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	<title>Eutanasia archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>Eutanasia archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>En años hemos superado como “alumnos aventajados” a países como Holanda, al practicar la eutanasia a enfermos mentales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 10:48:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[13TV]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se cumplen cinco años de la Ley de Eutanasia y las cifras oficiales de las que hablan Gobierno y Comunidades Autónomas sitúan el número de personas que se han acogido a la ley en 1.668 personas desde su entrada en vigor, de las cuales más de un tercio, más concretamente 565, se realizaron en el año 2025. Los datos de solicitudes hablan también de un aumento sustancioso en el último año, 1.284 de ellas en 2025, casi la mitad de todo el período: han sido 3.716 solicitudes en total desde que se aprobó la ley. Unas cifras que muestran la rápida evolución de esta asistencia en pocos años, usada como recurso principalmente ante enfermedades neurológicas y oncológicas. Pero, también, y eso es lo que nos sitúa “como alumnos aventajados en la cultura de la muerte de la que hablaba Juan Pablo II”, ante problemas de salud mental, como ocurrió hace meses con Noelia Castillo. Así lo ha manifestado el coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, José Ramón Amor Pan, este jueves en el programa Ecclesia al Dia de TRECE. En Holanda, primer país europeo en legalizar la eutanasia, en el año 2002, esta situación tardó años en producirse, mientras que, en España, en menos de 5, ya la estamos ofreciendo y practicando en enfermos mentales, “con una velocidad absolutamente de crucero, con sucesivas ampliaciones de la normativa legal”, advierte Amor Pan. A esto se suma la ausencia de una alternativa adecuada, que sería la de los cuidados paliativos. “Tenemos muy buenos profesionales, tanto en las unidades hospitalarias como en las unidades de hospitalización a domicilio, pero faltan muchos recursos, por lo que solo podemos llegar a un tercio de los posibles receptores”, explica. Esto significa entonces que las personas que solicitan la eutanasia “no lo están haciendo con una autonomía real”, puesto que al sufrimiento físico o mental que padecen se suma un sufrimiento existencial, emocional o espiritual por la falta de cuidados adecuados y por las dificultades de acompañamiento de las propias familias. En este sentido, el coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia llama a la reflexión sobre la atención que estamos prestando también como sociedad a los mayores y enfermos crónicos. “Conviene recordar que el sufrimiento no se produce solo en los últimos días de la vida, sino que se viene incubando desde hace años. Por eso, es difícil dar una estadística real de los motivos por los que se pide la eutanasia. Hay personas quizá con un dolor físico idéntico al de la cama de al lado que son capaces de tirar para adelante porque tienen un buen soporte emocional, familiar y espiritual en un sentido amplio del término”. Por eso, propone un abordaje interdisciplinar del cuidado desde aquellos entornos donde hay un gran margen de mejora: familia, entramado social y la propia Iglesia, desde donde “debemos dedicarnos con intensidad para tratar de ofrecer, desde el voluntariado y desde nuestra pastoral de la salud, ese soporte emocional de compañía y de acompañamiento para que nadie pueda pedir la eutanasia porque haya generado un dolor total más allá del dolor físico que pueda tener”. Durante su intervención, habló también de la objeción de conciencia. Aunque reconoció la protección de este derecho para aquellos sanitarios que no quieren practicar la eutanasia habló también de la discriminación que supone exigir que haya “un registro nacional de objetores de conciencia y no un registro de profesionales sanitarios que están dispuestos a participar en la práctica tanto de suicidio médicamente asistido como de la eutanasia”. Esto es, en fondo y forma, “una discrepancia ética”.</p>
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		<title>Un fracaso colectivo</title>
