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	<title>discapacidad archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>discapacidad archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>Hacia una sociedad cuidadora: la ética del cuidado para repensar el ser humano</title>
		<link>https://fpablovi.org/hacia-una-sociedad-cuidadora-la-etica-del-cuidado-para-repensar-el-ser-humano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabio Scalese]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jan 2025 20:53:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Firma]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el mundo utilitarista en el que vivimos, cabe preguntarse dónde encuentran espacio los más vulnerables y qué papel juega la dignidad de los más frágiles. La presentación del libro Cuidado y políticas públicas. Algunas premisas fundamentales desde el ámbito de la discapacidad intelectual (Alía Robles, Amor Pan, Scalese, 2024), permite volver a considerar la práctica del cuidado dentro de la condición humana, donde la discapacidad intelectual, que es el ámbito desde el cual se desarrolla la obra, es solo una de las muchas expresiones que pueden darse y con la que podemos aprender a convivir de la forma más integral. A lo largo de la historia, es común encontrarnos con una cierta invisibilización de la práctica del cuidado en la esfera pública. Eso se debe, entre otras razones, a que esta práctica ha sido relegada al ámbito femenino y confinada al espacio privado. El acto de cuidar ha sido considerado y, salvo excepciones, sigue siendo visto como una práctica que pertenece a la esfera más íntima de la existencia humana, y cabe decir que la política aún no consigue integrarlo plenamente en el debate público como elemento fundamental de la vida. Un análisis más atento del valor del cuidado permite revisar la concepción antropológica del ser humano y la forma en que puede actuar de forma ética para conseguir el bien. De hecho, podemos considerar el cuidado como un elemento esencial en la vida de las personas, ya que cada individuo necesita, a lo largo de su existencia, ser cuidado. Respecto a los planteamientos previstos por otros paradigmas éticos, la ética del cuidado reconoce la vulnerabilidad como una condición esencial que caracteriza a los seres humanos. En este sentido, la vulnerabilidad representa el espacio donde la interdependencia subjetiva puede convertirse en el eje central de cómo fundamentamos la manera de estar y de vivir en nuestra sociedad. Este es el enfoque del paradigma de la ética del cuidado, que sostiene que, desde la perspectiva de la búsqueda del bien, es necesario reconocer la vulnerabilidad recíproca y, por lo tanto, coloca en el centro de la dimensión ética la cuestión de la responsabilidad mutua. A su vez, la ética del cuidado pone en relación la importancia de las emociones en el desempeño de la moral. Frente a un juicio moral basado en la mera racionalidad, es posible observar cómo emociones como la empatía y la compasión pueden representar un fundamento moral y universal para alcanzar el bien común. Desde Nussbaum hasta Adela Cortina, la cuestión de las emociones ha entrado plenamente en la caracterización de la elección ética y la búsqueda del bien, de modo que la moral ya no se considera patrimonio exclusivo de la razón, sino que funciona en consonancia con las emociones. Como señala Rosenwein, las emociones han representado históricamente una forma de cohesión entre personas con los mismos intereses y valores, al punto de que se puede hablar de comunidades emocionales precisamente para subrayar cómo la centralidad de regímenes emocionales compartidos contribuye, de alguna forma, a formar una comunidad verdaderamente cohesionada. Es por eso por lo que podemos asumir con una cierta evidencia que la empatía y la compasión no son solo sentimientos privados, sino que pueden representar la base emocional para la construcción de relaciones personales y, por lo tanto, de la sociedad. Si aprendemos a reconocer la vulnerabilidad del otro, el cuidado no solo será una virtud dentro de la sociedad, sino que se alzará como parámetro político para construir, en palabras de Camps, una sociedad cuidadora. Así, se puede vislumbrar cómo la elección de adoptar una ética del cuidado resulta ser no solo una alternativa ética, sino una necesidad indispensable que permite el desarrollo de una sociedad más justa y compasiva y que pone a los seres humanos, en todas sus diversidades y de forma integral, en el centro de nuestra atención. &#160; Bibliografía Alía Robles, A., Amor Pan, J. R., Scalese, F. (2024). Cuidado y políticas públicas. Tirant Humanidades. Camps, V. (2021). Tiempo de cuidados: Otra forma de estar en el mundo. Arpa. Cortina, A. (2009). Ética de la razón cordial: Educación en tiempos de desencanto. Editorial Nobel. Nussbaum, M. C. (2001). Upheavals of thought: The intelligence of emotions. Cambridge University Press. Rosenwein, B. H. (2006). Emotional communities in the early Middle Ages. Cornell University Press.</p>
