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	<title>CRISPR archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>CRISPR archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>Edición genética de embriones humanos con eficiencias de dos dígitos</title>
		<link>https://fpablovi.org/edicion-genetica-de-embriones-humanos-con-eficiencias-de-dos-digitos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[admin&nbsp;and&nbsp;Dr. Lluís Montoliu]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 14:29:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Embriones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el campo de la edición genética había un rumor en el ambiente, desde hace por lo menos seis meses, sobre la existencia de dos manuscritos preparados desde dos laboratorios referentes que habían aplicado, con sorprendente éxito, los editores de bases (las herramientas CRISPR de edición genética de segunda generación) para editar el genoma de embriones humanos, de forma eficaz, con eficiencias de dos dígitos y sin apenas efectos colaterales no deseados. Con ello se volvería a poner sobre la mesa la posibilidad, cada vez tecnológicamente más cercana, de editar genéticamente embriones humanos. Sin embargo, seis meses después de aparecer aquel rumor seguíamos sin saber nada de los dos manuscritos. Hasta esta semana pasada, el 5 de junio, en la que, de forma inesperada, la revista Nature ha decidido comentar uno de estos dos artículos científicos, que finalmente ha sido depositado en el servidor de preprints bioRxiv, proveniente del laboratorio de Dieter Egli (Columbia University, New York, EE.UU.). Este comentario en la revista Nature aparece tras un artículo publicado sobre este mismo tema por el divulgador científico Carl Zimmer en el periódico The New York Times, el pasado 4 de junio. Del otro artículo, seguimos sin saber nada todavía, aunque el rumor anticipa resultados similares a los obtenidos por Egli.  Se volvería a poner sobre la mesa la posibilidad, cada vez tecnológicamente más cercana, de editar genéticamente embriones humanos. Lo primero que hay que recordar es que en el servidor de preprints bioRxiv se depositan manuscritos que todavía no han sido revisados por pares. Pero que pueden comentarse abiertamente desde la comunidad científica, como hace Nature. Incluso siendo esta revista una de las posibles destinatarias donde puede que acabe finalmente publicado este trabajo. No deja de ser inaudito este giro de guion. El laboratorio del investigador Dieter Egli en su día fue uno de los laboratorios que alertó sobre el uso de las herramientas CRISPR-Cas9 de primera generación en embriones humanos, por la gran cantidad de modificaciones no deseadas que ocurrían en otras partes del genoma, y por el gran número de anomalías cromosómicas que se detectaban. Aquel trabajo, que se publicó en la revista Cell en 2020, apareció dos años después del desafortunado experimento de He Jiankui, responsable de la edición genética de tres niñas chinas, los primeros seres humanos nacidos con su genoma editado, no solo en el gen seleccionado (aunque de forma distinta a los cambios planeados) sino en otros lugares del genoma, con consecuencias imprevisible. Ese trabajo (y otros similares que se publicaron por las mismas fechas) nos recordaban que todavía no estaban listas las herramientas CRISPR de primera generación para ser aplicadas con seguridad y eficacia sobre embriones humanos. Que no era prudente usarlas sobre embriones humanos.   Sin embargo, seis años después, el paisaje parece haber cambiado. El nuevo manuscrito de Egli aplica editores de bases (en particular los denominados ABE, capaces de cambiar una A por una G en posiciones específicas de un gen) en embriones humanos redundantes, derivados de procesos de fecundación in vitro en clínicas de reproducción asistida, sobre dos genes con trascendencia biomédica: PCSK9 y HBG1/HBG2. El primero permite reducir la cantidad circulante de colesterol tras inactivarlo. Los segundos son los genes de las beta-globinas de adultos, componentes de la hemoglobina, y que aparecen frecuentemente mutados en enfermedades muy graves de la sangre como son la anemia de células falciformes y la beta-talasemia. Los resultados obtenidos son muy buenos, con una edición eficaz pero sin la presencia de anomalías cromosomales ni de grandes deleciones como se detectaban con el uso de las herramientas CRISPR de primera generación. Los investigadores siguen detectando alguna inserción o deleción puntual, de forma muy limitada, y las modificaciones en otras partes del genoma dependen