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	<title>coronavirus archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>coronavirus archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>El nivel y el tipo de los problemas en la crisis del coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2020 06:59:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Huella digital]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl González Fabre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La pandemia del COVID-19 supone un grave problema sanitario, pero no solamente. Se abren con ella toda una serie de problemas económicos, políticos o, incluso, jurídicos, que exigen soluciones en niveles muy distintos. Raúl González Fabre, Doctor en Filosofía, profesor de la Universidad Pontificia Comillas y miembro del Comité de Expertos del Seminario Permanente “La Huella Digital ¿servidumbre o servicio?” analiza los distintos frentes y muestra que la tecnología, si bien puede ayudar a resolver partes, no es suficiente en sí para abordar la gestión de la complejidad.&#160; La presente crisis plantea problemas en tres niveles, que resultan ser de tres tipos diferentes. Con mucha frecuencia, se encuentran entrecruzados en las reflexiones de prensa, lo que puede inducir a confusión. Problemas técnicos Estas son cuestiones que admiten una solución óptima, la cual debe ser buscada (cuando no la sabemos) y procurada (cuando la sabemos). Hagamos una lista sumaria de algunos de esos problemas, para ver a qué nos referimos: Son problemas básicamente técnicos, desde bioquímicos hasta de planificación y logística. En este terreno es, claramente, donde las nuevas tecnologías digitales pueden realizar una contribución significativa. Se trata de un aspecto clave. Por no poner más que el primero de la lista: si mañana se encontrara un tratamiento eficaz que procurara la recuperación de los enfermos de coronavirus y redujera la probabilidad de muerte a cerca de cero incluso para las personas más vulnerables, el problema de la pandemia no duraría más de lo que tardarse en producirse y distribuirse en masa semejante tratamiento. Problemas políticos Estos son de otro tipo, como ha empezado a demostrarse con el confinamiento. En el fondo, el problema central consiste en una elección entre destrucción económica (en la medida en que se paraliza la actividad para frenar el contagio) y destrucción de vidas (en la medida en que se mantiene la actividad al coste de incrementar los contagios). Luego hay otros derivados, pero del mismo tipo: destrucción de empresas (obligándolas a pagar salarios cuando no tienen ventas) y ruina de las familias sin ahorros (si pierden su ingreso porque el trabajo se suspende). Y así vemos otros en torno a los alquileres, los impuestos, etc. A diferencia de los problemas técnicos, estos no admiten solución óptima. Se trata de balances prudenciales intentando minimizar el daño social de largo plazo. Pero la concepción sobre ese daño depende en buena medida de posiciones ideológicas previas. Un acuerdo de los grandes partidos al respecto sería muy bueno, pero de momento no está a la vista. Según parece, ni siquiera están hablando sino tirándose los trastos a la cabeza por la prensa. Ello delata la mala calidad de nuestra actual clase política, empezando por los Gobiernos (central y autonómicos), pero no solo. El asunto de los balances prudenciales (y también de posibles acuerdos) se complica además porque esos balances pueden variar con el tiempo, esto es, conforme las circunstancias cambian. El diálogo debería ser sostenido. Problemas constitucionales El tercer nivel de los problemas es constitucional. Aquí ya no nos referimos a si los diversos Gobiernos adoptan estas u otras políticas, sino a las estructuras de la acción colectiva. Antes de discutir cómo debemos usar un martillo, si dar golpes suaves o fuertes y dónde, hay que tener el martillo. Si no hay martillo, la discusión sobre su uso resulta ociosa. El coronavirus nos revela un par de cosas sobre la estructura constitucional de nuestra presente acción colectiva: Primero, que en circunstancias así la descentralización del sistema sanitario público no funciona bien. Dejar un cascarón cuasivacío como Ministerio central y confiar a las autonomías la sanidad, algo que producía solo moderadas disfunciones en circunstancias