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		<title>Dignitas infinita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dicasterio para la Doctrina de la Fe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2024 16:38:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa Sede-Dicasterios]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[Dignidad humana]]></category>
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		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad subrogada]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
		<category><![CDATA[Trata de personas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la dignidad humana</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/dignitas-infinita/">Dignitas infinita</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>“Ponte en su lugar”. Día Internacional de la Discapacidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús Flórez Beledo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Dec 2023 07:19:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Día de la discapacidad]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es la sociedad entera ―impregnada de sus mejores valores―la que ha de mantenerse abierta y despierta para utilizarviejos y nuevos recursos en apoyo de quienes más los requieren A veces me pregunto, y pongo en duda, sobre el valor real de tanto “Día Internacional de…”. Cuando hablo del valor real, me refiero a la capacidad que tales celebraciones puedan tener para mejorar la visión de la sociedad sobre el tema en cuestión, y para influir en profundidad sobre las consecuencias y normas que la sociedad ponga en acción para dar respuesta convincente a cada problema. Pienso a veces que son flores de un día, y que pasado el día se evaporó el contenido y su significado, salvo para aquellos que se sientan realmente concernidos por el tema que directamente les atañe. ¿Qué decir, pues, del Día Internacional de la Discapacidad? ¿Entendemos realmente lo que esa palabra significa? Se está identificando y confundiendo en nuestro medio la discapacidad con la diversidad, lo cual atenta contra la esencia de la naturaleza humana. La discapacidad forma parte intrínseca de la diversidad humana que nos califica a todos los humanos, pero sólo es una forma más. Es una consecuencia de nuestra esencial diversidad. No se puede confundir la parte con el todo porque entonces lo único que se consigue es enturbiar los conceptos. La diversidad es un atributo consustancial con la naturaleza humana como tal. Por eso, cuanto se derive de esa diversidad, en este caso la discapacidad, forma parte intrínseca de la dignidad que adorna y ennoblece al ser humano por encima de cualquier otro viviente. No hay humanidad sin diversidad: no por una generosa concesión sino por su propia naturaleza biológica. Si estos conceptos no quedan meridianamente claros y expuestos a nuestros niños y jóvenes, la persona con discapacidad siempre será considerada como algo diferente, al que tenemos la deferencia de engarzarla en nuestra comunidad humana. No es así, es parte constitutiva por esencia, desde el mismo momento de su concepción. Cuando los Estados y sus regulaciones, y la sociedad en general, discriminan sus posibilidades de nacimiento, por ejemplo, están conculcando lo más profundo de nuestra esencia en aras de intereses puramente mercantiles o de conveniencia. “Es la ruina ―en palabras de George Steiner― de los valores humanos a causa de la bestialidad política de nuestra época”. Al margen de toda contemplación genuinamente filosófica, opto por elevar el punto de mira y considerar lo que la presencia de la discapacidad, o mejor, de las personas con discapacidad aportan a nuestro mundo. No pretendo poetizar sino transmitir la experiencia personal de quien convive desde hace casi sesenta años con personas con discapacidad y tiene la oportunidad de estar en contacto con otras miles de todas las partes del mundo. A poco que reflexionemos, la presencia de la discapacidad en nuestra pequeña Tierra, perdida aparentemente en nuestro Universo, nos facilita comprender mejor y disfrutar las bellezas contenidas en la intrínseca variedad de la naturaleza humana. Nos permite encontrar con mayor hondura la verdad, la bondad y la belleza que anidan en los seres aparentemente más frágiles. No voy a negar