticas que van orientadas a la búsqueda de la igualdad de resultados. ¿Tiene sentido hablar de sociedades justas o injustas? ¿Quién lo establece?, se preguntó. Porque si es el Estado quien define la justicia se puede caer en la moralización de la política, que, como explicó, es aquello a lo que se refería Newman cuando rechazaba el liberalismo. “El término liberalismo para él no es el mismo que entendemos ahora, sino un liberalismo que sometía la Iglesia al poder civil, y que concebía todo, la educación o la moralidad desde el control estatal”. Para el profesor Braun, miembro del Real Colegio Libre de Eméritos de España y correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina, uno de los peligros actuales es la absoluta “moralización de la política” que usa una retórica y una terminología basada en la solidaridad, la ayuda y la empatía para referirse, por ejemplo, a cuestiones recaudatorias. De este modo, ironizó, se “acaba convirtiendo la Agencia Tributaria casi en la Madre Teresa de Calcuta” o la acción de recaudar impuestos “en la parábola del Buen Samaritano”. Recurrir a la moralidad para una medida recaudatoria que es coercitiva, priva, en su opinión, a toda parábola de su contenido moral. La visión de Ayala sobre los impuestos tiene otro cariz. Son el precio que hay que pagar por favorecer la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación o la sanidad y para evitar la transmisión intergeneracional de la pobreza. Un fin que define el medio, porque sin esos “instrumentos no hay igualdad de la que podamos hablar, ya que ésta está lastrada desde el propio origen”. De hecho, defendió el modelo de aquellos países con sistemas de impuestos y prestaciones más sólidos, “que tienen mayor bienestar, mayor igualdad y un crecimiento más sostenido”. Por lo tanto, dijo, “el sector público nunca puede ser enemigo del bienestar y la justicia social”. Desde sus distintas perspectivas, ambos debatieron también sobre el concepto de desigualdad. Para Rodríguez Braun, ésta “no es injusta per se”. Lo es cuando requiere una reparación política y “cuando se combina con una autoridad que fuerza a los demás a elegir contra su voluntad”; por ejemplo, cuando se obliga a contribuir con impuestos de manera desigual para otorgar a otros el derecho a tener una vivienda sin pagarla. Eso tampoco es igualdad dijo, porque, además, “requiere de la fuerza coercitiva del</p>
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