normales, resulta mucho peor ante una crisis sanitaria seria. La considerable torpeza en la procura/distribución de materiales y las limitaciones gestoras de un Ministerio sin músculo, lo muestran. La asimetría en las posibilidades y cargas de las comunidades autónomas, también. Curiosamente, la acción central más eficaz contra la crisis, desde el punto de vista sanitario, viene siendo realizada por la Unidad Militar de Emergencia, que nunca ha sido descentralizada. Eso en cuanto a la descentralización administrativa. Algo semejante ocurre con la descentralización política: no hay decisión del Gobierno central sobre la epidemia que no sea inmediatamente contestada en los medios por tres o cuatro presidentes de comunidades autónomas, que no están de acuerdo y la deslegitiman delante de sus poblaciones. Lo mismo ocurre con decisiones de los Gobiernos autonómicos. El virus muestra entonces cómo la capacidad de acción colectiva de la sociedad española ante crisis mayores ha sido erosionada fuertemente al nivel constitucional, entendiéndolo en ese sentido. Un segundo punto tiene que ver con la Unión Europea. En realidad, una pandemia es un problema global, que requeriría acción concertada también a nivel global. Pero como no tenemos ni remotamente instituciones mundiales con la capacidad para ello, cada país ha decidido cerrar sus fronteras y arreglárselas solo como mejor pueda. Ello tiene una implicación inmediata: si el virus está generando este considerable desorden y mortandad en países ricos y de medio ingreso, no queremos pensar lo que ocurrirá si afecta masivamente a países pobres o con sistemas sanitarios y económicos muy débiles. Irán es solo una ventanita a ello, pero hay países con condiciones de partida mucho peores. Pero bueno, esto es algo que ya sabíamos. Más sorprendente resulta que también la Unión Europea carezca de capacidad de acción colectiva ante esta crisis sanitaria. No será por falta de instituciones. El único apoyo que ha recibido España, hasta donde ha salido en la prensa, provino de la OTAN. Y España misma tampoco ha apoyado a ningún otro que sepamos. Esperemos que en el manejo de las consecuencias económicas, la UE muestre un poco más de fortaleza constitucional. Conclusión Los tres problemas mencionados son de índole muy distinta, lo que queríamos mostrar aquí. Los problemas técnicos permiten lógicamente buscar una solución óptima. Luego habrá quizá incertidumbres, insuficiencia de datos, variaciones en el tiempo, etc., que dificultarán precisar ese óptimo totalmente. Pero el trabajo sobre estos problemas permite</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/el-nivel-y-el-tipo-de-los-problemas-en-la-crisis-del-coronavirus/">El nivel y el tipo de los problemas en la crisis del coronavirus</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>El papel de los medios: la comunicación oficial y no oficial en la crisis del coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Apr 2020 00:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Huella digital]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Benavides]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La primera pandemia mundial del siglo XXI se produce en un momento no solo de alto desarrollo tecnológico, sino también en una sociedad sobreinformada a través de una gran oferta y diversidad de medios y redes de comunicación. El público recibe a diario múltiples informaciones, no siempre reales, contrastadas o coincidentes con las que se transmiten por los canales oficiales, cuestionados por limitar el derecho de los periodistas a preguntar. &#160; Juan Benavides, Catedrático de Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Comité de Expertos del Seminario Permanente&#160;“La huella digital: ¿servidumbre o servicio?” nos habla del papel de los medios de comunicación convencionales y no convencionales en la crisis del coronavirus. &#160; &#160; ¿Cómo calificaría el tratamiento de la información de la pandemia en los medios de comunicación? ¿Se puede decir que la superabundante información real supera todas las ‘políticas’ y ‘estrategias’ de información y que la pandemia supone el retorno en masa de la complejidad, que no se puede encuadrar en ningún traje ideológico preconcebido? En los medios de comunicación se observaba en los últimos cuatro o cinco años un retroceso a la antigua Teoría de la