que hay momentos difíciles y retos de extraordinaria magnitud para atender los derechos y necesidades de las personas con discapacidad. Es la sociedad entera ―impregnada de sus mejores valores― la que ha de mantenerse abierta y despierta para utilizar viejos y nuevos recursos en apoyo de quienes más los requieren. Pero hay un recurso de utilización exclusivamente personal e individual que resume cuanto podamos imaginar: “Ponte en su lugar”. Hubo una ocasión en que una joven con síndrome de Down suspiró: “Cómo me gustaría no tener en algún momento síndrome de Down para experimentar cómo se siente”. Y su madre le contestó: “Y cómo me gustaría, hija mía, tener en algún momento síndrome de Down para saber cómo te sientes tú y poder comprenderte y ayudarte mejor”. Ponernos en el lugar del otro es la máxima expresión de la relación y la convivencia humanas en cualquier circunstancia. Pero cobra su mayor plenitud cuando nos vemos ante una persona cuya fragilidad se encuentra en sus capacidades para seguir el ritmo desenfrenado de nuestro entorno. Bueno será que reposadamente repasemos esas situaciones en la que se nos escapa el desprecio, el enfado, el grito, la urgencia, la marginación, la poco ponderada exigencia ante una deficiencia que nos molesta o una conducta que consideramos inapropiada. Ponernos en el lugar del otro significa también saber valorar su esfuerzo, saber felicitar los pequeños detalles, saber mantener nuestra sonrisa en situaciones molestas. Y eso no contradice la necesidad de que también sepamos exigir para avanzar, con paciencia activa, con la debida proporción en función de la necesidad y las posibilidades reales del individuo.</p>
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		<title>Mar Afuera: “seguir adelante no es una opción”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Dec 2020 18:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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		<category><![CDATA[María del Mar García Garrido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María del Mar García Garrido es de esas personas que te zarandea y te da una sacudida de arriba abajo nada más conocerla. Su mirada está llena de luz y sus palabras, estranguladas por la traqueostomía, no consiguen ser apagadas por un respirador que llena sus pulmones de vida. María del Mar es auténtica y, ni siquiera quien la conoce, puede explicar la energía y optimismo que irradia su sola presencia. Marimar es un torbellino, un torrente de alegría, una mujer de carácter a quien las limitaciones físicas no han impedido nunca pelear por todo aquello que anhela. Se hace llamar Mar Afuera, en respuesta a todos los que creen que una vida como la suya no merece la pena ser vivida. Así lo cuenta en su libro “Un viaje lleno de vida”, un recorrido por su historia personal, en el que, sin obviar los detalles más difíciles de su intensa vida, prefiere centrarse en lo que le ha hecho llegar hasta aquí: su coraje y la generosidad de su familia, su inmensa lista de amigos y una fe profunda y serena que la sostiene como una roca. Mar hubiera preferido hablar en persona, cara a cara, porque disfruta con la conversación y la compañía. Pero en estos días le cambiaban la cánula de la garganta&#8230; “Tú mándame la entrevista”, me dice con firmeza. P.- ¿Cómo valoras la nueva ley de eutanasia que convierten la ayuda a morir y el suicidio asistido en una prestación del sistema nacional de salud? R.- Que es un horror ¡Estamos en una deshumanización total! Un paso más en la cultura de la muerte. ¿A dónde vamos a llegar? Me gustaría que quien sufre y quien acompaña el sufrimiento lo viera como una forma de aprendizaje. Toda vida tiene su dolor y ese dolor de alguna manera nos ayuda a crecer como personas. P.- En medio de esta corriente de derrotismo vital, tu vida ha sido un auténtico desafío a la ciencia, desde que te detectaron con 6 años una enfermedad degenerativa sin diagnóstico. Tienes 34 años en los que has vivido muchas cosas con la ayuda de tu familia. Pero ¿crees que el sistema sanitario y asistencial está a la altura de lo que necesitan personas como tú? R.- ¡No lo está! Mi enfermedad es desconocida para todo el mundo. Lo cierto es que, por mucho que haya viajado mi historial clínico por España y parte del extranjero, todavía no tenemos diagnóstico para mi enfermedad. Digamos, con tono irónico, que esta es la enfermedad de Marimar. A mí me gusta llamarla así. En general, la mayoría de los médicos me han tratado muy bien y hay pocas excepciones. Pero sí, tuviera que pedir algo es que se esforzaran en ver delante de ellos a personas en vez de pacientes. A veces los protocolos son muy fríos y la terminología clínica no la entiende todo el mundo. Adaptar el lenguaje, hacerlo más cercano y ser delicados en el trato y en la forma de dar la información.