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	<title>Eduardo Agosta archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>“Hay hambre en el mundo porque producimos el doble de la comida que hace falta”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Jun 2024 06:54:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Agricultura sostenible]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Agosta]]></category>
		<category><![CDATA[Félix Revilla]]></category>
		<category><![CDATA[VII Seminario de Ecología Integral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nuestro modelo de agricultura y de producción de alimentos a nivel global está en crisis. El último informe de la FAO habla de hasta 258 millones de personas en el mundo que se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, y la pérdida y desperdicio de alimentos que nunca llegan a la boca del consumidor es del orden de 1300 millones de toneladas métricas cada año (1/3 de la producción mundial). El Papa lo calificaba en febrero ante los jefes del Consejo de Gobernadores de la FIDA (el Fondo Internacional de Desarrollo de Naciones Unidas) como una “dicotomía desgarradora” entre los millones de personas que pasan hambre, frente a la gran insensibilidad que existe con el derroche de comida. Paralelamente, se está produciendo un empobrecimiento cada vez mayor del pequeño y medio agricultor, sometido a limitaciones, burocracias y a los condicionantes de los costes de la distribución que le hacen casi trabajar a pérdidas, mientras se ven obligados a competir con los grandes productores, lo que ha generado multitud de protestas en todos los países del entorno de la Unión Europea, a la que sitúan en el origen de sus males. La política agraria común es uno de los grandes desafíos de la UE y uno de los caballos de Troya que puede decidir la futura configuración del Parlamento. En toda la Unión hay unos trece millones de personas que dependen del campo, ya sean agricultores o trabajadores del sector agroalimentario, y de ellos depende una parte muy importante del PIB. Ante las próximas elecciones, existe el peligro de que las decisiones comunitarias puedan estar condicionadas por el voto y no por el bien común. De ahí la importancia de hacer una pedagogía para tomar conciencia de que la gestión de la explotación de los recursos que tiene la Tierra no puede hacerse solo desde una parcela, puesto que las decisiones que se tomen afectan de manera positiva o negativa al entorno ambiental global, al reparto equitativo de los recursos, y, en definitiva, al derecho de la humanidad a la alimentación y a la salud. A lo largo de tres sesiones, el Seminario organizado por el Departamento de Ecología Integral de la CEE, la Fundación Pablo VI, Enlázate por la Justicia, el Movimiento Laudato Si’ y la Comisión Diocesana de Ecología Integral de la Archidiócesis de Madrid trata de dar una visión de conjunto sobre el modelo de producción agrícola global y cómo hacerlo más sostenible, equitativo y justo. Agroindustria y cambio climático En la primera sesión contamos con tres expositores que, desde su conocimiento y experiencia de trabajo en el ámbito medioambiental y agrícola, nos dibujaron una panorámica global del sistema agroalimentario actual, de sus excesos, de su impacto en el entorno y en la salud de las personas. La primera intervención corrió a cargo de Eduardo Agosta, físico carmelita, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, experto en variabilidad climática y asesor del Movimiento Laudato Si’ y del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral. Su ponencia sirvió para aclarar conceptos sobre lo que es cambio climático y no lo es, cómo éste impacta en el ecosistema regional y global y, en el futuro, cómo va a obligar a modificar radicalmente el modelo de producción agrícola. El calentamiento global es un hecho. Una de las representaciones más famosas de este proceso es la gráfica creada por el climatólogo Ed Hawkins, profesor de la Universidad de Reading (Reino Unido), que representa la variación de la temperatura desde 1901 a la actualidad. En ella se sitúa el 2023 como un año histórico de temperaturas extremas, en un proceso de incremento, desde el período preindustrial, de 1,51 grados. Según la evolución de la gráfica, es a partir de los años 50 cuando el equilibrio en el clima empieza a romperse, debido, principalmente, al aumento de los gases de efecto invernadero, lo