Agencia, según la cual el objetivo del medio era el control absoluto de la información: conseguir que las personas hablaran de lo que al medio o a sus protectores políticos les interesaba. De ahí el protagonismo de determinadas posturas, opiniones y enfoques -puramente ideológicos-, que hacían del panorama mediático algo controlado fundamentalmente por los poderes políticos. Con la explosión de la pandemia se ha producido una situación nueva. Por un lado, los medios públicos (TVE y las televisiones autonómicas) han procurado aumentar la información sobre la pandemia hasta el exceso; y, por otro lado, los mismos intentan en lo posible que las noticias no controladas que aparecen continuamente en otros formatos (a los que tiene acceso toda la ciudadanía) sean explicadas, en su caso rechazadas con energía, o simplemente silenciadas. Esta situación extrema el posicionamiento de unos medios, -más bien progubernamentales-, frente a otros. Sin embargo, esta difícil convivencia ha durado apenas dos semanas. Las redes sociales han multiplicado la información hasta tal extremo que han pulverizado la información pública sobre la pandemia e incluso la han cuestionado a todos los niveles (especialmente en su veracidad y transparencia). Esta situación es nueva y muy interesante. Por el lado oficial, se repiten los mensajes en el sentido de la unidad frente a un enemigo externo ante el cual el gobierno es una víctima más. El problema es que este tipo de información es muy plana, su reiteración no ayuda y tiene un tiempo muy corto de credibilidad. Al mismo tiempo, los diferentes formatos han multiplicado de tal forma la información que la pandemia se asocia a muchos otros factores, -ocultados en su origen por la información oficial-, que pueden resultar claves para comprender lo que sucede: falta de material sanitario, saturación de los servicios sanitarios públicos, fallecimientos de personal sanitario, comportamiento de los ciudadanos, vídeos con opiniones divergentes sobre los contagios y la propia enfermedad, son objeto de debates reproducidos en radio, televisiones, otros formatos. Circunstancias que han llevado a determinadas acciones ciudadanas espontáneas que expresan otros contenidos e intenciones, nada controladas por los propios medios tradicionales, pero que éstos no tienen más remedio que asumir. Estas nuevas circunstancias rompen la comunicación oficial, pueden generar descrédito sobre lo que dice el gobierno (en la medida en que lo confunden y le hacen cometer contradicciones o desenmascarar sus propias intenciones informativas no siempre claras) y especialmente construyen en la conciencia del ciudadano una forma totalmente nueva de comprender lo que sucede en tiempo real. Sin duda esta nueva situación diluye la información ideológica, aunque genera una situación de incertidumbre. Desconozco su duración y especialmente sus consecuencias a nivel social. En efecto lo que realmente está pasando es que los emisores mediáticos (especialmente convencionales) han perdido el control de la información. Se están generando nuevos modelos comunicativos que nos hacen pensar en una posible nueva forma de comunicación social que los poderes públicos no pueden controlar, y que sitúan al ciudadano y a los propios medios de comunicación en una situación nueva de la que habrá que observar en sus consecuencias en el medio plazo. Aun así, querría hacer un comentario sobre el tratamiento de los medios en las ruedas de prensa oficiales de estos días: ¿Cómo es posible que se medien las preguntas y se seleccionen los medios por parte de los informadores oficiales, y no aparezcan las preguntas de los medios no afines al gobierno? ¿Tan pillado se encuentra el propio gobierno por sus errores para hacer esto? Porque, en efecto, esta última referencia puede llevarnos a pensar que al gobierno le falta capacidad económica y logística para enfrentarse con los problemas, o le faltan contactos internacionales fiables. Desde ahí, la falta de información o la simple y llana censura están servidas. El debate sobre las disfunciones de los servicios de emergencia hace salir a la luz temas que habitualmente están en segundo plano. Por ejemplo, ¿quién pone el dinero anticipado que se requiere para traer tests de China? ¿Cómo coordinar los pedidos de administraciones autonómicas, que son enanos en los mercados de estos equipos? Estas