&#160; P.- Eres periodista. Tienes una amplia formación. Eres una persona culta, inteligente, con grandes inquietudes y con una vida social muy activa. ¿Qué te ha dado la fuerza para conseguir lo que tienes? R.- En primer lugar, mi familia y mis amigos que han estado al pie del cañón. Pero, ante todo, está mi fe que está presente en todo momento de mi vida. A veces me he enfadado con Dios y me he preguntado por qué a mí. Pero hace años opté por no preguntar el porqué sino el para qué.&#160;&#160; P.- Has roto barreras sanitarias, vitales y físicas. Has hecho viajes con amigos a lugares que muchos ni podrían imaginar. Has montado en canoa y en camello. ¿Qué le dirías a los que creen que una vida como la tuya no merece la pena ser vivida? R.- Le diría muchas cosas: una, que su vida no es inútil a los ojos de Dios, y que, aunque estés en silla de ruedas o te veas limitado, puedes ayudar muchísimo a los demás y que tu cabeza puede hacer muchas cosas. ¡Mírame a mí dónde he llegado! Me decían que no iba a llegar al colegio, que mi enfermedad iba a ser fulminante&#8230; Se puede hacer mucho bien con una buena actitud, sonriente y positiva. P.- Eres la mayor de 6 hermanos. Dos de ellos, Pablo y Miguel Ángel nacieron con unas circunstancias especiales (acondroplasia y Síndrome de Down). ¿Cómo han influido las circunstancias de tu familia en tu carácter? R.- Eso nos ha hecho crecer y a ver a cada uno por igual, como uno más. Mi madre siempre me ha enseñado que todo pasa por algo. Que todo tiene un sentido y un motivo. Y que los obstáculos, cuando los vences, son los que te hacen más fuerte y ayudan a todos los que vienen detrás a que no les cueste tanto vencerlos.&#160; P.- El miedo a la enfermedad, a la incapacidad, o a la vejez va unido muchas veces a la sensación de ser una carga para los demás.  ¿Te has sentido en algún momento alguna carga para los que te cuidan? ¿Crees que la sociedad y el ritmo al que vivimos está imponiendo ese sentimiento? R.- ¡Totalmente! Todo lo queremos para ¡ya! Pero, ¿quién determina que una vida tenga sentido o no? ¿Te has parado a pensar que quizá el estorbo seas tú cuando no permites a los demás crecer como personas o desarrollar sus habilidades y competencias en el trabajo o en la vida? Me entristece la gente que ve como una desgracia una situación como la mía, porque me considero una chica feliz y que valora lo que tiene. Con mi libro lo que quiero demostrar es que se puede llevar una vida feliz, plena y llena de motivos por los que seguir luchando y superando obstáculos, aun en una situación que para muchos podría parecer oscura, triste y desesperanzadora. P.- Dentro de muy poco cumplirás 35 años. Tu enfermedad ha</p>
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		<title>Ni la edad ni la discapacidad pueden ser un criterio para seleccionar pacientes</title>
		<link>https://fpablovi.org/ni-la-edad-ni-la-discapacidad-pueden-ser-un-criterio-para-seleccionar-pacientes/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2020 15:03:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19 / Huella digital]]></category>
		<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La crisis del COVID-19 ha desbordado los sistemas sanitarios en todo el mundo. La falta de test para el diagnóstico, de respiradores para los enfermos más graves o de materiales para proteger a los médicos ha puesto en cuestión la eficacia en la gestión de esta pandemia, sometida en cada país a unos criterios culturales y éticos muy diferentes. José Ramón Amor Pan es Presidente del Comité de Ética Asistencial del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña y coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI Un sistema sanitario tecnológicamente avanzado como el español ¿está&#160; preparado para emergencias como la pandemia actual, con una problemática médica relativamente ‘sencilla’ pero unos problemas sociales y organizativos enormes? ¿Habrá que orientar la reflexión en el futuro sobre esta experiencia, que puede cuestionar un cierto ‘modelo’ de política sanitaria de alta tecnología? Nuestro sistema sanitario sí está preparado para emergencias, y de hecho ha respondido -está respondiendo- muy bien. Tenemos unos profesionales muy bien formados y una buena red asistencial. Lo que ha fallado -fundamentalmente- es el suministro de elementos de protección y de los test de detección. Aquí ha estado el gran problema, que explica muchas cosas, entre otras, el alto número de profesionales sanitarios contagiados. Pero ese, en mi opinión, no es un problema del sistema