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	<title>Ética archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>Ética archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>“Es fundamental un juramento hipocrático para los ingenieros y los programadores para regular éticamente desde el origen”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 May 2026 20:03:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia artificial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El ex ministro de Argentina y miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, Gustavo Béliz, analiza las oportunidades y los límites de la IA en este Atlas que muestra la situación de desarrollo, implementación y regulación en el continente; y habla del papel activo de León XIV en el desarrollo de toda una reflexión sobre el paradigma tecnológico: “el magisterio de la Iglesia es, a la vez, raíz y faro para iluminar muchas de estas discusiones”. En su Atlas reclama de un “fondo soberano, asociado a la inteligencia artificial” para que América Latina deje de ser un mero portador de recursos y tenga un papel protagonista del nuevo paradigma tecnológico. En los primeros compases de su pontificado, León XIV ya dio muestra de cuáles eran algunos de los aspectos en los que iba a poner el foco de una manera muy especial, definitorios de un cambio de época: la revolución digital y el desarrollo de la inteligencia artificial y como ésta está suponiendo un absoluto desafío, que no es tecnológico, sino antropológico. A través de discursos y mensajes, el Papa León XIV ha ido definiendo una línea magisterial referida a esta tecnología y sus aplicaciones: sobre el control o la sustitución de las personas; sobre la manipulación digital, la desinformación, la educación, la salud mental, los riesgos de los algoritmos, la concentración del poder tecnológico y la necesidad urgente de una alfabetización ética y crítica frente a la IA. Tal es así que, en los próximos días, verá la luz su primera Encíclica&#160;Magnifica humanitas,&#160;dedicada, todo apunta, a analizar algunas de las amenazas actuales, como son&#160;la inteligencia artificial, la paz o la crisis del derecho internacional. Un texto que, igual que la&#160;Rerum Novarum&#160;en el siglo XIX hablaba de los problemas del mundo obrero y de la revolución industrial, abordará el impacto de una tecnología que afecta al trabajo, a la comunicación, a las relaciones sociales y humanas y a la propia dignidad del ser humano; y que puede servir de inspiración para muchas entidades políticas, económicas, empresariales y tecnológicas que buscan en la figura del Papa orientaciones de tipo ético y moral. Así lo explica&#160;Gustavo Béliz, ex ministro de Argentina y miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, que ha participado muy activamente en numerosas discusiones con expertos de todo el mundo no solo sobre los riesgos, sino también sobre las oportunidades de la inteligencia artificial. En una de las últimas, en el mes de noviembre en el Vaticano, se habló de la necesidad de una ética para la creación y el diseño, antes de tener que ir a paliar los problemas que los usos de esa tecnología generan.&#160;“No está mal que haya jueces o normativas que los sancionan, pero el problema está en el origen. Por eso yo hablo mucho de la necesidad de un juramento hipocrático de los ingenieros y de los programadores, que, en definitiva, son los que después le pueden o no dar autonomía a los propios modelos que luego actúen sin intervención del ser humano”. Es fundamental un juramento hipocrático para los ingenieros y los programadores para regular éticamente desde el origen, antes de que las consecuencias se produzcan Su&#160;Atlas de Inteligencia Artificial para el desarrollo humano de América Latina y El Caribe,&#160;recoge algunas de las ideas de ese espacio de reflexión: “la necesidad de crear un marco regulatorio global vinculado a la IA, del establecimiento de reglas de juego claras y de un enfoque multidisciplinar que incluya un pacto social para la regulación”. El documento, explica, “es un recorrido y una carta de navegación sobre cinco continentes que tienen que ver con aspectos esenciales de la inteligencia artificial, involucrando la gobernanza el bien y la vida, la educación, la salud, los costes ambientales, los aspectos democráticos y, además, la infraestructura de producción de la inteligencia artificial, que baja hasta las entrañas de la tierra, los cables submarinos, los minerales raros y que condicionan la agenda geopolítica”. En el ámbito regulatorio, se observa en América Latina una “jungla que se manifiesta en la falta de un tratado global obligatorio con sanciones, que es lo que reclamaba el Papa Francisco”. Recoge también distintas iniciativas variadas que tienen que ver con las denuncias del extractivismo de datos o de minerales en el ámbito de las economías primarias. Y, por parte de la sociedad, hay todo un fenómeno que Béliz define como “rebelión de las masas”, y que está generado por la preocupación de padres, estudiantes y de jóvenes sobre las consecuencias de adicción y de salud mental que tienen las redes sociales. Todo ello, dice, es una oportunidad para hacer normativas inteligentes y que sean aplicables “para que no sea peor el remedio que la enfermedad”. Pero, en su opinión, falta una mirada industrial-digital estratégica que piense en una ética y una regulación para el origen, es decir en la creación y el desarrollo de los modelos de programación hechos, en muchos casos, para la adicción. Falta una mirada industrial-digital estratégica que piense en una ética y una regulación para el origen, es decir en la creación y el desarrollo de los modelos de programación hechos, en muchos casos, para la adicción El documento, muy gráfico e ilustrativo, está estructurado en cinco capítulos, que muestran los principales debates sobre la gobernanza de la IA:&#160;en el capítulo 1&#160;se habla de las regulaciones internacionales, riesgos existenciales y las estrategias y políticas regionales de IA;&#160;en el capítulo 2&#160;se traza los principales ejes sobre el rol de la infraestructura, la producción y el trabajo en la IA, con el aumento de la sustitución del trabajo y la robotización;&#160;el capítulo 3&#160;rastrea las principales aportaciones que la IA puede hacer en la salud y la educación: su impacto en los principales campos de la medicina, la salud mental y la biología; y los