cuestiones se plantean siempre, no sólo ahora; pero ahora salen a la luz. Esto ¿puede tener un efecto educativo de los consumidores de información? Efectivamente ahora salen a la luz estas disfunciones por lo que acabo de comentar. Las disfunciones de los servicios de emergencia han sido dadas como críticas por muchas de las fuentes utilizadas y han obligado a la información pública a tener en cuenta unos contenidos que probablemente no tenían intención inicial de utilizar por lo que suponen de descrédito o pérdida de credibilidad para los actuales gobernantes. Por eso mismo la información oficial ha tenido que reconocer el problema de improvisación y falta de prevención. Los medios afines al gobierno lo han tenido que reconocer e incluso lo han utilizado como argumentario de lo que supone la pandemia; pero</p>
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		<title>El síndrome de Down en la epidemia de Coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús Flórez Beledo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2020 08:24:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[Síndrome de Down]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota previa. Las reflexiones que siguen sólo se refieren a las situaciones especiales o de extrema gravedad, en las que el paciente ha de estar ingresado y sometido a cuidados especiales que requieren una atención permanente y, con frecuencia, de alta complejidad instrumental y profesional, como son las Unidades de Cuidados Intensivos. En la actual situación epidémica española, debido al elevado número de personas contagiadas con Coronavirus CoVID-19, podría llegarse a una situación límite de recursos humanos y materiales; es decir, que la provisión de esos servicios a una persona podría llegar a suponer la falta de provisión a otras. Dicho duramente, el rescate de una persona podría implicar la muerte de otra. Obviamente esto nos lleva a la evaluación ética de cada situación. No somos expertos en bioética y hay comités muy especializados en los hospitales que están analizando este tema con enorme dedicación y profesionalidad. Nos centramos ahora exclusivamente en el análisis de la persona con síndrome de Down en una posible situación de extrema gravedad o de necesidad de atención y vigilancia clínica intensivas. Mencionar «síndrome de Down» en la actual sociedad despierta de inmediato una reacción hipersensibilizada. Tememos que cualquier actuación nuestra sea interpretada como discriminatoria y condenada socialmente en los medios de comunicación. Ciertamente, el síndrome de Down como tal y globalmente considerado es una entidad de riesgo ante un proceso infeccioso debido a su propia trisomía que, como es bien sabido y documentado, resta capacidad de resistencia inmunitaria. A ello se añade la circunstancia de las comorbilidades, muy diferentes en localización e intensidad según cada individuo; algunas de ellas deben ser tenidas en cuenta en esta pandemia que conlleva una marcada afectación respiratoria. Pero esto no es razón para que deba ser considerado como elemento discriminatorio; es decir, no debe llevar por sí mismo a tomar la decisión de negar un tratamiento. La toma de decisiones debe fundamentarse en razones clínicas y técnicas, como a cualquier otro paciente con discapacidad intelectual, teniendo en cuenta que en la discapacidad intelectual existen muy diversos niveles. En definitiva, desde un punto de vista ético y humano, no se debe considerar el síndrome de Down en sí mismo como motivo de discriminación a igualdad de situación clínica respecto otra persona que no tenga síndrome de Down. Pero al mismo tiempo, debemos evitar una discriminación positiva por el otro extremo, y no caer fácilmente en la consideración de que una persona con síndrome de Down debe tener preferencia por encima de otras personas en igualdad de condiciones clínicas en términos médicos. A efectos de déficit intelectivo, es conveniente plantearnos que la respuesta de una persona con esta condición, con cierta probabilidad, no va a ser la misma que la de una persona sin discapacidad intelectual. Concretando en este sentido, su tolerancia a un ámbito de Unidad de Cuidados Intensivos, su capacidad de compresión de órdenes y adaptación a su situación clínica y de la necesidad de recibir un tratamiento específico “invasivo” (instrumental, monitorización, ventilación