		<link>https://fpablovi.org/un-fracaso-colectivo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 07:19:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Yo simplemente quiero irme en paz y dejar de sufrir”: ayer, a las seis de la tarde, la joven de 25 años Noelia Castillo veía cumplido su deseo. Esta terrible historia ha demostrado que quienes utilizábamos el argumento de la pendiente resbaladiza para oponernos a la legalización de la eutanasia no estábamos equivocados. La eutanasia empieza presentándose como algo excepcional y muy limitado, para luego normalizarlo y, poco a poco, ir ampliando los supuestos a los que se puede aplicar. Se vio en Países Bajos y se ve ahora en nuestro país: hoy termina aplicándose a personas jóvenes con problemas de salud mental y, en no pocos casos, claramente desatendidas. El caso de Noelia se remonta a 2024, cuando la joven, con paraplejia tras un intento de suicidio, diagnosticada con trastorno límite de la personalidad y trastorno obsesivo compulsivo, solicitó la muerte asistida, que fue avalada por la Comisión de Garantía y Evaluación de la Generalitat de Cataluña (hay una en cada comunidad autónoma, así como en las ciudades de Ceuta y Melilla). Su aplicación estaba prevista para el 2 de agosto de ese año, pero sucesivos procesos judiciales incoados por su padre (juzgado de Barcelona, Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Tribunal Europeo de Derechos Humanos) lograron retrasarla hasta ayer. Con 13 años, tras el divorcio de sus padres, Noelia pasó a ser tutelada por la Generalitat de Cataluña y a vivir en un centro de menores hasta los 18 años. Con 21 años fue víctima de una agresión sexual múltiple, tras lo cual intentó suicidarse tirándose desde un quinto piso. “Siempre me he sentido sola porque nunca me he sentido comprendida y nunca han empatizado conmigo. Siempre he tenido problemas de convivencia. Antes de pedir la eutanasia yo veía mi mundo y mi final muy oscuro. No tenía ni objetivos, ni nada. Sí me gustaba mucho maquillarme, hacer la manicura… me gustan muchas cosas, pero no tenía ni metas y sigo sin tener. Lo veo todo muy oscuro. No tengo ganas de nada. Ni de salir, ni de comer, ni de hacer nada. El dormir se me hace muy difícil. Además, tengo dolor de espalda y de piernas. Por fin lo he conseguido y a ver si puedo descansar porque no puedo más con esta familia, con los dolores y con todo lo que me atormenta en la cabeza de lo que he vivido”, contó unos días antes en una entrevista televisiva en el programa Y ahora Sonsoles de Antena 3. Es en estas declaraciones en las que yo sustento el título de esta columna de opinión: creo, sinceramente, que no le hemos proporcionado el soporte que Noelia necesitaba, ni su familia ni el conjunto de la sociedad, y, por ello, hablo de fracaso colectivo. Y recuerdo unas palabras de Victoria Camps: “Debemos avanzar hacia una sociedad cuidadora. Una sociedad donde los más desvalidos no se sientan abandonados, una sociedad menos arrogante, en la que sus miembros, sin excepciones ni dispensas de ningún tipo, estén dispuestos a hacerse cargo de la contingencia humana en todas sus manifestaciones” (Tiempo de cuidados, pág. 52). Claramente, por sus declaraciones, Noelia se ha sentido muy abandonada. “Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas”, escribió el Papa Francisco en el número 64 de su encíclica Fratelli tutti (Roma 2020). Lo sucedido, insisto, no es un triunfo de la libertad sino el fracaso de una sociedad que no sabe acompañar el sufrimiento. El caso de Noelia, en mi opinión, no es para celebrarse como un progreso social y moral sino para llorar como un estrepitoso fracaso colectivo. En la entrevista mencionada, dijo algo que a mí me heló la sangre: “No me gusta nada por qué camino va la sociedad, el mundo, yo prefiero desaparecer. Va cada vez a peor”. El preceptivo informe médico-forense avaló que sus padecimientos son graves, crónicos, constantes e imposibilitantes, además de no existir posibilidad de mejora, requisitos que la ley prevé para que la eutanasia pueda aplicarse. Me parece mucho decir que “no existe posibilidad de mejora”. ¿Conocen dichos forenses la estimulación magnética transcraneal repetitiva, los buenos resultados que está dando y, sobre todo, la evidencia científica que permite soñar con éxitos mayores en el corto plazo? ¿Se le aplicó o por lo menos se le ofreció a Noelia este recurso terapéutico? Recordemos que se trata de un procedimiento no invasivo que utiliza pulsos magnéticos para modular la actividad neuronal en áreas específicas del cerebro. Es indoloro y seguro (pocos efectos secundarios, y los que ocurren suelen ser leves y transitorios). Está indicado