sanitario sino un problema empresarial y de gestión política. Se tenía que haber activado la industria nacional desde el minuto uno, por ejemplo. Aparte de que fabricar determinados productos fuera de nuestras fronteras nos convierte en rehenes, jamás debiera haberse deslocalizado esta clase de industria que -como se ha demostrado- es absolutamente estratégica: la maldición del cortoplacismo tiene estas consecuencias. El que no estaba en absoluto preparado fue el sistema de atención a los ancianos. Aquí sí que tenemos que aprender muchas lecciones. La principal, que nuestros geriátricos tienen que tener un departamento médico bien dotado, tanto en lo que se refiere a profesionales como a recursos. Aquí sí que hay que tomar muchas decisiones, a la mayor brevedad posible, tan pronto salgamos de la situación de emergencia nacional que vivimos.&#160; ¿Se podrán sacar enseñanzas sobre modelos de coexistencia y colaboración entre sector público y privado en los servicios sanitarios, como los que existen por ejemplo en Alemania? Yo creo que España es modélica en ese sentido y que no hay que mirar para ninguna experiencia extranjera. Es más, creo que son ellos los que deben mirar para nosotros. ¿Cómo se definen los criterios para seleccionar pacientes que tengan acceso a cuidados intensivos? ¿Habrá que abordar con serenidad la adopción de políticas selectivas basadas en la edad, entre otras cosas para responder a los planteamientos de eutanasia? No entiendo muy bien la pregunta, no sé qué tiene que ver la adopción de políticas selectivas basadas en la edad con la eutanasia… lo que sí se ha puesto en evidencia es la gran diferencia cultural que existe entre Países Bajos y Bélgica, por un lado, y nuestro país, en donde a priori hemos intentado no dejar a nadie atrás; ellos están ya imbuidos -por desgracia- de una fuerte mentalidad eutanásica. Dicho esto, lo importante es darnos cuenta que los criterios para seleccionar pacientes cuando fuere estrictamente necesario no pueden ser discriminatorios, ni por razón de edad ni por razón de discapacidad. La famosa “utilidad social” no es un buen criterio para tomar decisiones éticas justas. Por otro lado, con ser importantes los protocolos y las orientaciones generales, es el clínico el que -aun en la situación dramática y altamente estresante del momento- ha de tomar la decisión y para ello debe estar bien entrenado en lo técnico y en lo ético, analizando el caso concreto que tiene delante con la indispensable serenidad y ponderación. De ahí que sea tan necesaria la Bioética, una de las pocas cosas en las que estamos todos de acuerdo en estos momentos. Una Bioética que ponga en el centro la atención integral a la persona, que tenga la mirada puesta en el horizonte de un desarrollo humano integral, que no sólo se atenga a los principios, reglas y normas sino también -y de manera fundamental- a las virtudes. No olvidemos que otras crisis siguen amenazándonos, y hay que afrontarlas con el mayor coraje ético posible.</p>
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		<title>Por, para y con las personas con discapacidad</title>
		<link>https://fpablovi.org/por-para-y-con-las-personas-con-discapacidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Nov 2019 15:18:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Día de la discapacidad]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La enfermedad y la discapacidad no son precisamente un misterio sino una revelación, puesto que ponen de manifiesto lo más esencial del ser humano. No solemos preguntarnos por nuestro modelo antropológico, pero haríamos bien en preguntarnos qué idea de ser humano sostiene nuestras decisiones y las de nuestros conciudadanos. Tampoco nos preguntamos habitualmente por nuestro paradigma ético… pero haríamos bien en tomar conciencia de que no todas las formas de Ética son dignas de este nombre porque dejan fuera de juego a no pocos seres humanos y son incompatibles con la sostenibilidad. La maldición del cortoplacismo nos puede meter en no pocos líos, como estamos viendo un día sí y otro también. Estamos ante el núcleo mismo de la Ética. Reflexionar acerca de los fines y de los medios que contribuyen a humanizar al hombre en su vertiente individual y comunitaria y, por consiguiente, responsabilizarnos de las consecuencias de nuestras acciones y dirigir razonablemente las mismas. La fragilidad de las conquistas éticas debería ayudarnos a ser más humildes y comprometidos. Que si la deshumanización, los mediocres y los miserables prosperan en el mundo es porque hay demasiados vagos de conciencia cerrando los ojos y muy poca implicación para ir cambiando poco a poco las cosas. El año 1992, al término del