asistida, incluso posible necesidad de contención mecánica terapéutica…), su capacidad para expresar sus necesidades (dolor, malestar, etc.), pueden ser menores. Y todo lo anterior asociado a posibles reacciones emocionales y conductuales que pueden obligar a una atención mucho mayor que, quizá, no es posible exigir con el grado de demanda sanitaria actual en términos de recursos humanos y materiales. Junto a ello, y ya en relación directa con el síndrome de Down, está la necesidad de que los profesionales conozcan la naturaleza anatómica de las vías respiratorias, la especial problemática de la columna cervical a la hora de forzar posturas del cuello, la hipotonía, la termorregulación, etc. Todas estas cuestiones habrán de ser incorporadas en la evaluación ética necesaria para decidir el ingreso en la UCI de una persona concreta con síndrome de Down en las actuales circunstancias de la epidemia. No la simple etiqueta de síndrome de Down, sino la realidad de esa persona en su totalidad: condiciones físicas/médicas e intelectuales. Y cuando se habla de lo intelectual, no es para que rechacemos a una persona porque su capacidad cognitiva sea menor (eso sí sería discriminatorio), sino porque puede hacer especialmente difícil el atenderla en las actuales condiciones precarias, a costa de impedir la atención a otras personas igualmente necesitadas de servicios y con los mismos derechos a recibirlos. Es conveniente, en la situación actual, tomar conciencia en términos de justicia distributiva de lo que se entiende por equidad eficiente: la conveniencia de administrar responsablemente en todo momento los recursos para el mayor bien del mayor número de personas y al uso responsable de los medios humanos y materiales disponibles y limitados. Mª Carmen OrtegaMédico Especialista en PsiquiatríaHospital 12 de Octubre, Madrid</p>
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		<title>Bioética y COVID-19</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2020 16:35:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No cabe duda de que estamos viviendo momentos excepcionales a causa de la crisis generada por el COVID-19. No vamos a insistir en ello. No hay más remedio que hacer triaje. Esta práctica no nace ahora, siempre se ha hecho en este tipo de calamidades, aunque la opinión pública tal vez no fuese muy consciente de ello. Es de agradecer, por eso, que se haya dado a conocer en los medios de comunicación, no para meter miedo a nadie, no para desconfiar de nuestros profesionales, no para generar polémicas, sino porque un principio básico de la Bioética es la trasparencia. Lo dramático y excepcional de la situación obliga a extremar el rigor y la sensibilidad ética en la toma de decisiones. Los principios, las normas y los valores éticos sobre los que se asienta nuestra sociedad tienen que estar presentes en cada decisión, por difícil y estresante que sea lo que cada profesional sanitario esté viviendo. Alguno puede echar de menos ahora una mejor formación y un mayor entrenamiento en Bioética. Esta, sin duda, será una lección para el futuro. Pero ahora hay que extremar la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Nos ayudan a todo ello estos tres documentos: Mucho más concretas y pragmáticas son las Recomendaciones sobre la infección por SARS-COV-2 para profesionales sanitarios implicados en el tratamiento de pacientes oncológicos, elaboradas por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). &#160;</p>
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		<title>La ceguera y el coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Francisco Javier Barón Duarte]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2020 22:07:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No se asusten. Bastantes sustos tenemos ya como para añadir otro más. El coronavirus no produce ceguera. Un compañero de Oncología de un importante hospital madrileño me lo ha confirmado. Yo le argumentaba que, en realidad, el coronavirus nos ha quitado la ceguera blanca (por la bata blanca de los médicos y sanitarios; y por el aurea de la sociedad tecnológica avanzada). En uno de sus libros más conocidos, su novela Ensayo sobre la ceguera, publicada en 1995, el premio Nobel José Saramago realiza una sutil crítica de una sociedad empobrecida moralmente. Describe al principio los primeros