principales debates y usos de la IA para estudiantes, docentes y sistemas educativos;&#160;un cuarto capítulo&#160;aborda la doble cara de la relación entre la IA y el ambiente, tanto en las posibilidades que abre para</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/es-fundamental-un-juramento-hipocratico-para-los-ingenieros-y-los-programadores-para-regular-eticamente-desde-el-origen/">“Es fundamental un juramento hipocrático para los ingenieros y los programadores para regular éticamente desde el origen”</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Las sietes carpetas de Angelique</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Feb 2025 15:58:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros / Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética en la empresa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un relato sobre la ética en la empresa</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/las-sietes-carpetas-de-angelique/">Las sietes carpetas de Angelique</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>¿Puede la IA “hacer” teología?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Prof. Dr. Alfonso Novo Cid-Fuentes]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Feb 2024 10:06:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia artificial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una búsqueda en Google scholar de artículos con el tema “artificial intelligence and theology”, aun limitándose al año 2023, la lista de resultados ocupa varias páginas, aunque es verdad que no todos los resultados son igualmente pertinentes. Ética y antropología Muchos de ellos, de forma bastante previsible, se enfocan en temas de carácter ético y antropológico. La relevancia del tema en esos dos campos es comprensible, así como la intervinculación de ambos aspectos, ya que la mayor parte de la ética, y más específicamente de la moral cristiana, es antropocéntrica. O habría que precisar: es “todavía” antropocéntrica, ya que desde hace tiempo van ganando espacio modelos no recíprocos de ética, en los que se acentúa la responsabilidad del ser humano hacia el mundo de lo no humano, como los derechos de los animales o la protección de la naturaleza sin limitarse a las condiciones de habitabilidad para el hombre, yendo más allá del significado etimológico de la palabra “ecología”. Hace muchos años, en el programa televisivo de José María Íñigo, un humorista -quizá fuera Chumy Chúmez, pero es un recuerdo lejano y podría estar equivocado-, en plena moda de avistamientos extraterrestres, planteaba jocosamente, pero también seriamente, qué ocurriría si llegasen a nuestro planeta seres inteligentes con forma de vaca. ¿Sería ético tratarlos como alimento para nosotros? La pregunta de por qué lo humano merece ser protegido tiene difícil respuesta. No pocas veces se incurre en un modo circular de argumentación, cuando se fundamenta en una inasible dignidad humana, que, a su vez, se justifica por la consideración del ser humano como término y beneficiario de la acción moral. Para salir de tal circularidad, se puede recurrir a una o varias características de los humanos, que lo encumbrarían por encima del resto de seres de la naturaleza. La carta triunfante ha sido con frecuencia la racionalidad: el ser humano es digno de ser tutelado en virtud de su condición de ser inteligente. Ahora bien, esto plantea ulteriores problemas, de los cuales sólo enunciaremos unos pocos. De entrada, no hay un acuerdo en definir la inteligencia, y ni siquiera acerca de si es una cualidad exclusivamente humana. Superado el racionalismo cartesiano, así como el ilustrado, hoy sabemos que la inteligencia no es separable de la biología[1]. No hay un salto ontológico entre el animal autómata y el humano racional, sino que la racionalidad humana es también fruto de la evolución biológica; es un modo más complejo, pero homogéneo, de interacción con el medio. Si la inteligencia debe ser protegida, habría entonces que incluir en esa protección a los animales, al menos a aquellos que muestran capacidad de una interacción con nosotros que pueda considerarse al menos protointeligente. Por otra parte, hay humanos que no han logrado, temporal o definitivamente, un desarrollo de la inteligencia siquiera semejante al de un gran simio, por lo que sería menos destinatario de la atención ética general de lo que pueda serlo un bonobo o un chimpancé. Se podría llegar a la distopía de cuantificar la inteligencia como una magnitud mensurable que estableciese categorías entre humanos más o menos dignos. En todo caso, ¿por qué motivo ha de ser la inteligencia el factor que debe ser protegido? Es un error pensar que la inteligencia es en exclusiva lo que nos constituye en humanos. La naturaleza humana está formada por distintos estratos, que no son capas superpuestas, sino aspectos emergentes (con todas las cautelas necesarias al emplear este término). Quizá para ver qué nos hace humanos, ayudaría ver qué hace que dejemos de serlo. Habría que comenzar con el nivel ontológico: el ser humano existe. Es imposible adoptar una actitud de protección universal ante todo lo existente, por supuesto, pero hay que partir de ese dato. Toda forma de existencia creada es ontológicamente contingente, por lo que en este nivel podemos fijarnos en la fragilidad. La fragilidad no constituye un título de exigencia de preservación, desde luego, pero sí se encuentra en la base de su necesidad. El siguiente nivel sería el biológico. La vida lleva en sí misma la muerte. A medida que se multiplican los cromosomas, sus telómeros se van acortando, hasta llegar a un punto en que la reproducción se vuelve imposible. La vida, al menos la basada en células eucariotas, tiene sus días contados. Ello no quiere decir que algún día la ciencia no pueda revertir este proceso (sin multiplicar incontroladamente los tumores), y algunos se muestran optimistas al respecto. Utilizando un símil extraído de los viajes extraorbitales, se habla de “velocidad de escape de la longevidad”, esperando alcanzar y superar un punto de inflexión crítico, de tal modo que la ciencia pueda acrecentar la duración de la vida humana a un ritmo superior al que se deteriora por naturaleza. Pero al menos por ahora, la muerte es un fenómeno natural asociado a la existencia de vida. Por otro lado, la vida es frágil. Infinidad de causas pueden acabar con ella: infecciones, malformaciones, traumatismos, lesiones… De