siguen dependiendo de la guía de ARN que se utilice. Las eficiencias que obtienen son notables, al analizar una biopsia en blastocistos (unas pocas células, llamadas blastómeros) de los embriones microinyectados con estos editores de bases. El 76% de los blastómeros analizados tenían la modificación homocigota (en las dos copias del gen) planeada en el gen PCSK9, mientras que las mutaciones planeadas aparecían en el 52% con el gen HBG1 y en el 68% con el gen HBG2, porcentajes de éxito de dos dígitos nunca antes vistos en embriones de mamíferos, tampoco en humanos! Este es un trabajo con resultados sorprendentes que, sin embargo, alberga un peligro latente. El problema de este estudio, ciertamente interesante, es que haya alguien que decida aplicar esta técnica sobre embriones humanos obtenidos por fecundación in vitro para corregir determinadas mutaciones, derivadas de sus progenitores portadores, para luego implantar el embrión editado y esperar el nacimiento de un niño o una niña sin la patología. Sin embargo, estamos lejos todavía de ese supuesto horizonte. En parte porque en el mejor de los casos estos niños que nacerían serían mosaicos, con un porcentaje imprevisible de sus células aparentemente bien corregidas, con reducidos cambios no deseados, pero seguirían presentando la mutación en una fracción variable de sus células. Y sin olvidarnos de que esta última fase (implantación, gestación y nacimiento) sigue estando prohibida en la mayoría de países, en particular en aquellos que, como España, firmaron el convenio de Oviedo de 1997, que impide la modificación genética de nuestra descendencia. Estos niños que nacerían serían mosaicos, con un porcentaje imprevisible de sus células aparentemente bien corregidas, pero seguirían presentando la mutación en una fracción variable de sus células. Naturalmente, las críticas no se han hecho esperar. El más contundente ha sido el investigador y pionero en edición genética Fyodor Urnov (Universidad de California, Berkeley) que ha dicho irónicamente que este manuscrito de Egli ilustra «una solución en busca de un problema«, recordando que efectivamente antes de pretender editar genéticamente un embrión existen técnicas mucho más sencillas y recomendables, como es la selección de embriones tras el diagnóstico genético preimplantacional, con una biopsia (una o pocas células de un blastocisto) de cada embrión para encontrar el que no sea portador de la mutación para implantarlo. Esta es una</p>
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		<title>No hay todavía tratamientos para el Síndrome de Down, tan solo propuestas experimentales</title>
		<link>https://fpablovi.org/no-hay-todavia-tratamientos-para-el-sindrome-de-down-tan-solo-propuestas-experimentales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dr. Lluís Montoliu]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 08:14:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Síndrome de Down]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un año después, otro equipo de investigadores acaba de publicar una nueva propuesta experimental para diseñar un futuro tratamiento para el síndrome de Down. En este caso la idea es diametralmente distinta, no se plantean eliminar la copia supernumeraria del cromosoma 21. Lo que plantean es silenciarla. En el mes de febrero de 2025 conocimos&#160;una propuesta experimental&#160;para combatir, en células en cultivo, la trisomía que es característica de las personas con síndrome de Down. Aquella propuesta, derivada de un&#160;equipo de investigadores japoneses, planteaba usar las herramientas CRISPR de edición genética para cortar específicamente en muchos pedazos específicamente uno de los tres cromosomas 21 en células derivadas de personas con síndrome de Down. Aquellos investigadores plantearon aprovechar el hecho cierto de que las dos copias del cromosoma 21 que tenemos todos (una heredada del linaje materno y otra del linaje paterno) son muy similares, pero no son genéticamente idénticas. Aprovechando estas diferencias a lo largo de uno de los tres cromosomas el citado estudio demostraba que podía acabar con la trisomía, disolviendo uno de los cromosomas, y dejar una célula solo con dos copias del cromosoma 21. Aquella idea, sensiblemente agresiva, no estaba exenta de riesgos. Para cada uno de los múltiples complejos CRISPR que planeaban usar existía la posibilidad de que cortaran en otros sitios del genoma, en otros cromosomas. Al multiplicar los sitios de corte también se multiplicaban los riesgos. El experimento se había realizado solamente en células madre