infectados por el extraño virus de la “ceguera blanca”, encerrados en campos de reclusión ante el pánico generalizado. Solo la mujer del médico “ve la realidad” e intenta cambiar el caos generado por el miedo y egoísmo. Mi compañero de Madrid me confirma lo que están haciendo los Servicios de Oncología de toda España: anular revisiones redundantes y evitables, aquilatar mejor los tratamientos antineoplásicos, muchos de ellos caros y algunos al final de la vida tóxicos e inútiles, evitar pruebas diagnósticas costosas que no cambian la actitud terapéutica y poner “sentidiño” a la práctica asistencial (“más” no siempre es “mejor” y a veces incluso es “peor” porque genera un daño evidente y cuantificable). Las autoridades sanitarias reconocen que hay que tomar decisiones priorizando y limitando para el bien común. La ceguera es pensar que esto solo debemos hacerlo en tiempos de pandemia y no en tiempos “normales”. El sistema sanitario es insostenible por la ceguera de los tiempos normales. Porque como me decía el colega de Madrid: compañero, cuando pase el coronavirus volveremos a estar ciegos… Ojalá que no, que aprendamos la lección que la vida nos está dando.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/la-ceguera-y-el-coronavirus/">La ceguera y el coronavirus</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>La fe como paraguas en plena tormenta por el coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 21:58:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En medio de la tormenta coronavirus,&#160;los cristianos pueden ser una semilla de paz ante el alarmismo social.&#160;Así, para distintos representantes de la pastoral socio-sanitaria consultados por Vida Nueva, los creyentes deben aportar un testimonio de tranquilidad y esperanza. Publicado en Vida Nueva &#160; &#160;</p>
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		<title>Protocolo de la Fundación Pablo VI ante la crisis del coronavirus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 20:52:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con motivo de la crisis sanitaria generada por el COVID-19 en todo el mundo y, particularmente, en España, la Fundación Pablo VI tiene paralizada desde el pasado 11 de marzo toda actividad académica y formativa de carácter presencial, hasta que finalice la situación de alarma en nuestro país. No obstante, por recomendación de las autoridades sanitarias y por responsabilidad, poco menos de medio centenar de opositores de nuestras residencias masculina y femenina Pío XI y León XIII y del Colegio Mayor Pío XII han decidido quedarse en Madrid para evitar la expansión del virus a sus Comunidades Autónomas. Para ellos, la Fundación Pablo VI mantiene unos servicios mínimos de personal de limpieza, mantenimiento y cocina (menos de un 50%), evitando la asistencia de las personas que tienen mayor vulnerabilidad por edad o patologías previas. El 90% del personal de oficina se encuentra teletrabajando. Asimismo, se está reforzando el material de protección especial para los trabajadores de estos servicios mínimos, que esperamos ir ampliando en la medida en que estén disponibles las existencias en el mercado. Desde la Fundación Pablo VI hacemos un llamamiento a la responsabilidad para evitar más contagios y el colapso del sistema sanitario, y también a la serenidad y el sosiego, con la esperanza de que pronto se restablecerá una situación que nos llama a trabajar juntos en la búsqueda del bien común.</p>
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		<title>Se cancela el II Programa de Liderazgo Iberoamericano como medida de contención del Coronavirus</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2020 16:17:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[II Programa Liderazgo Iberoamericano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por cumplimiento de las medidas de contención establecidas por el Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid queda suspendido en adelante el II Programa de Liderazgo Iberoamericano de la Fundación Pablo VI, así como toda la actividad formativa y académica de la institución durante los próximos 15 días. Quedamos a la espera de las indicaciones de las autoridades sanitarias y confiamos en el pronto restablecimiento de la normalidad.</p>