nuevo, esto no constituye una justificación de por qué es éticamente necesario, o al menos conveniente, tutelar la vida humana. Pero nos orienta hacia el modo en que, si hubiese que hacerlo, habría que implementar medidas protectoras. En tercer lugar, tenemos el plano sensitivo. Los seres vivos dotados de sensibilidad tienen una cierta percepción de la muerte. Pese al famoso epigrama de Erich Fried, un perro también sabe que muere (aunque no pueda decir que muere como un perro). Conocen y experimentan la muerte de los seres cercanos antes de presentir la propia. Esto convierte un hecho biológico en una experiencia vital, tanto más desgarradora cuanto más se asciende en la escala de la consciencia. Es en este plano de la sensibilidad donde se sitúa una franja importante del vegetarianismo éticamente motivado. Simplificando mucho, el argumento sería: hay que respetar o incluso proteger a todo ser con un sistema nervioso tal que le permita experimentar dolor y/o miedo; es decir, no dañar a quien pueda percibir el daño. En la cima de la escala de la</p>
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		<title>Diez años de la iniciativa BRAIN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Luis Trejo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Apr 2023 14:58:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Iniciativa BRAIN]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La iniciativa BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies) es un meritorio esfuerzo de investigación a gran escala lanzado por el gobierno de EE.UU. en 2013. Tenía como propósito cambiar el paradigma de cómo comprendemos el cerebro, aunando el trabajo de varias disciplinas, incluidas la neurociencia, la física, la ingeniería, la informática y las matemáticas. El objetivo inmediato era desarrollar nuevas tecnologías y herramientas para mapear, manipular y comprender el cerebro. Fue anunciada el 2 de abril de 2013 por el entonces presidente norteamericano Barack Obama, con la puesta en escena reservada para las grandes ocasiones. El proyecto ha estado financiado principalmente a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), que proporcionaron 110&#160;millones de dólares en el primer año de la iniciativa.&#160;&#160;En los años siguientes, otras agencias, incluida la Fundación Nacional de Ciencias (NSF), la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), también proporcionaron fondos para la iniciativa.&#160;&#160;Claramente, BRAIN arrancó como un esfuerzo de colaboración entre varias agencias e instituciones gubernamentales, con el objetivo de mejorar nuestra comprensión del cerebro y desarrollar nuevos tratamientos para los trastornos en Neurología y Psiquiatría[1]. Se cumplen ahora 10 años del inicio de este programa, y con este motivo, repasamos aquí su andadura durante esta década. Avances conseguidos Como dijimos, se trataba de aprender cómo funcionan los circuitos neuronales, cómo se ven afectados por las enfermedades y las lesiones, y cómo pueden manipularse para tratar trastornos neurológicos y psiquiátricos, todo lo cual se concretó de la siguiente manera[2]: 1) Herramientas para mapear y comprender el cerebro. Este fue siempre uno de los aspectos más destacados de BRAIN, incluyendo técnicas de imagen y grabación para visualizar y registrar la actividad de neuronas y circuitos neuronales individuales, así como manipular la actividad neuronal en tiempo real. Una amplia lista (no exhaustiva) de dichas herramientas puede enumerarse como sigue: a. Optogenética: técnica que utiliza luz para controlar la actividad neuronal, y permite manipular los circuitos neuronales en tiempo real. b. Imagen de calcio: un método para rastrear la actividad de las neuronas individualesmidiendo cambios en los niveles intracelulares de calcio. c. Electrodos múltiples: dispositivos que permiten a los investigadores registrar la actividad de múltiples neuronas simultáneamente. d. Resonancia magnética (MRI): una técnica de imagen no invasiva que permite a los investigadores visualizar la estructura y función del cerebro. 2) Comprensión holística de la función cerebral. Otro objetivo importante de la iniciativa BRAIN es desarrollar una comprensión integral de cómo funciona el cerebro, incluyendo estudiar la estructura y función de las neuronas individuales, así como también cómo están conectadas para formar circuitos neuronales que subyacen a la percepción, la cognición y el comportamiento. Para este objetivo, se está utilizando una combinación de imágenes, registro y técnicas computacionales para construir modelos detallados de circuitos neuronales y comprender cómo funcionan.&#160;Se espera así obtener nuevos conocimientos sobre los mecanismos que subyacen a la función cerebral. 3) Nuevos tratamientos para trastornos neurológicos y psiquiátricos. Utilizando los conocimientos adquiridos con el estudio del cerebro se pretenden desarrollar terapias, incluyendo el desarrollo de nuevos medicamentos que se dirijan a circuitos neuronales específicos o sistemas de neurotransmisores, así como el desarrollo de nuevas tecnologías para la estimulación cerebral profunda y otras formas de neuromodulación. Estos esfuerzos van dirigidos a la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, la esquizofrenia y la depresión, entre otras. A lo largo de estos años, BRAIN ha involucrado a&#160;miles de investigadores (incluyendo neurocientíficos, físicos, ingenieros, informáticos y matemáticos).&#160;&#160;Muchos de los nombres implicados son de sobra conocidos[3], como por ejemplo Rafael Yuste (Universidad de Columbia) que participó activamente en el lanzamiento de BRAIN; Karl Deisseroth (Universidad de Stanford) que desarrolló la optogenética, que ha sido una herramienta clave en el proyecto;&#160;Ed Boyden (Instituto Tecnológico de Massachusetts) que ha desarrollado varias herramientas nuevas para estudiar el cerebro, incluida la&#160;microscopía de expansión y la optogenética; Miyoung Chun (exvicepresidenta ejecutiva de programas científicos de la Fundación Kavli), activa en numerosos programas como proyectos científicos nacionales e internacionales, incluida la que ahora nos ocupa, así como la Iniciativa United Microbiome, el Proyecto Internacional del Cerebro y el Proyecto HUMAN; John Donoghue (Universidad de Brown) implicado en el desarrollo de interfaces cerebro-máquina y otras tecnologías para restaurar la función motora en personas con parálisis; Terrence