denominado Decenio de las Naciones Unidas para los Impedidos (1983-1992), la Asamblea General de la ONU proclamó el día 3 de diciembre como Día Internacional de las Personas con Discapacidad. El decenio había sido un período fuerte de toma de conciencia y de generación de medidas orientadas hacia la acción en orden a mejorar la situación de las personas con discapacidad. No podía perderse ese impulso. Y no puede perderse. Porque aunque se ha avanzado muchísimo en todos estos años, gracias sobre todo a la acción reivindicatoria de los propios afectados y de sus familias, de los 7.300 millones de personas que habitan en la Tierra, más de mil millones sufren algún tipo de discapacidad (cien millones son niños) y, por esa sola circunstancia no tienen garantizados sus derechos básicos y tienen cuatro veces más posibilidades de ser víctimas de algún tipo de violencia. Las personas con discapacidad, la «minoría más amplia del mundo», como nos recuerda la web de Naciones Unidas dedicada a este asunto, suelen tener menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza más altas. Eso se debe principalmente a la falta de servicios que les puedan facilitar la vida (como acceso a la información o al transporte) y porque tienen menos recursos para defender sus derechos. A estos obstáculos cotidianos se suman la discriminación social y la falta de legislación adecuada para protegerlas. Y todo ello a pesar de que el derecho a la vida, la accesibilidad y la inclusión son derechos fundamentales reconocidos por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006). A las autoridades españolas, por ejemplo, se les llena la boca hablando de inclusión y de diversidad funcional (un concepto que no aporta nada al debate), pero mantiene operativo el aborto eugenésico. La celebración de este Día Internacional de las Personas con Discapacidad debería servir para reafirmar nuestro compromiso de trabajar juntos por un mundo que en verdad sea inclusivo, equitativo y sostenible para todos, en el que los derechos de las personas con discapacidad se hagan plenamente efectivos, sin retóricas ni demagogias de ninguna clase. Recordemos, para quien no está acostumbrado a este ámbito, que el término discapacidad se usa para definir una deficiencia física o mental, como la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o varios tipos de enfermedades crónicas.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/por-para-y-con-las-personas-con-discapacidad/">Por, para y con las personas con discapacidad</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>La Justicia ante las personas con discapacidad: no basta con la ley, hace falta “sensibilidad, formación y empatía”</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jun 2019 10:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Avelina Alía]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es la fiscal de “la mano tendida”. Avelina Alía pertenece a ese gran grupo de profesionales del Ministerio Fiscal que no sale en los medios de comunicación y cuya labor es, quizá, menos conocida. Pero no por ello menos importante o alejada de la esencia de este órgano que tiene por misión, según recoge la Constitución, “promover la acción de la Justicia en defensa de la legalidad, los derechos de los ciudadanos (especialmente los más vulnerables) y del interés público tutelado por la ley”. La Fiscal Decana del área de Getafe-Leganés del Tribunal Superior de Justicia de Madrid dedica una gran parte de su trabajo a la defensa jurídica de un colectivo especialmente vulnerable, el de las personas con discapacidad intelectual. Desde su experiencia, formación y capacitación profesional, Avelina Alía ayuda a eliminar esas barreras que hacen de la Administración de Justicia un terreno difícil y poco amigable para las personas con discapacidad, convencida de la necesidad de un igual reconocimiento y trato ante la ley, tal y como marca la Convención Internacional. Es por ello por lo que forma parte del grupo de expertos del Seminario de Trabajo de Bioética y Discapacidad, dentro del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI. Nos recibe en su despacho de la sede de los Juzgados de Getafe, que abarca unos 800 mil habitantes. P.- Cuando se habla de la función del Ministerio Fiscal inmediatamente vienen a la cabeza los grandes juicios o los casos más mediáticos. Pero hay otras funciones muy desconocidas ¿Por qué esta especialización? R.