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		<title>Coloquio sobre “El futuro del trabajo” con José María Fidalgo, Beatriz de la Higuera y Guillermo Sandoval</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Mar 2020 07:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>ATENCIÓN: Por cumplimiento del protocolo de contención marcado por el Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid,&#160;se cancela el coloquio sobre&#160;“El futuro del Trabajo”&#160;en la Fundación Pablo VI. Disculpen la molestia y esperamos poder recuperar la normalidad lo antes posible. &#160; Unos 7 millones de empleos se habrán perdido a lo largo de este año. La revolución tecnológica, ya conocida como la cuarta revolución industrial, está generando una transformación profunda, no sólo en los tipos de trabajo que desaparecen por otros que se crean, (3 millones en los próximos 10 años, según algunos estudios) sino en la forma en la que los seres humanos nos relacionamos. Yuval Harari, filósofo y profesor de historia de la Universidad Hebrea de Israel define el cambio como el paso de la era de la explotación a la era de la irrelevancia del ser humano. Una masiva robotización podría terminar beneficiando a unos pocos y derivar en la creación de una clase social “inútil”. Por eso, es necesario hoy más que nunca reflexionar y trabajar en un modelo de economía que ponga a la persona en el centro.&#160; “El futuro del trabajo” y la forma en la que la revolución tecnológica está cambiando la concepción de las relaciones humanas y económicas será precisamente el tema del coloquio que tendrá lugar el próximo 17 de marzo, a las 19 horas, en la Fundación Pablo VI, con la participación de José María Fidalgo, exsecretario general de Comisiones Obreras; Beatriz de la Higuera, gerente de Deloitte España; y Guillermo Sandoval, periodista, investigador de la Universidad Católica Silva Henríquez, de Chile y autor del libro sobre las relaciones económicas “Las manos humanas son las manos de Dios”, editado en Chile por la Fundación Konrad Adenauer El coloquio que estará moderado por Fernando Fuentes, subdirector de la Fundación Pablo VI, está patrocinado por la propia Fundación Konrad Adenauer, vinculada a a la Unión Demócrata Cristiana para la promoción de los principios de libertad, justicia y solidaridad. &#160; &#160;</p>
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		<title>Cuestiones éticas ante la crisis del coronavirus</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Feb 2020 21:05:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La tentación más común en muchos medios, estos días, pasa por hacernos creer que un nuevo fantasma recorre el mundo: el coronavirus de Wuhan. En un mundo en que la difusión global del alarmismo ha conquistado la inmediatez, lo desconocido, lo externo y lo incierto pasan a primer plano sin muchos filtros.&#160; Se descartan, sin embargo, otras aptitudes más sensatas y más propias de las circunstancias, que deben gobernar y perfilar la respuesta oficial de las autoridades sanitarias y de los profesionales de la salud pública. Es en la tensión entre esas fuerzas donde posiblemente encontremos luz para tratar las cuestiones éticas que esta epidemia ha suscitado. El pasado 31 de diciembre la Organización Mundial de la Salud (OMS) registraba una serie de casos de neumonía de causa desconocida detectada en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, China. Un nuevo coronavirus, al que ahora se le conoce como SARS-CoV-2, se identificaba con ese brote epidémico, ya acuñado como COVID-19. Enero y febrero han sido, a nivel internacional, meses de intensa actividad en torno a este brote, que se cobra ya casi 3.000 fallecidos, principalmente en China, entre los más de 80.000 casos confirmados a 27 de febrero. Aunque ya se tiene una imagen un poco más nítida de la evolución del brote, de los mecanismos de transmisión y hasta de su R0 (el número de reproducción, que describe la intensidad de una enfermedad infecciosa), aún son muchas las incógnitas sobre esta epidemia y muchas las cuestiones sobre las que trabajan no sólo las autoridades sanitarias, sino miles de profesionales de la salud en todos los centros de vigilancia epidemiológica del mundo. Más allá de lo que se cuestiona aún desde el punto de vista científico o, si se quiere, desde la gestión clínica, también hay interrogantes éticos en torno a muchas de las circunstancias