Sejnowski (Instituto Salk de Estudios Biológicos) involucrado en el desarrollo de modelos computacionales de circuitos neuronales como parte de la Iniciativa BRAIN, etc. A fecha de hoy, hay numerosos avances que pueden considerarse fruto de esta iniciativa. Así, por ejemplo[4]: Retos pendientes Como no podía ser de otra forma en proyectos de la magnitud y la ambición de éste, también existen algunos aspectos que se han quedado sin realizar en estos 10 años. Por ejemplo, la identificación de circuitos neuronales involucrados en la coordinación de comportamientos complejos o procesos cognitivos clave están aún por revelarse. La integración de los datos de estos diferentes circuitos a distintos niveles de análisis no permite aún desarrollar una comprensión integral de las funciones cerebrales. Y en cuanto a las terapias, es de destacar que los avances producidos se centran en aproximaciones prometedoras de cara a futuros desarrollos, que, sin embargo, aún no palían ninguna de las sintomatologías originalmente objeto de este proyecto. Otro aspecto importante de la iniciativa BRAIN era la plasticidad cerebral (cómo el cerebro se adapta y cambia en respuesta a las experiencias y los factores ambientales).&#160;A este respecto, se ha producido un escaso avance de cómo aprovechar este conocimiento con fines terapéuticos. Por último, debemos destacar las implicaciones éticas y sociales de la Iniciativa BRAIN. Aunque volveremos sobre este asunto, adelantamos que incluyen cuestiones relativas a la privacidad, al consentimiento informado y a la equidad en el acceso a los nuevos tratamientos y tecnologías que vayan surgiendo. La relevancia de este programa de investigación nos lleva, indefectiblemente, a compararlo con otros programas similares que, por su entidad, cuantía, y ambición de objetivos, nos vienen inmediatamente a la mente. En particular, el Proyecto Cerebro Humano. Mientras BRAIN se centró principalmente, como</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/diez-anos-de-la-iniciativa-brain/">Diez años de la iniciativa BRAIN</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>La Inteligencia Artificial y su efecto como palanca de cambio en las democracias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vicente Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Jan 2023 15:19:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia artificial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Introducción En este, como en cualquier otro análisis político, debemos evitar las simplificaciones maniqueas habituales. En el mundo académico encontramos inmensidad de cuestiones relacionadas con la Inteligencia Artificial (IA). No es para menos, teniendo en cuenta que la IA se ha convertido en una combinación de algoritmos que está prácticamente en todas partes. Sin embargo, no somos conscientes de dicha presencia, no la percibimos, si algo o alguien no nos lo recuerda. Si bien es cierto que es más fácil detectar visualmente una carretera o un tren para llegar de un punto a otro, no podemos olvidar que también están presentes algoritmos que se encargan de indicarnos, por ejemplo, el transporte que deberíamos coger o por qué carretera deberíamos ir según nuestro patrón de desplazamientos y nuestras preferencias anteriormente mostradas. Nos encontramos ante una explosión sin fin de la IA. Una explosión cuya onda expansiva abarca prácticamente cualquier ámbito de nuestra vida diaria, especialmente desde el momento en el que desbloqueamos nuestros teléfonos móviles y nos disponemos a hacer cualquier gestión, ya sea a través de nuestra banca on-line o simplemente al pedir comida a domicilio. Pero no solo es una cuestión cuantitativa, también lo es cualitativa: el machine learning busca hacer predicciones y tomar decisiones, a la vez que realiza un proceso de aprendizaje automático. El impacto socioeconómico de la IA es evidente, plantea problemas serios de gobernanza, con claro impacto en la vida política de los Estados y de la comunidad internacional en su conjunto. “La gobernanza de los algoritmos y la reciente evolución de la IA indicarían un progresivo cuestionamiento de equilibrios democráticos básicos de nuestras comunidades políticas”, J. Ignacio Criado ¿Quién no conoce el caso del sistema de IA que discrimina a las personas de color en el ámbito jurídico en Estados Unidos? ¿O el sistema inteligente que ayudaba a la contratación de personal y que discriminaba por género? ¿O la influencia en procesos democráticos por algoritmos de recomendación que fomentan la polarización de la sociedad? ¿Escándalos de privacidad? ¿O los algoritmos opacos que buscan el fraude en prestaciones sociales? ¿Sesgos de género en la traducción automática? Y existe un largo etc. (OdiseIA 2022, 15). El profesor J. Ignacio Criado (2019) afirma que “la gobernanza de los algoritmos y la reciente evolución de la IA indicarían un progresivo cuestionamiento de equilibrios democráticos básicos de nuestras comunidades políticas”. Prosigue Criado poniendo como ejemplos “los problemas relacionados con las cámaras de eco polarizadoras y la difusión de noticias falsas en redes sociales”, un hecho que, como bien sabemos, ha generado un refuerzo de las posiciones políticas más extremas y que incluso ha tenido consecuencias en diferentes resultados electorales. En este contexto resulta imprescindible preguntarse: ¿la IA está mejorando nuestras administraciones públicas y los sistemas políticos o está llevándonos hacia un camino de crisis de legitimidad de las democracias? ¿Puede contribuir la IA a transformar los procesos de adopción de decisiones en el ámbito público? ¿Son más las oportunidades o los retos que plantea la activación de esta innovación en la Administración Pública? ¿Qué características debe tener la IA para aportar valor democrático a las administraciones públicas y contribuir a mejorar la legitimación del sistema? Sobre lo que no hay duda ninguna es que la IA actúa como palanca de cambio en los contextos políticos. Las dudas que surgen y el desconocimiento por parte de la mayoría de la población hacia la IA y su implementación en el ámbito público la convierte, en ocasiones, en algo que genera desconfianza o, incluso, rechazo. Es lo que García Mexía (2022) llama “ciberfatalismo”. Conviene hacerle frente con datos y análisis riguroso. En este artículo se pretende hacer un repaso de la situación de la IA en el ámbito público, de sus implicaciones éticas