que pone de manifiesto la indiscutible responsabilidad de la acción humana en este estado de transición del clima. En su intervención, Eduardo Agosta, explicó, con gráficas y datos, el efecto que la combustión de estos combustibles fósiles ha ido provocando en la atmósfera en el último siglo, con el calentamiento de los océanos, el deshielo de los polos (a un ritmo de decaimiento del 25% en los últimos 50 años); el alargamiento de los veranos en casi 5 semanas desde los años 70 del siglo pasado; la disminución de los caudales medios de los ríos, en algunos casos de más del 20% en las últimas décadas; la expansión del clima de tipo semiárido, con más de 30.000 km2 de nuevos territorios de estas características en unas pocas décadas; y el incremento de las olas de calor, que cada vez son más frecuentes, más largas y más intensas. Una situación que se vive de forma especialmente dramática en España, donde se suceden los períodos extremos de olas de calor y las sequías son cada vez más prolongadas, generando graves consecuencias para los cultivos de determinadas zonas por la disminución del agua dulce. Los efectos de una agricultura extractivista Este panorama se agrava por la preponderancia de “un sistema de producción agrícola extractivo”, articulado “en torno a la búsqueda del máximo rendimiento” y sumido en “el paradigma tecnocrático”. Así lo califica Félix Revilla, director de la Escuela de Ingeniería Agrícola y Agroambiental INEA-Universidad Pontificia Comillas, una escuela educativa de la Compañía de Jesús que, desde 1964, se dedica a la formación agraria y empresarial para impulsar un modelo de agricultura más sostenible y menos capitalista. En su intervención, Revilla hizo una exposición de lo que significa la sostenibilidad y cómo la falta de ella hace que las brechas entre los que pasan hambre de forma crónica y los que viven en la opulencia se haga cada vez más grande. Los datos que puso sobre la mesa cifran a los afectados por el hambre crónica en 735 millones de personas; a las víctimas de inseguridad alimentaria en 2.400 millones de personas. En este sentido, apunta el modelo agroalimentario actual como uno de</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/hay-hambre-en-el-mundo-porque-producimos-el-doble-de-la-comida-que-hace-falta/">“Hay hambre en el mundo porque producimos el doble de la comida que hace falta”</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Eduardo Agosta: “habrá que adaptarse a extremos climáticos frecuentes como el que estamos viviendo”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sandra Várez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jan 2021 07:32:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Agosta]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Repasamos con Fray Eduardo Agosta, físico, experto en variabilidad climática y doctor en ciencias de la Atmósfera y los Océanos, los causas y consecuencias de la borrasca Filomena y de otros fenómenos climáticos extremos. El fraile carmelita, que colabora con el Movimiento Católico Mundial por el Clima y el Dicasterio Pontificio para el Desarrollo Humano Integral, contribuyó a la elaboración de la Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco: “5 años después de su publicación no hay el nivel de conciencia ecológica entre los católicos que uno hubiera deseado” Fray Agosta: “la destrucción de la biodiversidad nos hace más susceptibles a los virus, los gérmenes y las bacterias” La borrasca Filomena ha irrumpido en el interior de España de una manera muy violencia, dejando imágenes y secuelas no registradas en el último siglo. Una situación que, unida a la pandemia, nos sitúa en un escenario de incertidumbre y desaliento ante fenómenos cada vez más incontrolables por los seres humanos. La salud de la humanidad está en crisis, pero también la del Planeta y, 5 años después de la firma de los Acuerdos de París y de la publicación de la Laudato Si’ del Papa Francisco, siguen siendo muy pocos los resultados de los esfuerzos realizados para paliar esta emergencia climática y, por tanto, humana en la que nos encontramos. El P. Eduardo Agosta, físico, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, miembro activo de la “American Meteorological Society” (AMS) y de la “European Meteorological Society” (EMS), es, además de un reputado experto en temas de variabilidad climática, uno de los colaboradores en la elaboración de la Laudato Si’. Con él hablamos de la conexión entre estos fenómenos extremos, de negacionismo y de cómo trabajar por el compromiso inseparable del cuidado de la naturaleza y de la vida humana.  