de las que estamos siendo testigos en los medios. ¿Es lícito, desde el punto de vista ético, acordonar una ciudad de once millones de habitantes? ¿En base a qué principios se declara en cuarentena el Diamond Princess atracado en Yokohama (Japón), con más de 4.000 personas a bordo – o acaso un hotel en Tenerife? ¿Cómo se explican el arresto –y la desaparición– de periodistas que han hecho eco de ciertas prácticas de contención al parecer gestionadas por el gobierno chino? ¿Podemos confiar en las cifras oficiales de incidencia de la enfermedad o las tasas de mortalidad que se han registrado en China, mientras contemplamos un cierre inmediato de fronteras? ¿Es en cualquier caso moralmente aceptable propagar el miedo a la población cuando se persigue la prevención y el control? El brote sin precedentes, hace unos años, de la enfermedad por el virus del Ébola (EVD) en África occidental nos apuntaba, ya entonces, cómo las enfermedades transmisibles o infecto-contagiosas son una amenaza real que ponen al descubierto la vulnerabilidad global y la necesidad de una mejor coordinación y respuesta. Una comisión liderada entonces por la Academia Nacional de Medicina estadounidense concluía que no se tiene suficiente conciencia del riesgo que suponen las pandemias, posiblemente la parte más descuidada de la seguridad global, destacando cómo la seguridad global en salud constituye, sobre todo, un bien público de vital importancia. Mayor transparencia en la gestión sanitaria Para mejorar la preparación y la respuesta ante una pandemia es fundamental, en primer lugar, que la comunidad internacional preste atención a las «lecciones aprendidas» que se han ido registrando en la historia reciente: en la crisis del virus del Ébola; con el brote SARS (síndrome respiratoria agudo grave) de 2003; con el brote de MERS-CoV (síndrome respiratorio de Oriente Medio) de 2012 y hasta con la pandemia H1N1 de 2009. De esas lecciones, cabe destacar lo importante que es comprometerse a mejorar los sistemas de salud en todo el mundo, mejorar la transparencia en la gestión de las autoridades sanitarias, abordar las deficiencias en los reglamentos sanitarios internacionales (RSI), continuar reduciendo las desigualdades sociales en la salud mundial y fortalecer los mecanismos de respuesta y control a un brote global o a una pandemia. En todas estas propuestas se adivinan compromisos internacionales con un enorme componente ético y una planificación cuidadosamente articulada para equilibrar los intereses individuales y comunitarios que potencialmente podrían verse en conflicto en situaciones de crisis. En los años 2014 y 2015, en plena epidemia del virus del Ébola, no se disponía de ninguna vacuna aprobada, y el aislamiento y la cuarentena se usaron ampliamente para reducir la transmisión de EVD en África occidental. Un ejemplo es el caso de la aldea de Sella Kafta en Sierra Leona, donde toda la población (unos 1.000 habitantes) fue puesta en cuarentena durante 3 semanas tras el fallecimiento de una mujer infectada con el virus del Ébola. En esa ocasión, las medidas de cuarentena incluyeron un toque de queda – impuesto por la policía y los militares – en el que a las personas no se les permitía salir de casa. La puesta en práctica de cordons sanitaire o cuarentenas y el uso de medidas restrictivas como cierres de fronteras, ha despertado ciertas cuestiones éticas. Ocurrió en Canadá hace unos años, con la epidemia de SARS, y está ocurriendo estos días con el brote de COVID-19. No cabe duda de que cada situación crítica trae características específicas, condicionadas no sólo por la identidad del germen patógeno responsable y la evolución del brote epidémico, sino también por las condiciones geográficas, políticas y socio-culturales donde el brote surge y se propaga. Efectivamente, no es lo mismo un brote causado por un virus que se transmite de persona a persona a través de gotitas respiratorias y entre contactos cercanos (a menos de 1,8 metros) – como es el caso del coronavirus (SARS-CoV-2) o de la gripe –, que un brote cuya transmisión necesita acceso directo o intercambio de fluidos corporales – como el VIH o la hepatitis. Factores como la tasa de mortalidad o poblaciones de riesgo y grupos más vulnerables tienen también que conjugarse en la ecuación de toma de decisiones</p>
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