en los casos de depresión que no responden a otros tratamientos (antidepresivos, psicoterapia), en el trastorno obsesivo-compulsivo, en el trastorno de estrés postraumático y también para reducir el dolor crónico (como el dolor neuropático y la fibromialgia). Apuntes finales ¿Se puede estar por la prevención del suicidio y, a la vez, por la promoción de la eutanasia? Recordemos que la urgencia de actuar para prevenir los suicidios ha sido reconocida y priorizada al más alto nivel, como subraya la Organización Mundial de la Salud. Así, la reducción de la tasa de suicidios es un indicador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (el único relativo a la salud mental), el Programa General de Trabajo de la OMS y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 de la OMS. En 2014 la OMS publicó su primer informe mundial sobre esta cuestión, titulado, precisamente, Prevención del suicidio: un imperativo global. El objetivo declarado era el de aumentar la sensibilización respecto de la relevancia del suicidio y los intentos de suicidio como problemas de salud pública, así como la necesidad de priorizar al máximo su prevención en los programas mundiales de salud pública. Además, con este informe se procuró alentar y ayudar a los países a elaborar o reforzar estrategias integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/un-fracaso-colectivo/">Un fracaso colectivo</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Informe de evaluación anual 2023 sobre la prestación de ayuda para morir: todavía es posible la esperanza</title>
		<link>https://fpablovi.org/informe-de-evaluacion-anual-2023-sobre-la-prestacion-de-ayuda-para-morir-todavia-es-posible-la-esperanza/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2024 09:12:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[Objeción de conciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Ministerio de Sanidad publicó ayer el informe de evaluación anual sobre la prestación de ayuda para morir en España correspondiente al año pasado. Conviene recordar, antes de nada, que la Ley orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia (que entró en vigor el 25 de junio de ese mismo año) se refiere con la denominación “prestación de ayuda para morir” tanto a la eutanasia como al suicidio médicamente asistido. El informe revela que durante el año pasado se registraron 766 solicitudes de ayuda para morir, es decir, un 24,8% más de solicitudes que el año anterior. Este es el dato relevante para el Gobierno, dado el titular de la nota que emitió La Moncloa: “Cerca de un 25% más de solicitudes de eutanasia en 2023 que en el año anterior”. En cambio, para mí el dato verdaderamente destacable del informe es este otro: “Desde la implementación de la LORE, la tasa de mortalidad por eutanasia ha sido del 0,0166% en 2021, del 0,0622% en 2022 y del 0,0767% en 2023. Estos datos reflejan un muy lento crecimiento progresivo en la tasa de mortalidad por eutanasia desde el inicio de la aplicación de esta prestación”. Un dato que contrasta palmariamente con lo señalado en las dos primeras líneas de la ley: “La presente Ley pretende dar una respuesta jurídica, sistemática, equilibrada y garantista, a una demanda sostenida de la sociedad actual como es la eutanasia”. Este era un mantra que los representantes de la Asociación Derecho a Morir Dignamente no se cansaban de repetir. La realidad, que suele ser muy tozuda, nos ha dado la razón a quienes sosteníamos que no era una demanda de la sociedad española y sí una cuestión con un fuerte contenido ideológico (como lo evidenció el hecho de que la ley se tramitase cuando todavía no habíamos salido de la pandemia y, también, el exiguo periodo para su entrada en vigor). A este respecto, en el apartado de conclusiones los autores del informe se permiten decir lo siguiente: “El acceso a la eutanasia podría estar limitado por factores como el desconocimiento de la prestación o la falta de información entre la ciudadanía. Además, la disponibilidad de profesionales suficientemente formados, con tiempo y la objeción de conciencia de algunos sanitarios pueden dificultar el acceso a la prestación” (p. 48). ¿Realmente alguien se cree que en nuestro país hay desconocimiento acerca de que es legal pedir la eutanasia? ¿Resulta ético intentar echar la culpa de las pocas peticiones de eutanasia a los objetores de conciencia? Y lo que ya es del todo punto cínico es reconocer, ahora, que