y del futuro más inmediato sobre esta cuestión. Administración Pública e Inteligencia Artificial La IA no es algo nuevo. Sus orígenes se remontan ya a varias décadas atrás y su campo de actuación se circunscribe a cualquier ámbito imaginable. Si bien es cierto que la utilización de la IA en el sector público es un hecho que crece exponencialmente, se encuentra, en numerosas ocasiones, en una situación incipiente o desconocida por lo que respecta a sus posibles usos y potencial transformador. El problema no son los algoritmos en sí mismos, sino la evolución de los avances que producen y que, en ocasiones, escapan a nuestro control. En el ámbito de la Administración Pública, la incorporación de algoritmos que prevean los comportamientos y patrones por parte de la ciudadanía en su relación con la Administración convierte a la IA en una herramienta modernizadora del sector público de primer orden. Obviamente, los algoritmos, que no son más que procesos complejos diseñados para la resolución más efectiva y eficiente de problemas, influyen en la acción de gobierno, una acción que se desarrolla a través de dispositivos y tecnologías que permiten la gestión y el control de datos, especialmente de aquellos que provienen de la ciudadanía (Criado, 2020). De esta forma, la incorporación de la IA en la gestión pública debería tener como principal consecuencia un cambio hacia un horizonte más innovador, más complejo y a la vez más efectivo y eficiente. Unos cambios que se pueden percibir a la hora de realizar contratos públicos, a la hora de contratar al personal, a la hora de elegir entre diferentes alternativas de políticas públicas y, cómo no, se trata de unos cambios que inciden en la relación entre ciudadanos y administraciones, especialmente en aquello relativo a las concesiones de licencias, ayudas o cualquier tipo de resolución de trámites administrativos. Las consecuencias del uso de la IA en la Administración Pública son importantísimas para el presente y el futuro de nuestras administraciones. “La incorporación de la IA en la gestión pública debería tener como principal consecuencia un cambio hacia un horizonte más innovador, más complejo y a la vez más efectivo y eficiente”. Como consecuencia de ello, hay distintas organizaciones internacionales que son conscientes de ello y que, además, apuestan claramente por la incorporación</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/la-inteligencia-artificial-y-su-efecto-como-palanca-de-cambio-en-las-democracias/">La Inteligencia Artificial y su efecto como palanca de cambio en las democracias</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>“El trabajo se transforma”: significado económico y preguntas éticas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Jan 2022 10:18:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Síntesis / Trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo Sugranyes]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Avezuela]]></category>
		<category><![CDATA[José Luis Zofío]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Síntesis de la sesión del 9 de diciembre de 2021</p>
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		<title>Una ética para la acción social</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2021 18:59:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Prat]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es hora ya de pensar lo social desde lo social y dotarnos de elementos de reflexión que nos ayuden a afrontar los conflictos éticos de un modo mejor contextualizado Ética para la acción social. Claves para pensar y resolver los conflictosFrancisco Prat. PPC. Madrid 2021, 156 págs. El libro -uno de los pocos que se han publicado hasta ahora sobre la materia- hace bueno el objetivo que su autor explicita en las páginas iniciales de su obra: persigue ser útil a educadores, voluntarios, directores de centros y servicios, psicólogos, trabajadores sociales y todo el variado crisol de personas que giran en la órbita de la intervención social. Lo es en su parte más teórica (pero siempre a pie de calle, con un lenguaje asequible y un estilo muy agradable) y lo es, sobre todo, en ese capítulo octavo dedicado a deliberar sobre 10 casos prácticos, múltiples y variados. En un colectivo en el que el tiempo es siempre un bien escaso y en el que no proliferan las ocasiones para pensar juntos los temas éticos, es un libro que vale la pena leer. Para quien no conozca a su autor, decir que Quico Prat lleva más de 25 años trabajando en entidades del ámbito de la intervención social (primero en el Centro San Camilo y en el Centro de Humanización de la Salud, actualmente es el responsable de formación de Cáritas Española) y ha hecho el Máster en Bioética de la Universidad Pontificia Comillas en su primera edición, que fue en donde yo lo conocí. Este no es, además, el primer libro que escribe: no puedo dejar sin mencionar su excelente Bioética en residencias. Problemas éticos en la asistencia a la persona mayor. Fantástico su mapa para orientarnos en la reflexión ética en la acción social, que presenta en la página 68 y desarrolla a lo largo de todo ese capítulo quinto. Como geniales son muchas de las preguntas con las que va sazonando su discurso, que dan para pensar mucho (a modo de ejemplo: si es en torno a los valores del cuidado como nos hacemos más plenamente humanos, ¿por qué no articulamos nuestra sociedad en torno a la ética del cuidar?). Qué decir de afirmaciones tan llenas de sentido como la siguiente: “El papel de la política y de los políticos es crear convergencia de intereses para el logro de metas y propósitos colectivos”. Hay un tema con el que, sin embargo, no estoy de acuerdo: su desconfianza hacia la Bioética, lo que él denomina “Bioética clásica”, y que le lleva a no titular su libro con este sustantivo. Es cierto que nuestra disciplina se desvió durante una larga época de las intuiciones iniciales de Potter y fue más una Bioética Clínica que otra cosa, centrada en los extremos y en la casuística. Pero también lo es que el propio Potter denunció abiertamente esa desviación tan pronto como la detectó, y muchos otros bioeticistas recogieron su testigo a lo largo de estos 50 años de historia de la disciplina: por ejemplo, Javier Gafo, con quien tanto Quico como yo nos formamos en la Universidad Pontificia Comillas, de tal manera que a día de hoy esta suspicacia debiera estar superada. Por eso le invito -lo he