inducibles y en fibroblastos derivados de biopsias de personas con síndrome de Down. Aquello ciertamente no era todavía un tratamiento,&#160;era tan solo una propuesta experimental&#160;todavía muy alejada de llegar a la clínica y de ser empleada sobre personas con síndrome de Down. Faltan todavía más evidencias experimentales en células, seguidas de pruebas en modelos animales y, finalmente, de algún ensayo clínico con personas que permitiera validar la seguridad y la eficacia de la propuesta, en este orden. Un año después, en este mes de abril, otro equipo de investigadores,&#160;estadounidenses esta vez, acaba de publicar una nueva propuesta experimental para diseñar un futuro tratamiento para el síndrome de Down. En este caso la idea es diametralmente distinta, a la vez que muy elegante e innovadora. Estos investigadores no se plantean eliminar la copia supernumeraria del cromosoma 21.&#160;Lo que plantean es silenciarla. En otras palabras, las células con la característica trisomía del cromosoma 21 seguirían teniendo tres copias del cromosoma 21, pero una de ellas estaría inactivada, silenciada. A efectos prácticos sería como si la célula solo tuviera dos cromosomas 21, porque el tercero no sería funcional. La innovación reside en cómo piensan inactivar específicamente uno de los tres cromosomas 21. Su idea es usar el gen&#160;XIST, que está ubicado en el cromosoma X y es el responsable de iniciar y mantener el silenciamiento, la inactivación de uno de los dos cromosomas X en todas las células de las hembras de mamíferos, también claro en las células de personas de sexo femenino (XX). Esta es una idea transformadora y original. Trasladar un gen que es responsable de inactivar una de las dos copias del cromosoma X a uno de los tres cromosomas 21 para inducir su apagado. Para la inserción del gen&#160;XIST&#160;en el cromosoma 21 también plantean usar las herramientas CRISPR, optimizadas con toda una retahíla de compuestos adicionales encaminados a aumentar la eficiencia y especificidad del proceso. El gen&#160;XIST, cuyo producto es una molécula de ARN de gran tamaño, es el responsable de silenciar el cromosoma en el cual está, pero solamente cuando se activa. Por ello, para regular todo el proceso, los investigadores transfirieron el gen&#160;XIST&#160;del cromosoma X a uno de los cromosomas 21 junto con&#160;un sistema de encendido regulable, inducible por pequeñas moléculas, que podían activar externamente, en células en cultivo, para que empezara a silenciar uno de los cromosomas 21 cuando quisieran los investigadores. El sistema ha funcionado relativamente bien. De nuevo solamente en células en cultivo: ni en animales ni en personas. Lo que han visto estos investigadores es que la eficiencia del proceso es variable, según qué tipo de células usen. Lo cual sugiere que con la gran diversidad de células que hay en el cuerpo (en una persona con síndrome de Down todas sus células son trisómicas) no en todas ellas se conseguiría, por el momento, silenciar una de las tres copias del cromosoma 21 con igual eficacia. Esta segunda propuesta tampoco está exenta de riesgos. El gen&#160;XIST&#160;puede acabar integrándose en otro cromosoma, y promover su inactivación, lo cual generaría un problema adicional al que se intenta solucionar. O puede que el sistema inducible para activar el gen XIST no funcione, que o bien se quede permanentemente activado o apagado. Son muchas todavía las preguntas sin respuesta que se acumulan ante esta novedosa segunda propuesta experimental que tampoco todavía la podemos considerar un tratamiento. De nuevo el horizonte terapéutico se intuye lejano. El síndrome de Down no es una enfermedad. Es una condición genética.&#160;Las personas con síndrome de Down nacen con una configuración cromosómica distinta al resto de las personas, con una tercera copia del cromosoma 21. Esta trisomía conlleva que los genes que viajan en ese cromosoma funcionen más de la cuenta, hay tres copias de cada gen, en lugar de las dos que deberían tener. Esa anomalía cromosómica está asociada a toda una serie de alteraciones motoras, cognitivas, morfológicas y fisiológicas, que afectan a muchos órganos del cuerpo, y cuyos síntomas pueden ser tratados médicamente por separado, incluso a veces requiriendo alguna operación quirúrgica para resolver problemas cardíacos, gastrointestinales, respiratorios u ortopédicos. Por lo tanto, para diseñar un “tratamiento” para el síndrome de Down deberíamos tener en cuenta que debe ser posible llegar a todas las células del cuerpo, pues todas ellas habitualmente van a presentar la trisomía de su cromosoma 21. Alternativamente, se puede intentar focalizar el tratamiento en un órgano o un tejido, esperando no tanto revertir las alteraciones sino más bien detener el deterioro progresivo de esas células. ¿Cómo llevar las herramientas CRISPR de las dos propuestas hasta las</p>