para hacer bien las cosas hace falta tiempo y formación: se les avisó de todo ello en sede parlamentaria durante la tramitación de la ley, incluso por algún senador que iba a votar favorablemente. Otros datos de interés El perfil más común de las personas solicitantes sigue siendo el de personas enfermas entre 70 y 79 años, principalmente con enfermedades oncológicas y neurológicas. De las 766 solicitudes, se llevaron a cabo 334 prestaciones. Un 25% de las personas solicitantes fallecieron antes de resolverse su solicitud; un 3% cambiaron de opinión; el número de solicitudes denegadas fue del 24%. También resulta interesante conocer la distribución de esas 766 solicitudes de eutanasia registradas en todo el territorio nacional: Estos datos -por sí solos- darían para un comentario extenso, para el que no disponemos de espacio. Apunto sólo una cosa: donde el sentido comunitario de la vida humana está más arraigado, la eutanasia y el suicidio médicamente asistido crecen menos. Creo que todavía es posible la esperanza. Los discursos apocalípticos no sirven para nada, no seducen, no mueven conciencias y corazones. Debemos trabajar en positivo por construir una sociedad auténticamente inclusiva, de la que los enfermos graves y las personas en situación de dependencia se sientan parte y no excluidos. Y, para ello, hay que emplear recursos y energía para proporcionar los apoyos necesarios a todos ellos, garantizando los cuidados paliativos y la atención a la dependencia en tiempo y forma a todas las personas que los necesiten.</p>
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		<title>Dignitas infinita</title>
		<link>https://fpablovi.org/dignitas-infinita/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dicasterio para la Doctrina de la Fe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2024 16:38:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa Sede-Dicasterios]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[Dignidad humana]]></category>
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		<category><![CDATA[Trata de personas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la dignidad humana</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/dignitas-infinita/">Dignitas infinita</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Eclipse del valor de la vida: a propósito de la eutanasia para niños</title>
		<link>https://fpablovi.org/eclipse-del-valor-de-la-vida-a-proposito-de-la-eutanasia-para-ninos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Apr 2023 08:04:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estos días, de manera espontánea, vinieron a mi memoria estas palabras de Juan Pablo II: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!” (Evangelium vitae, n. 5). Países Bajos aprobó el 14 de abril la eutanasia para niños de menos de 12 años[1]. Esta práctica ya estaba en vigor desde hace tiempo para los niños de más de 12 años. Eso sí, resulta curioso que no quieren hablar de eutanasia y le han llamado “terminación activa de la vida”. Por esta razón su ministro de sanidad dice que esta decisión no supone una ampliación de la ley de eutanasia (en vigor allí desde 2002) y que, por consiguiente, no necesita aprobación parlamentaria. A bote pronto me surge una pregunta: ¿Para qué queremos el Parlamento, si con el Ejecutivo parece ser suficiente? Y a renglón seguido me pregunto también si esto es verdaderamente democrático. Más allá de esa cuestión, no menor, por supuesto, me sorprende y me indigna por partes iguales la facilidad que tienen los políticos actuales para retorcer el lenguaje y tratar de hacernos comulgar con ruedas de molino a base de eufemismos, circunloquios, medias verdades e incluso mentiras obvias, algo que venimos observando también en nuestro país. Digan lo que digan, estamos clarísimamente en una pendiente resbaladiza y vamos sin control: primero fue la eutanasia para enfermos terminales, luego para crónicos, un poco después se incluyeron los niños a partir de 12 años y los enfermos psiquiátricos, ahora los niños menores de 12 años y pronto llegará la eutanasia por cansancio vital para los ancianos sanos. Un dato significativo: el año pasado las eutanasias practicadas en Países Bajos aumentaron un 13,7% y suponen ya el 5,1% del total de muertes. Si hace unos días me quejaba aquí mismo porque la Fundación BBVA le concedía un premio a Peter Singer, el filósofo que dice que matar a un recién nacido