hecho de palabra y ahora lo hago desde estas líneas- a repensar el siguiente párrafo: “Sucede que, a la hora de pensar, muchas veces lo hacemos desde el mundo de la bioética, y no de la ética de la intervención social. Pero es hora ya de pensar lo social desde lo social y dotarnos de elementos de reflexión que nos ayuden a afrontar los conflictos éticos de un modo mejor contextualizado. Porque la bioética pone más el foco en deliberar sobre actos que se pueden hacer o no hacer, acciones que hay que emprender o dejar de emprender, tratamientos que hay que mantener o retirar. Y en lo social solemos movernos más en procesos, en itinerarios educativos, lo que nos sitúa en el medio y largo plazo. Y en ese plazo temporal las cosas no se ven de igual manera” (p. 47). La Bioética o es global y atiende a los procesos (en el corto, medio y largo plazo, en lo micro y lo macro, en lo local y en lo planetario) o no es fiel a su esencia y estaríamos entonces ante un sucedáneo o una falsificación (que de todo hay en la viña del Señor). Es importante subrayarlo en estos tiempos que corren, que han sido calificados certeramente como “la hora de la Bioética”: la crisis del COVID-19 y la crisis medioambiental demandan de nosotros una Bioética global, afectiva y efectiva.</p>
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		<title>La ética en el día a día del trabajo médico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teresa García García]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jul 2020 08:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Objeción de conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Oncología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Teresa García García, jefa de la sección de Oncología Médica del Hospital Universitario Santa Lucía de Cartagena, relata en este artículo el día a día de un oncólogo médico: “la deliberación ética está presente en casi todas nuestras decisiones”. Lunes 8:00 horas: Sesión clínica del Servicio. Comentamos los ingresos: Un paciente joven diagnosticado de cáncer de vía biliar metastásico en respuesta al tratamiento, viene a Urgencias por fiebre e insuficiencia respiratoria. PCR coronavirus negativo. Ingresa con tratamiento antibiótico: no se ha considerado candidato a tratamiento en UCI por tratarse de un paciente metastásico con un tumor de mal pronóstico, aunque esté respondiendo al tratamiento. Tampoco se le han preguntado sus preferencias, a pesar de ser un paciente luchador, que está recibiendo tratamiento experimental dentro de un ensayo clínico.&#160; Proporcionalidad del esfuerzo terapéutico, ajuste de recursos, autonomía del paciente.&#160; Lunes 8:45 horas: Comités de tumores. Hemos enviado al grupo de whatsapp los números de historia clínica de los pacientes a tratar, sin nombres ni datos, para preservar en lo posible la confidencialidad. &#160;En el Comité de Cabeza y Cuello se presenta el caso de un paciente con un cáncer de laringe localizado; se plantea cirugía o radioterapia radical. Recomendación: explicar las alternativas, con sus ventajas e inconvenientes, y que elija el paciente. &#160;Adecuación riesgo-beneficio, autonomía. En el Comité de Digestivo hablamos sobre un paciente con anemia y sangre oculta en heces, colonoscopia solicitada en febrero, realizada post-COVID en mayo, adenocarcinoma de sigma con ¡ay! metástasis hepáticas. Recomendación: quimioterapia, y valorar cirugía si hay respuesta. ¿Ha influido la espera en el avance del tumor? Posiblemente. Ahora ya da igual. ¿Haremos algo al respecto? &#160;Además, el paciente rechaza transfusiones por motivos de conciencia. No se operará en ningún Hospital de nuestra Comunidad Autónoma porque los servicios de Cirugía y Anestesia, al completo, no operan a estos pacientes. ¿Objeción de conciencia colectiva? frente a la autonomía del paciente de rechazar un potencial tratamiento de soporte incluso a riesgo de su vida. Lunes 9:30 horas: Interconsulta hospitalaria. Paciente de 84 años con comorbilidad cardiovascular importante, ingresado en Medicina Interna por ictericia obstructiva, una masa en páncreas y metástasis hepáticas. Valorar si será candidato a algún tratamiento por nuestra parte antes de decidir si biopsiar el tumor o incluso realizar un drenaje biliar descompresivo. El paciente no conoce el diagnóstico y los familiares no desean que lo sepa. Proporcionalidad del esfuerzo terapéutico, derecho y deber de informar para una decisión compartida autónoma que puede prolongar la vida unos meses o quizá complicarla. Lunes 10:00 horas: Empiezo la consulta con retraso. Veintitrés pacientes citados, 12 minutos por paciente, que serán 20 minutos mínimo. Otro día que acabaré “voluntariamente” a las 16:30 horas, si el programa informático no se “cuelga”, y llegaré a casa a las 17 horas o más tarde, sin comer y “fundida”.&#160; ¿Subo un momento a ver a mi paciente ingresado? Lo han atendido ya los compañeros de planta, pero él desea verme a mí, su oncólogo habitual. Será una conversación con él y sus familiares, mínimo veinte minutos más… y los niños esperando, íbamos a ver a los abuelos y luego a comprar ropa… Compromiso y responsabilidad con el paciente frente a compromisos familiares. La injusticia del trabajo no remunerado. Lunes 11:00 horas:&#160; Primera interrupción. He podido ver a 4 pacientes sin tropiezos. Los familiares del paciente que enviamos a Cirugía para operar un cáncer de esófago tras quimio-radioterapia están fuera: se ha operado hoy y no han podido extirpar el tumor porque se ha detectado una progresión ganglionar inesperada. Están desolados y quieren hablar. La esposa y todos los hijos, uno de ellos compañero médico. ¿Les hago que vuelvan al final de la consulta, a pesar de su ansiedad? Voy con retraso y Farmacia y Enfermería esperan que confirme los tratamientos. ¿Intento tranquilizarlos y ya hablaremos, o planteo claramente el mal pronóstico? Decisión intermedia: “Tranquilos, que se recupere y ya veremos”. Al compañero: “Pásate luego y hablamos, o llámame. A las tres y media o así”. Compromiso y responsabilidad con el paciente. Consideración con los compañeros. (…) Lunes 13:15 horas: &#160;Enésima interrupción. Me llaman de Dirección: quieren que hablemos junto con Farmacia sobre el tratamiento “de alto impacto económico” que he solicitado “fuera de ficha técnica” para un paciente; es un tratamiento con alguna probabilidad de beneficio (¡siempre escasa!) según dos ensayos clínicos recientes, y con menos riesgo de efectos secundarios que la alternativa. Pero aún no está aprobado oficialmente. Tampoco la alternativa. El cáncer del paciente ya ha progresado a las líneas de tratamiento estándares, y el estado general sigue siendo excelente. Ya hemos hablado de participar en un ensayo clínico en otra Comunidad Autónoma, pero no hemos encontrado ninguno para esta indicación.