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		<title>Todos para uno y uno para todos</title>
		<link>https://fpablovi.org/todos-para-uno-y-uno-para-todos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dr. Lluís Montoliu]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 15:10:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Terapias avanzadas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A propósito de las terapias avanzadas de un solo paciente El mítico lema bajo el que vivían los mosqueteros Athos, Porthos y Aramis, junto a D&#8217;Artagnan, salidos de la fecunda imaginación del gran Alejandro Dumas, una frase que ha quedado como el mensaje más famoso de su novela Los tres mosqueteros, me sirve para titular esta reflexión sobre las terapias avanzadas de un solo paciente («todos para uno») y lo que pueden estas limitadas terapias aportar al conjunto de pacientes con una determinada enfermedad («uno para todos»). Acabamos de conocer a través de la mayoría de medios la noticia acerca del importante avance científico, publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine, logrado por el médico cardiólogo e investigador Kiran Musunuru, de la UPENN, y la médica pediatra Rebecca Ahrens-Nicklas y sus colegas del Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP), sobre una terapia experimental basada en editores de bases (que son la segunda generación de herramientas CRISPR de edición genética, diseñadas por David R. Liu en 2016), desarrollada en un tiempo récord para tratar a un solo paciente, un niño nacido con mutaciones en el gen CPS1, que codifica la enzima carbamoil fosfato sintetasa I. Las mutaciones en este gen resultan en una deficiencia en esta enzima, CPS1D, una enfermedad rara metabólica y muy grave que afecta a ~ 1:300.000 recién nacidos y está asociada a un ciclo de la urea alterado. El bloqueo se traduce en problemas para eliminar el amonio del cuerpo, dando lugar a una variedad de patologías y alteraciones neurológicas, tales como letargia, vómitos, hipotermia, crisis epilépticas y coma, causadas por esta toxicidad del amonio (hiperamonemia), que generalmente acaba con la muerte de aproximadamente el 50% de los recién nacidos con esta condición genética. Esta enfermedad no está incluida en el cribado neonatal (prueba del talón) mínimo indicado por el Ministerio de Sanidad en España. Los niños nacidos con esta deficiencia enzimática deben ser tratados inmediatamente con hemodiálisis, restringir su dieta en proteína, aumentar glúcidos y lípidos, y recibir aportes de arginina y citrulina, que son aminoácidos esenciales, y además administrar substancias que ayuden a eliminar el nitrógeno del cuerpo (como por ejemplo el benzoato sódico). A medio/largo plazo, para los niños que sobreviven, la terapia recomendada es el trasplante hepático, que sin embargo no evita las complicaciones neurológicas. Estamos pues ante una enfermedad muy grave, devastadora e incurable. Kiran Musunuru no es un recién llegado en estas técnicas. Su equipo también lideró otro tratamiento experimental con editores de bases para inactivar el gen PCSK9, que codifica el represor del receptor de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), que son las que transportan el colesterol por la sangre, y cuyo efecto terapéutico final es la disminución significativa del colesterol sérico como posible terapia para personas con hipercolesterolemia familiar. Musunuru también escribió un libro explicando el desgraciado experimento realizado por He Jiankui, conocido en noviembre de 2018, que terminó con la edición del genoma de tres niñas chinas. Kiran Musunuru participó en 2024 en una reunión organizada por The Royal Society donde se discutieron las terapias avanzadas basadas en las herramientas CRISPR de edición genética. Adicionalmente, Kiran Musunuru es fundador de una empresa (Verve Therapeutics) que persigue trasladar el uso de los editores de bases a terapias génicas en pacientes. Hay que elogiar a estos médicos e investigadores de Filadelfia por desarrollar este tratamiento basado en editores de bases, personalizado para este niño con CPS1D, poco después de que se diagnosticara al recién nacido y se identificaran las dos mutaciones heredadas de sus padres. Una de las mutaciones podía tratarse con editores