con discapacidad es éticamente correcto, ahora manifiesto mi horror porque es un Gobierno de un país avanzado y desarrollado en lo económico e intelectual quien lo dice. En definitiva, se vuelve a considerar que existen vidas indignas de ser vividas. Algo que ya se afirmó hace cien años y que desembocó en el nazismo. Por desgracia, si ya resultaba certera en 1995 la afirmación de Juan Pablo II de que “este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando”, hoy en día resulta del todo evidente. Es, como señalaba el papa, “un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral”. Todo el recorrido ético que habíamos realizado como Humanidad desde el final de la segunda guerra mundial está siendo impugnado, desmontado pieza a pieza. El silencio cómplice, la banalidad del mal como modo de existencia, alimenta la injusticia. Es trágico que el pensamiento antropológico disyuntivo y reductor y el utilitarismo como paradigma ético omnipresente estén rigiendo la política de nuestros estados. ¿De qué recursos intelectuales, morales y políticos disponemos para redirigir nuestro propósito hacia una vida buena para todos? Una vida buena para todos. Este es el quid de la cuestión. Diseñar la Bioética desde la compasión es el verdadero camino, el único camino. Una compasión que pasa no por matar al que sufre, sino por acoger, cuidar y acompañar la fragilidad y la vulnerabilidad con profundo respeto y sentido verdadero de la dignidad humana  [1] Países Bajos regula la terminación activa de la vida de los niños entre 1 y 12 años con enfermedades incurables, grandes sufrimientos y una muerte cercana &#160;</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/eclipse-del-valor-de-la-vida-a-proposito-de-la-eutanasia-para-ninos/">Eclipse del valor de la vida: a propósito de la eutanasia para niños</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Teresa García: “como médicos, nuestra tarea es intentar que ninguna persona tenga que pedir la eutanasia porque se siente un peso”</title>
		<link>https://fpablovi.org/teresa-garcia-como-medicos-nuestra-tarea-es-intentar-que-ninguna-persona-tenga-que-pedir-la-eutanasia-porque-se-siente-un-peso/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Sandra Várez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 06:17:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Bioética y oncología]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[Objeción de conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Teresa García]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Teresa García, Jefa de Oncología Médica del Hospital General Universitario Santa Lucía, en Cartagena, y coordinadora de la Sección de Bioética de SEOM, es profesora de la IV edición del curso de Bioética y Oncología de la Fundación Pablo VI La asistencia a un enfermo al final de la vida, la forma en la que se comunican los diagnósticos a los pacientes y las familias, las decisiones sobre tratamientos ante enfermedades graves o incurables, el abordaje del cuidado o el acompañamiento paliativo en la recta final de la enfermedad pone cada día a los sanitarios frente a numerosos dilemas éticos. La Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, aprobada y publicada el 24 de marzo de 2021, no ayuda a resolverlos. Muy al contrario. En numerosas ocasiones, los colegios de médicos se han pronunciado a este respecto. Porque no están claros muchos de los términos ni los límites de su aplicación y la forma en la que acogerse a la objeción de conciencia; porque, dentro del enunciado “sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable”, “pronóstico de vida limitado” o “fragilidad progresiva” hay toda una amalgama de matices; y porque, en muchos casos, las decisiones de los pacientes no se toman con libertad y están determinadas por un contexto familiar, social y cultural en el que, cada vez más, influye la sensación de sentirse un peso. Los sanitarios, sometidos en su día a día a una gran carga de trabajo, se encuentran, en muchas ocasiones, sin recursos y sin herramientas para responder a estas cuestiones, por una formación excesivamente técnica y práctica, que adolece cada vez más de esas habilidades blandas necesarias para tomar decisiones éticas, como son la compasión, la capacidad de discernimiento y la empatía. Teresa García, Jefa de Oncología Médica del Hospital General Universitario Santa Lucía, en Cartagena, responde a estas cuestiones en el Curso de Bioética y Oncología de la Fundación Pablo VI, en el que aborda un tema fundamental, como son “Las decisiones compartidas en la atención al paciente con cáncer” P.