- En primer lugar, es lógico que la sociedad identifique al fiscal con lo que yo denomino el del “dedo acusador”, pero la Constitución nos ha otorgado a los fiscales la deferencia y la responsabilidad de promover la acción de la justicia en defensa del interés público tutelado por la Ley, donde se engloba lógicamente la protección de las personas más vulnerables. De modo que es una misión capital. Y ¿por qué no es tan mediática o conocida? Pues igual también es responsabilidad nuestra, del propio Ministerio Fiscal. Y es fundamental dar a conocer esta versión. En mi caso, compagino las tradicionales funciones del fiscal en el ámbito de la materia penal con la protección de las personas con discapacidad, en el ámbito civil y penal. La limitación de personal hace que muy pocos tengan la fortuna de dedicarse en exclusividad a esta tarea. P.- Desde su experiencia de trabajo diaria, ¿cree que la Administración de Justicia es accesible para las personas con discapacidad? ¿O es, más bien, un entorno hostil? R.- Me gustaría decir lo contrario, pero creo sinceramente que la Administración de Justicia es un entorno bastante complicado para cualquier ciudadano. Así que, lógicamente, si partes de una situación de desventaja el hándicap es doble y las personas con discapacidad se encuentran ante un verdadero muro cuando tienen que recurrir a la Justicia en la condición que sea: bien como testigos, bien como víctimas, en un proceso de capacidad, etc. Es complicado. Primero, porque los procesos, tanto el civil como el penal y los ritos que rigen este tipo de actuaciones, son reglas muy establecidas que utilizan un lenguaje demasiado formalista alejado de los usos de la vida cotidiana. No es un lenguaje normal o habitual. “La Administración de Justicia se presenta como un entorno ciertamente hostil para las personas con discapacidad” En segundo lugar, se encuentran con unos jueces, fiscales o funcionarios de la Administración de Justicia sin apenas hábito, capacitación o formación para el trato de las personas con discapacidad. Los temarios de oposición son muy limitados en estas materias, por lo que no estamos acostumbrados a conocer cuáles son las manifestaciones de estas personas, cómo se expresan o sus dificultades de comprensión. Entonces, si ya partimos de esas dificultades que nosotros tenemos desde dentro, cuando ellos vienen de fuera, no hay ni empatía, ni confianza hacia nosotros. Por eso, sí que creo que podemos hablar de un entorno ciertamente hostil.  Avelina Alia en el Seminario sobre inclusión educativa P.- ¿Qué cambios sería necesario introducir entonces para adaptar la Administración de Justicia a sus necesidades o a las directrices que marca la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad? R.- Precisamente hay un artículo en la Convención que se refiere al acceso a las personas con discapacidad y que apunta a esa tarea que tenemos pendiente. Los cambios deben ser abordados de una manera multidisciplinar. Por una parte, en el ámbito formativo. Yo creo que un juez, fiscal o funcionario con una preparación estrictamente técnica o jurídica no tiene las herramientas suficientes para abordar a estas personas. Por lo tanto, se precisa mucha formación y mucha capacitación. Por otro lado, yo creo que podemos hacer algo más, que es incluir dentro de la Administración de Justicia las ciencias auxiliares: peritos, psicólogos o trabajadores sociales que actúen como verdaderos asesores del órgano judicial. Y, en tercer lugar, creo que no todos podemos cumplir con esta función constitucional tan importante si realmente no sentimos la especialidad desde dentro. Creo que no se trata solo de ser jurista, de conocer la ley o de ser buenos profesionales, que los hay como la copa de un pino en mi carrera, sino que además se tiene que tener una especial sensibilidad hacia este colectivo. Y creo que hay gente que puede adquirirla mejor que otra. Por eso, creo que unos fiscales especializados con estos elementos podrían ayudar mucho en este camino. “Sería necesario, conveniente y ético que todas las personas tuvieran acceso a las mismas oportunidades y servicios en condición de igualdad” P.- ¿Qué papel juega el entorno de esas personas para lograr alcanzar esa igualdad? Porque ocurre a veces que es el propio entorno quien vulnera esos principios a la hora de otorgar una herencia, gestionar un determinado patrimonio o tomar determinadas decisiones R.- Al igual que la discapacidad es muy heterogénea, lo es también su entorno. Y ese entorno social, familiar, cultural e, incluso, económico, influye mucho en</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/la-justicia-ante-las-personas-con-discapacidad-no-basta-con-la-ley-hace-falta-sensibilidad-formacion-y-empatia/">La Justicia ante las personas con discapacidad: no basta con la ley, hace falta “sensibilidad, formación y empatía”</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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