de bases ABE (una deaminasa que permite convertir una A en G). Estos científicos plantearon una estrategia terapéutica, la validaron en células y en un modelo animal en ratones, todo ello durante los primeros seis meses de vida del niño, y obtuvieron la autorización de la FDA para su tratamiento experimental compasivo. Con ello pudieron infundir en su torrente sanguíneo nanopartículas lipídicas (LNPs, las mismas que se usaron para las vacunas COVID-19 desarrolladas por Moderna o Pfizer/BioNTech) que encapsulaban dos ARNs, un ARN que codificaba la el editor de bases (proteína ABE) y otro ARN como guía que dirigía la proteína al sitio correcto de la mutación en el gen CPS1. Lo trataron dos veces, a los siete y ocho meses, con una celeridad sorprendente y encomiable. Todo parece indicar que la terapia fue bien, ya que el niño comenzó a tolerar las proteínas en su dieta (antes le resultaban tóxicas) y, aunque sufrió varias infecciones virales no relacionadas con su enfermedad, las superó sin problemas y parece estar a salvo, sin las graves consecuencias que, de otro modo, presentaría debido a su enfermedad rara CPS1D. Por supuesto, se impone la prudencia, dado que pocos análisis se le han podido hacer al niño (no se le ha hecho una biopsia hepática). Se necesita más seguimiento para observar el progreso a medio y largo plazo de este tratamiento. Por ejemplo no se ha podido evaluar la posible modificación de este gen en células germinales (una de las preocupaciones principales de las agencias reguladoras, que sería ilegal en nuestro país, signatario del Convenio de Oviedo, que prohíbe la modificación del genoma de la descendencia), aunque los autores refieren que experimentos similares en ratones y macacos no han logrado detectar ediciones de genes en testículos u ovarios. Así que esperemos y deseemos lo mejor. En estos momentos esta terapia para un solo paciente parece que ha sido un éxito incontestable. Solo hace falta leer la mayoría de comentarios publicados al respecto. Hay que señalar que el órgano diana que es el destinatario de este tratamiento para curar esta enfermedad (el hígado) es el más sencillo y, por el momento, el único que permite terapias con herramientas de edición genética CRISPR administradas in vivo, como se ha demostrado con CRISPR-Cas9 (por ejemplo, el tratamiento contra la amiloidosis por transtiretina, desarrollado por la empresa Intellia Therapeutics, fundada por Jennifer Doudna) y con editores de bases (p.e. la inactivación</p>
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		<item>
		<title>Sobre la propuesta de editar múltiples genes de forma heredable en embriones humanos</title>
		<link>https://fpablovi.org/sobre-la-propuesta-de-editar-multiples-genes-de-forma-heredable-en-embriones-humanos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Dr. Lluís Montoliu]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jan 2025 12:47:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Edición genética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La revista Nature ha cruzado, en mi humilde opinión, una línea roja, al publicar en el último número un artículo sobre la posibilidad de editar con las herramientas CRISPR múltiples genes de forma heredable en embriones humanos. El trabajo es enteramente especulativo, sin evidencias científicas (mejor dicho, con multitud de evidencias contrarias a lo que se propone). Se trata de un ejercicio teórico, basado en modelos matemáticos, sin validación experimental y, por ello, parece una propuesta realizada de forma totalmente irresponsable. El trabajo publicado, dirigido por el filósofo y bioeticista Julian Savulescu, especula con la posibilidad de editar el genoma en embriones humanos, no en una posición, sino en múltiples localizaciones, escogiendo para cada gen determinadas variantes genéticas asociadas a características aparentemente beneficiosas, protectoras frente a enfermedades, con el objeto de mejorar los seres humanos, no para curarlos. El supuesto objetivo sería generar personas más sanas, longevas y menos propensas a desarrollar enfermedades. Los autores no desconocen el despropósito que supuso el anterior intento conocido de editar el genoma de embriones humanos con las herramientas CRISPR, acometido irresponsablemente por el científico chino He Jiankui, y hecho público en noviembre de 2018, que acabó con el nacimiento de tres niñas con su genoma erróneamente editado y con múltiples alteraciones no deseadas, que las obligarán a mantener una supervisión médica de por vida. Y a pesar de ello anticipan, sin ninguna base para hacerlo, que