P.- Estamos viviendo en España una de las olas de frío extremo más intensas del último siglo y ya hay voces que niegan el calentamiento global. Pero ¿es este otro síntoma de esta evolución del clima hacia los extremos?  R.- Aunque para atribuir esta tormenta invernal al cambio climático en un sentido estrictamente científico hay que hacer bastante investigación estadística y probabilística mediante el uso de modelos numéricos del clima histórico y bajo escenarios de clima futuro combinados, dentro de las series históricas de registros meteorológicos está claro y es obvio que este evento es un extremo no registrado hasta ahora instrumentalmente. Es probable que finalmente se le pueda atribuir al cambio climático porque dentro de esta teoría cabe esperar este tipo de fenómenos extremos. Sin embargo, tal esfuerzo de atribución de un evento en particular no vale la pena en términos del avance del conocimiento, por lo que habitualmente no es esencial hacer estos tipos de estudios. Además, ya ha habido varios ejemplos en los últimos años de cómo localmente, en pequeñas regiones de un continente, se han manifestado fríos extremos. Esto sucede porque el sistema climático, al tener más energía en determinadas zonas como, por ejemplo, en los hielos polares del Ártico, equilibra este aumento progresivo con el intercambio de masas de aire. El Ártico desde hace varias décadas está siendo mucho más caliente que el resto de la superficie del planeta, con lo cual, para poder enfriarse, manda masas de aire hacia las latitudes medias a través de mecanismos dinámicos conocidos como las corrientes en chorro. Son justamente esas irrupciones de aire polar las que estamos teniendo. De hecho, parte de la dinámica que generó estas copiosas nevadas y la irrupción de aire frío fue la presencia de una estructura de doble corriente en chorro en altura, estos vientos intensos que bordean el Ártico que, al estar muy caliente, permite el mayor intercambio de masas de aire. Toda esta dinámica apunta a que este extremo histórico va a ser adscrito a lo que conocemos como cambio climático. Y la intensidad de su impacto es un claro ejemplo de cómo habrá que adaptarse y mitigar también sus efectos, manifestados no solamente en olas de frío y fenómenos como este que vivimos, sino también una mayor frecuencia de olas de calor intenso durante los veranos. Imágenes de la huella de Filomena tras su paso por Madrid P.- Se ha pasado de negar el calentamiento global a cuestionar, incluso, la propia veracidad de la nieve caída. ¿Se está haciendo una pedagogía errónea de esta emergencia climática que vivimos o es el negacionismo climático una consecuencia más de este descrédito general hacia todo? R.- He visto alguna noticia y también algún mensaje en redes de esto de la nieve plástica. Me sorprendió por la estupidez. Luego también había muchos influencers que querían demostrar que esto era nieve de verdad, poniéndola a cocer en una cacerola para hacer arroz. Yo lo tomo como propio del folclore. Vivimos una cultura del fenómeno, siempre nos gustó generar estas narrativas conspiranoides y las redes sociales se prestan para eso con mucha facilidad. Es como la literatura fantástica que está al alcance de todo el mundo, así como tenemos al alcance de todos buena literatura científica y documentales. Creo que habría que tomarlo así. Lo que ocurre es que en las redes sociales no se puede discriminar con tanta facilidad si uno no está un poco atento. Porque no se dice que esto es invento y se presenta como veraz. Y así estamos. Nuestras democracias, como hemos visto en este último decenio, están bastante frágiles y sensibilizadas a la manipulación por las redes sociales y por el bulo. Creo que la pedagogía que se está haciendo por parte de la ciencia o las ONG que trabajan en el cambio climático es bastante consistente. Lo que pasa es que, como en todo, basta una mentira para derribar grandes verdades. Pueden estar 99 trabajando por una buena y correcta pedagogía sobre la emergencia climática y basta con que haya un negacionista o escéptico que esté en un lugar estratégico diciendo lo contrario y lo ponga en duda para que se genere esta situación. La murmuración forma parte también</p>
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