- ¿Qué significa compartir las decisiones con el paciente con cáncer? R.- La decisión compartida es algo que cada vez se intenta más y esto responde a una consideración del paciente en condición de igualdad con el profesional que le trata. Sobre todo en&#160;Oncología, donde la mayoría de las decisiones que se toman son de mucho calado porque tienen que ver, entre otras cosas, con la toxicidad de los tratamientos que se dan y que afectan a sus condiciones de vida. El profesional ha de tener en cuenta los valores del paciente para poder compartir, así, la toma de decisiones. Es verdad que esto no se produce en condiciones de igualdad, porque los conocimientos del médico no son los del paciente, ni los valores del paciente los del médico. Pero eso es lo que se intenta. P.- Cuando se habla de tener en cuenta las decisiones del paciente, hay que hablar inevitablemente de la nueva ley de eutanasia, que responde, según defienden sus promotores, a una demanda social sobre cómo y cuándo morir en determinadas circunstancias. Para los oncólogos y sanitarios que trabajan con enfermos de cáncer, ¿es la eutanasia el principal reto ético en este momento? R.- La eutanasia en Oncología no es el principal problema, porque los pacientes que tienen posibilidades de sobrevivir se curan, y los que están mal muchas veces tampoco tienen tanto tiempo de cansarse de la enfermedad y se aferran más al tiempo que les queda. En este momento, al menos en España, no es un tema muy importante en el ámbito oncológico, aunque lo acabará siendo, como en otros países, porque esto es un tema cultural. Sin embargo, sí creo que, desde el punto de vista médico, la eutanasia es una de las mayores desgracias que han sucedido en nuestra profesión. Me parece que permitir al médico disponer de la vida del paciente, en base a una petición, es un paso grave que mancha a la profesión. A mí me resulta triste, pero creo que es algo cultural con lo que tendremos que acabar conviviendo, como ocurre en otros países donde un porcentaje de muertes son por eutanasia. No obstante, creo que, en este punto en el que nos encontramos, lo que nos corresponde a los médicos es asegurarnos de que quien pide la eutanasia sea absolutamente libre para hacerlo, porque ahora mismo hay muchas situaciones en las que el paciente no tiene esa libertad. Para ellos el mayor problema no es la enfermedad, sino la sensación de carga que suponen para su familia, la carga económica, etc. Y eso es algo que en España no está solucionado. No hay apoyo social ni económico a las familias y, por lo tanto, no hay nada que ayude al paciente a no tener esa sensación de carga. Por eso, creo que nuestra tarea es, precisamente, intentar que ninguna persona tenga que pedir la eutanasia porque se siente un peso, porque no ve otra salida, o porque no se siente digno. Me parece que es un reto enorme para los médicos y la sociedad entera que las personas descubran cuál es su dignidad por la forma en la que les tratamos. “En este punto en el que nos encontramos, lo que nos corresponde a los médicos es asegurarnos de que quien pide la eutanasia sea absolutamente libre para hacerlo, porque ahora mismo hay muchas situaciones en las que el paciente no tiene esa libertad” P.- Para tener en cuenta las decisiones del paciente es necesario mucho tiempo de escucha y conocimiento, algo que muchas veces no existe. En un artículo publicado en el Observatorio de Bioética y Ciencia hace unos meses lamentaba esto: las interrupciones continuas y la falta de tiempo, que no ayudan a la deliberación y al descernimiento sereno. ¿Cómo se puede aplicar o reclamar ética ante esas condiciones? R.- En Oncología tenemos una cierta consideración en comparación con otras especialidades, porque se nos da un tiempo mínimo para la primera visita al paciente y a veces para</p>