en tres décadas desaparecerán todos los problemas que actualmente conocemos asociados a la edición genética en embriones. Este polémico trabajo es un ejercicio teórico matemático que falla por todos los lados y que da a entender, erróneamente, que la edición genómica con las herramientas CRISPR es mucho más segura, certera y reproducible de lo que sabemos hoy en día que es, y de lo que probablemente va a ser durante mucho tiempo, para este tipo de modificaciones que requieren precisión y reproducibilidad. La mayoría de las estrategias terapéuticas actuales que usan las herramientas CRISPR no intentan corregir ni modificar genes, sino inactivarlos, destruirlos, algo muy diferente para lo que no se requiere tanta precisión. Y además no tiene en cuenta que la genética solamente es una parte de la ecuación. El estilo de vida, la dieta, las interacciones, etc. en definitiva, la epigenética, es la otra parte igualmente importante, dejando de lado el componente medioambiental. No tiene tampoco en cuenta las múltiples interacciones que hay entre todas las variantes génicas, ni el comportamiento individual que pueden tener tales variantes genéticas en diferentes personas, con diferentes genomas. Un despropósito descomunal, éticamente cuestionable y científicamente inabordable, que puede generar desconfianza y descrédito de la comunidad científica, del que solo se intuye interés en provocar y generar polémica. Es incomprensible cómo la revista Nature ha permitido su publicación. El editorial que lo acompaña es parcialmente positivo, seguramente para justificar la torpeza cometida publicando este artículo. Como siempre recordaba Javier Gafo, la buena ética empieza con los buenos datos, con la buena ciencia. No tiene ningún sentido teorizar sobre los aspectos éticos de una supuesta innovación si no están basados en ciencia sólida, en evidencias científicas, que no las hay para todo este desbarajuste genético que propone. En el mismo número de la revista se publica un comentario adicional, abiertamente crítico, que descalifica el trabajo de forma contundente, rechazando de plano esta propuesta. Desde la asociación científica ARRIGE (Asociación para la Investigación Responsable e Innovación en Edición Genética), desde la que promovemos un uso responsable de las técnicas de edición genética, acabamos de publicar un comunicado con la opinión de la junta directiva de esta sociedad rechazando también, por irresponsable, esta propuesta de edición genética múltiple del genoma humano.</p>
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		<title>Los expertos piden una moratoria de cinco años para la edición genética de embriones humanos</title>
		<link>https://fpablovi.org/los-expertos-piden-una-moratoria-de-cinco-anos-para-la-edicion-genetica-de-embriones-humanos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2019 14:38:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Edición genética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el hallazgo en 2015 de la técnica de edición del ADN denominada CRISPR, también conocida como el corta y pega genético[1], son muchos los avances científicos derivados de ella. Sin embargo, es también muchísimo lo que todavía desconocemos, persisten serios problemas de seguridad y existe una gran incertidumbre en relación a sus potenciales consecuencias para el individuo y para la especie. Todo ello plantea profundas cuestiones éticas y biológicas que requieren una respuesta global, sosegada y prudente de toda la humanidad. El escándalo generado después de que el investigador chino He Jiankui anunciara haber creado dos niñas gemelas modificadas genéticamente con CRISPR en noviembre de 2018 hizo saltar todas las alarmas éticas sobre los usos de esta técnica. Esto ha llevado a 18 científicos de primer nivel de siete países a proponer, a través de un texto publicado en la revista Nature el 14 de marzo de 2019, una moratoria de cinco años para este tipo de experimentos. El escrito lo firma la propia Emmanuelle Charpentier, coautora junto a Jennifer Doudna del protocolo de edición genética que se usa en cualquier laboratorio del mundo. En su posicionamiento, los autores no ahorran críticas a aquellos científicos –sin nombrar a ninguno– que tenían información sobre el experimento que estaba llevando a cabo He Jiankui con embriones humanos “y no tomaron medidas adecuadas para pararlo”. La moratoria no pretende impedir la investigación con esta técnica, siempre que sea con fines terapéuticos, solamente impedir su utilización en ensayos clínicos hasta que sea segura y llegar a un consenso mundial