&#160; Subo y hablamos, las pegas habituales: ¿hasta qué punto el posible beneficio (escaso) justifica el gasto?&#160; Recursos limitados, distribución justa. Lunes 14:00 horas: Continúo la consulta. He citado a última hora a un paciente y sus familiares, tengo que darle malas noticias pues en el ingreso reciente la TAC mostró progresión de la enfermedad, no quedan alternativas terapéuticas y además el estado general se ha deteriorado. Tenemos que hablar sobre la planificación de los cuidados. Este paciente siempre ha querido información clara y participación activa en la toma de decisiones. ¡Uff! trago saliva, rezo por dentro y le llamo. 30 minutos de conversación. Veracidad, información asumible, toma de decisiones, planificación de cuidados, soporte paliativo y psicológico, continuidad de la atención, evitar la sensación de abandono… (…) En las relaciones humanas no existen actos éticamente neutros. &#160;Siempre hay una posibilidad de actuación mejor o peor, sea por la corrección del acto en sí, sea por las intenciones, o el desinterés, o el respeto, o la delicadeza con que se considera al otro. En la práctica sanitaria, realizada por personas y para personas, siempre con un cierto desequilibrio entre la persona necesitada de cuidados y la que cuida, cualquiera de los aspectos del trabajo está -o debería estar- impregnado de sensibilidad ética. Y hablando en concreto del trabajo médico, casi</p>
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		<title>La importancia de la fundamentación en Bioética</title>
		<link>https://fpablovi.org/la-importancia-de-la-fundamentacion-en-bioetica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Apr 2019 06:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Óscar Vergara Lacalle]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El principio de que aquí se parte es que las decisiones morales no son más fáciles de tomar que las puramente diagnósticas o terapéuticas No abundan en el panorama bioético español las obras sobre la fundamentación de nuestra disciplina. Parece que somos más dados a dilucidar los temas concretos, lo otro lo vemos como algo “muy filosófico” y poco útil, como si estuviéramos debatiendo sobre el sexo de los ángeles. Y todo ello a pesar de que, en los inicios mismos de la Bioética en nuestro ámbito, el profesor Diego Gracia nos dejó bien avisados en su monumental Fundamentos de Bioética. Corría el año 1989 y Diego escribía: “A los médicos y sanitarios les costará trabajo asumir este libro como propio. El clínico desea, por lo general, respuestas rápidas y concretas a sus problemas, razón por la que es reacio a este tipo de fundamentaciones. Personalmente considero un error grave, que al final se paga caro, el intento de resolver los problemas prácticos y concretos sin un previo trabajo de fundamentación. Es como si se quisiera saber Fisiopatología sin haber estudiado antes Fisiología, o Patología molecular sin aprender antes Biología molecular. Cuando la clínica no tiene una base científica firme, acaba convirtiéndose en actividad meramente rutinaria. Por eso he creído preciso iniciar este Tratado de Bioética Médica con un volumen de Bioética fundamental. Preveo que no va a resultar de fácil lectura para el estudiante de medicina o el médico, pero pienso que tampoco lo es un tratado de Anatomía, de Fisiología o de Bioquímica. Y no me parece que el problema de fundamentación de los juicios morales sea menor o más sencillo que aquel con que se enfrentan esas diferentes disciplinas”. A lo que añadía: “El principio de que aquí se parte es que las decisiones morales no son más fáciles de tomar que las puramente diagnósticas o terapéuticas. Como en éstas, se necesita de sólidos fundamentos y amplia práctica. La práctica que no se fundamenta en una sólida investigación de los fundamentos teóricos no merece ninguna confianza. El tomar decisiones morales meramente tácticas, sin una referencia rigurosa a los fundamentos, tiene en ética un nombre casi insultante, ‘decisionismo’. Hay que aprender a tomar decisiones morales, pero sin caer en el ‘decisionismo’. Por eso tiene importancia que primero nos planteemos con todo rigor el tema de los fundamentos. Para nadie que quiera aprender a tomar decisiones, el estudio de los temas de fundamentación será tiempo perdido; todo lo contrario, le evitará la comisión de muchos errores graves. Consciente de ello, he pretendido escribir un libro sin concesiones. Al redactarlo he tenido siempre delante la imagen no de un lector sino de un estudiante. Este es más un libro de estudio que de lectura” (págs. 12-13). Una herramienta para el discernimiento Las afirmaciones ahí vertidas conservan, 30 años después, su plena actualidad y serían motivo más que suficiente para saludar con gozo la aparición del libro de Óscar Vergara Lacalle, Método y razón práctica en la ética biomédica (Editorial Comares, Granada 2018, 157 páginas). Pero, además, este profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de A Coruña nos ofrece un trabajo de mucha calidad y un instrumento útil para ayudarnos a valorar y discernir entre las diferentes propuestas de fundamentación que existen. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra (1994) y Doctor en Derecho por la Universidad de A Coruña (2003), desde el año 2014 viene interesándome cada vez más por la Bioética, su fundamentación, así como las relaciones entre esta disciplina y el Derecho. Es también miembro del Grupo de Bioética del Hospital Quirón-A Coruña. Analiza con una perspectiva crítica las dos metodologías más influyentes hasta este momento en la Bioética mundial, el principialismo y el casuismo, así como los dos enfoques que han nacido para tratar de dar solución a alguna de sus carencias o límites, la hermenéutica y la narrativa. Pero el autor no se queda ahí, sino que va más allá en su análisis y nos ofrece un último capítulo dedicado al concepto de razón práctica y al papel que ésta tiene y debe tener en el ámbito biomédico. Cada uno de estos cinco capítulos finaliza con un breve apartado de recapitulación, sumamente didáctico. El libro se completa con un epílogo en el que expresa sintéticamente en cuatro ideas generales su contenido: Mucho me temo que las importantes y atinadas reflexiones, algunas discutibles, qué duda cabe, pero todas ellas bien documentadas y además formuladas con una buena prosa, que se nos ofrecen en este libro no lleguen a sus destinatarios últimos, que no son otros que los clínicos y principalmente aquellos que forman parte de un Comité de Ética Asistencial en alguno de nuestros hospitales. No es una obra para la academia, ni mucho menos. Pero, como señalé al principio, el arduo esfuerzo de la fundamentación no seduce, no atrae. Motivo mayor para felicitar y agradecer al autor y a la editorial su compromiso con la causa, que no es otra que mejorar la calidad moral de nuestras instituciones sanitarias y de quienes trabajan en ellas. Quiero terminar este comentario recogiendo algunas de las líneas finales del capítulo quinto. En mi opinión condensan de manera magistral la intención y el pensamiento del autor de la obra. Dicen así: “Querer el bien es el camino que conduce a saber algo sobre el bien. No es posible saber en qué consiste el bien si antes no se lo quiere; esto es, si antes uno no se ha decidido por el bien, si no se ha empeñado o comprometido con él. Solo el hombre bueno se traza fines buenos. El bien se muestra solo al sujeto que ha hecho esta elección radical”. Según esto, “el profesional sanitario que busque la verdad práctica no va a encontrarla en ningún tratado de ética. Tampoco a través de la axiología, por medio de la captación o selección teórica de una serie de valores. Ni siquiera va a poder hacerlo a través de una metodología, como las analizadas en este</p>
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		<title>Comités de Ética y consultores clínicos, ¿complemento o alternativa en la ética asistencial?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Sep 2017 13:33:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Comités de ética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El pasado 13 de septiembre tuvo lugar en Barcelona el seminario Comités de Ética y consultores clínicos, organizado por la Fundación Víctor Grífols i Lucas. El encuentro contó con la participación de ponentes internacionales y representantes de comités de ética de distintos centros sanitarios así como de otros profesionales que pudieron contrastar los dos modelos de consultoría ética existentes. Pablo Hernando, miembro del CEA de la Corporación Sanitària Parc Taulí, presentó la ponencia “Los CEAS en España: de dónde venimos y hacia dónde vamos”. Los Comités de Ética Asistencial (CEA) se empezaron a implementar en España a partir de los años 90, impulsados por los profesionales asistenciales que encontraron el respaldo adecuado en las autoridades sanitarias, responsables de su regulación y acreditación. En USA, fueron juristas y políticos quienes aconsejaron su creación a fínales de los 70 y principios de los 80, pero ya desde el primer momento algunas instituciones sanitarias optaron por la figura del consultor en bioética, constituyéndose en 1987 la Society for Bioethics Consultation. Tras exponer el estado actual de los comités en España, Joseph J. Fins, médico del New York Presbiterian Hospital y Juan Pablo Beca, profesor de la facultad de Medicina de la Clínica Alemana, dedicaron sus ponencias a contrastar los distintos modelos existentes de consultoría clínica y a exponer las propias experiencias en sus respectivos países. Tradicionalmente los impulsores del modelo de consulta lo perciben como más próximo y similar al proceso de decisión clínica. El consultor no deja de ser un especialista más cuya función es ayudar en la toma de decisiones cuando los problemas son de índole moral. En ocasiones, consideran a los CEA como órganos burocráticos, no siempre accesibles, y ajenos a los servicios y unidades asistenciales en las que se deciden las cuestiones clínicas relevantes. Por otra parte, para quienes conciben la bioética como un diálogo interdisciplinar, la figura del consultor plantea cuestiones tan relevantes como son su perfil académico y su formación y otras relativas a su autonomía respecto a la institución que le contrata, situación que también afecta a los CEA. Ambos expertos, Fins y Beca, destacaron la necesidad de acreditar la figura del consultor. También coincidieron en que ambos modelos no son excluyentes, sino todo lo contrario: son complementarios y precisan convivencia. Ejemplo de ello es la gestión de consultas éticas que realizan en el New York Prebiterian Hospital y la Clínica Alemana de Santiago de Chile donde, pese a las diferencias organizativas de ambos centros, la figura del consultor se ha convertido en imprescindible. Agiliza la gestión de las consultas y deriva al comité la discusión de los casos más complejos. Joseph Fins escribió recientemente un artículo en Médicos y Pacientes en el que explicaba el modelo que siguen en el New York Presbiterian Hospital[1]. Tras las aportaciones de Fins y Beca, el seminario prosiguió con profesionales de nuestro entorno que aportaron la experiencia en los centros sanitarios. Participó Benjamín Herreros, director del Instituto Ética Clínica Francisco Vallés; Màrius Morlans, vicepresidente del Comité de Bioética de Cataluña; Eduard Prats, exdirector de docencia y bioética del grupo Sagessa y Begoña Román, presidenta del Comité de Servicios Sociales de Cataluña. Sin duda el seminario permitió abordar un gran número de cuestiones referentes a los modelos de consultoría en ética clínica y compartir experiencias para poder enriquecer la resolución de las consultas éticas en los entornos sanitarios y asistenciales. La Fundación Víctor Grífols i Lucas editará próximamente una monografía con las aportaciones de todos los ponentes dentro de su colección editorial Cuadernos de la Fundació Víctor Grífols i Lucas. Estará disponible para descarga en pdf y podrán solicitarse ejemplares impresos. [1] http://www.medicosypacientes.com/opinion/dr-joseph-j-fins-los-comites-eticos-los-consultores-clinicos-y-la-convivencia</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/comites-de-etica-y-consultores-clinicos-complemento-o-alternativa-en-la-etica-asistencial/">Comités de Ética y consultores clínicos, ¿complemento o alternativa en la ética asistencial?</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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