que también evite la experimentación para mejorar la especie humana. Como dice el texto publicado en Nature, «la mejora genética podría incluso dividir a los humanos en subespecies”. La referencia bibliográfica del texto es la siguiente: Eric Lander, Françoise Baylis, Feng Zhang, Emmanuelle Charpentier, Paul Berg. “Adopt a moratorium on heritable genome editing”, Nature 567 (2019) 165-168. Encontramos el texto en acceso libre en el siguiente link:&#160;https://www.nature.com/articles/d41586-019-00726-5 [1] Puede verse el excelente trabajo de Lluís Montoliu publicado recientemente: Editando genes: recorta, pega y colorea: Las maravillosas herramientas CRISPR. NEXT DOOR PUBLISHERS, Pamplona 2019, 433 páginas.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/los-expertos-piden-una-moratoria-de-cinco-anos-para-la-edicion-genetica-de-embriones-humanos/">Los expertos piden una moratoria de cinco años para la edición genética de embriones humanos</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>La nueva edición genética: el peligro de lo fácil</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuno Henriques Gil]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Feb 2019 07:12:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
		<category><![CDATA[Edición genética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quienes se dedican a la genética molecular están entusiasmados con la nueva técnica CRISPR-Cas9. Los procedimientos de laboratorio no suelen tener nombres especialmente agraciados – pues no buscan gancho comercial sino una cierta precisión sobre lo que hacen – y éste desde luego no es excepción. El significado del acrónimo tampoco es de gran ayuda: CRISPR viene de Clustered Regularly Interspersed Short Palindromic Repeats (repeticiones palindrómicas cortas, agrupadas y regularmente espaciadas), y la última parte, Cas9, a una proteína asociada a CRISPR y, por haber varias, concretamente, la número 9. Como en muchos ejemplos en la historia de la ciencia, esta técnica deriva de un descubrimiento fruto de investigación básica, sobre los sistemas de defensa contra virus que poseen muchas bacterias y arqueas. Los procesos biológicos involucrados son realmente apasionantes pero no es éste el lugar para la exposición detallada que se merecen. Baste decir que aquellos microorganismos incorporan a sus genomas marcas de ataques víricos pasados adquiriendo inmunidad frente a nuevas infecciones. En esencia, la bacteria usa una secuencia del virus para localizar y cortar otro ADN que contenga esa secuencia. De ahí surgió la idea aplicada: si se sustituye el molde de la secuencia del virus por una secuencia del gen que deseamos alterar, el sistema CRISPR-Cas9 encontrará dicho gen. No solo sirve para eliminar un gen defectuoso, sino que es posible introducir una versión normal del gen. Con razón se le dedican denominaciones coloquiales que no andan muy lejos de la realidad: “corta y pega”, “caja de herramientas”, “herramienta multiuso”, etc. Técnicas simples, precisas, rápidas y eficaces La ingeniería genética dio sus primeros pasos en la década de 1970, y progresó rápidamente sobre todo aplicada a microorganismos y a plantas. En los años 90, la terapia génica en seres humanos era ya una realidad con varios éxitos muy sonados, aunque conviene recordar que requirieron el esfuerzo de muchos especialistas, diseños experimentales muy elaborados y a menudo poco o nada eficientes, lo que derivó en múltiples fracasos, cuando no efectos indeseables. En cambio, las técnicas basadas en CRISPR-Cas9 son mucho más simples, precisas, rápidas y eficaces, y se pueden aplicar directamente sobre un conjunto particular de células, eventualmente una única, como una célula madre o una célula embrionaria. CRISPR-Cas9 se ha aplicado a todo tipo de materiales biológicos, e incluso existen en el mercado kits comerciales para varias etapas de la técnica, que minimizan las necesidades de equipo y personal a la hora de plantear modificaciones genéticas. ¿Por qué entonces hay tanta polémica alrededor de aquellas siglas? En plantas y animales, las modificaciones genéticas visan fines aplicados, en tanto que las dirigidas a seres humanos tienen por objeto curar enfermedades, un fin ciertamente noble. La cuestión es que esa misma facilidad y eficacia de la técnica han dado vía libre a una infinidad de posibilidades: de hecho, lo que ha multiplicado la fama de CRISPR-Cas9 son las sugerencias de aplicaciones mundanas, que han dejado la terapéutica en un segundo plano. Hoy, antes de que se aborde la cuestión de si debería o no hacerse tal cosa, es posible que alguien lo haya intentado ya. Hay por lo menos tres vertientes poco deseables por las que corre el riesgo de discurrir la edición génica. Una es usarla para cualquier ocurrencia sin interés terapéutico, obviando los peligros potenciales. La segunda, querer arreglar algo para lo que no conocemos más que una pequeña parte del control genético, ni tampoco qué otras funciones están interrelacionadas. Y, por último, la alteración de células embrionarias, para crear personas con determinado rasgo. No siempre es fácil trazar una línea que separe necesidades de caprichos. Pongamos por caso: no parece que haya grandes reparos sobre una terapia génica para paliar la degeneración muscular que sufre un joven con cierto síndrome. Pero el mismo protocolo es aplicable a un anciano al que la edad ha causado sus estragos. Asimismo, por qué no mejorar la musculatura de un joven normal pero no demasiado fuerte; y, puestos a ello, el interesado puede que sea ya fuerte pero desea serlo mucho más. Si se tratara de una metodología compleja y cara se podría argumentar que la primera opción estaría justificada, en tanto que la última es un capricho. Pero siendo un método simple y barato, más de uno se encogerá de hombros, limitándose a un laissez faire. El ejemplo anterior se puede prolongar en una larga lista de frivolidades. Una pequeña empresa americana ofrece la posibilidad de que una persona se inserte un gen de bioluminiscencia que permitiría que las células modificadas luzcan en la oscuridad. Cuando preguntaron al joven empresario el porqué de esa edición génica, fue muy clara su contestación: “porque mola”. Más vendible sería editar algún gen para hacerse más inteligente, más guapo o más sano. El problema es que cualquiera de estas cosas – a decir verdad, la gran mayoría de rasgos humanos – dependen de muchos genes, así como de factores ambientales. Y no solo tenemos una idea muy vaga de cómo se llega del gen al atributo corporal, sino que menos aún sabemos qué otras cosas hace ese gen. Es decir, si se edita un gen para hacerlo más acorde, digamos, a una mejor resistencia para carreras de fondo, es muy probable que estemos hipotecando otras funciones y sean más las pérdidas que el supuesto beneficio. La última puerta abre a un territorio aún menos explorado. Y, lo que ilustra la rapidez con la que se están sucediendo los acontecimientos, apenas planteado como tema de debate, ya un equipo de científicos chinos afirmaba haberlo llevado a cabo: la edición de embriones para crear personas con determinada modificación génica.  Crear personas sin enfermedades Desde los inicios de la terapia génica hubo un consenso casi generalizado, apoyado por las legislaciones de numerosas naciones, de que debería limitarse a la línea somática, quedando prohibida la modificación de la línea germinal. Por poner un ejemplo, una terapia contra la fibrosis quística trata de modificar un gen de las células pulmonares de los afectados, de modo que las</p>
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		<title>CRISPR&#8230; ¿debemos poner límites a la edición genética?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Dec 2017 11:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[CRISPR]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bajo el acrónimo CRISPR se identifica una nueva modalidad en las técnicas de edición genética que está causando una auténtica revolución en el contexto científico pero también social De forma mucho más ágil y menos costosa que las técnicas utilizadas hasta ahora, CRISPR permitirá en un futuro, que casi ya es presente, intervenir a modo de «tijera genética» eliminando los genes defectuosos y reemplazándolos por otros saludables, curando enfermedades o corrigiendo deficiencias genéticas que hoy alteran gravemente la calidad de vida de las personas y ponen en riesgo sus vidas. Esa intervención sobre el genoma podrá darse también sobre células germinales, en el contexto reproductivo, o en especies animales y vegetales. Del mismo modo, permitirá modificar genes con finalidad de mejora o simplemente de preferencia o elección de caracteres genéticos, fuera del ámbito terapéutico, entrando en el terreno del llamado «posthumanismo» o mejora de los humanos. El lector de esta publicación de la Fundación Grifols tendrá una visión bastante completa de un tema nada fácil pero que estará presente en el contexto de la atención a la salud en los próximos años. Es bueno conocerlo para poder formarse un criterio propio sobre sus usos y aplicaciones. &#160;</p>
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