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		<title>La polarización narrativa en Bioética: el ejemplo de la eutanasia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria Varela Feal]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Mar 2022 00:17:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«He acompañado y he tomado las manos de amigos y seres queridos cuando respiraban por última vez, y puedo deciros esto: el dramático soliloquio al final de la vida es pura tontería. Si se dice algo es interno, casi lo puedes oír. Están teniendo una conversación interna llena de incredulidad y sorpresa de que su vida ha llegado a su fin, casi no te notan sentado ahí. Para los moribundos los vivos son irrelevantes. Si alguna vez tenéis la oportunidad de vivir una situación así, abordadla con veneración tratadla, vividla, consideradla sagrada. Aseguraos de darle el mayor cuidado y respeto»&#160;(Método Kominski) En la escena de Mar adentro en la que se observa la discusión entre el protagonista, Ramón Sampedro, y un sacerdote, se nos muestran dos posiciones contrapuestas. La posición del sacerdote se ridiculiza presentándola como una historia caduca, prehistórica y con una clara ideología cristiana con un tinte peyorativo, frente a la posición del protagonista, a quien se muestra con una opción claramente más razonable y progresista. La narrativa de la película, bajo estos dos marcos de significado, nos propone una polarización de la discusión en términos de acuerdo o desacuerdo, y no de un debate deliberativo, prudencial y respetuoso. El Comité de Bioética de España[1] reconoce lo sumamente difícil que es tejer consensos en cuestiones bioéticas. Pero también afirma que esto no debe llevar al desistimiento sino, por el contrario, a la creación de las condiciones más idóneas para que ese debate se pueda llevar a cabo. Estas condiciones son, según dicho comité, las siguientes: que todos puedan expresar las razones que los llevan a mantener determinada posición, y que sean escuchadas y en su caso rebatidas en base también a razones; que nadie sea objeto de una descalificación moral que lo estigmatice en el momento del debate; y, por último, que todos manifiesten un propósito eficaz de diferenciar lo que son concepciones morales respetables pero que no se pueden imponer por ley a todas las personas. Las narrativas sociales actuales se debaten entre posiciones polarizadas, tal y como visualiza esa película, en el caso que traemos a comentar: eutanasia sí, eutanasia no. Ésta, y otras muchas historias que nos conmueven, apelando a nuestras emociones, nos llevan, quizá en demasiadas ocasiones, a que tomemos partido o nos coloquemos en posiciones bipolares en las que las decisiones, empañadas por emociones quizá superficiales a pesar de su intensidad, no están sostenidas en una verdadera reflexión de hechos y de valores morales. Estas historias fomentan la división de la sociedad en grupos de valores enfrentados. La aprobación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia parece ser una respuesta a esta confrontación de posiciones [2]. Se plantea como un curso de acción extremo, sin planteamiento de otras posibles acciones más prudentes. La solución es puramente dilemática, se traduce en dos extremos: vivir en condiciones indignas o morir con dignidad. Parece que este es el marco en el que se ha aprobado esta ley, atendiendo a una demanda surgida de historias conmovedoras que nos impelen a ponernos de un lado u otro y a ver solo dos vías trágicas de solución: seguir viviendo en condiciones consideradas como indignas y de sufrimiento, o ver la muerte como una cuestión de elección, esto es, la toma de decisión de acabar con la vida con ayuda médica, deviniendo un derecho proporcionado por el Estado. Tales opciones ¿no son acaso dos alternativas en las que la decisión correcta no es posible? No atender la petición de acabar con su vida de alguien que vive en condiciones consideradas indignas o bien acabar con su vida a través de proporcionarle ayuda para morir, ¿no son a caso dos decisiones malas? Por lo tanto, como señala Markus Gabriel, las dos decisiones son moralmente reprobables [3]. Autodeterminación, autonomía y principio de utilidad La Ética se interroga sobre el juicio moral de una determinada conducta, mientras que el Derecho se ocupa de garantizar el respeto de los derechos de los integrantes de una sociedad, en un clima de convivencia pacífica y de justicia [1]. La moral pesa más que la mayoría [3], esto es, que sólo porque una mayoría reclame una acción determinada no se convierte, de forma automática, en una decisión moralmente legítima. Las narrativas dominantes trasmiten la idea de que una sociedad que acepta la eutanasia es una sociedad que progresa en los derechos de autonomía. Así, el hecho de convertir la eutanasia y/o el auxilio al suicidio en un derecho podría generar, en la mayoría de la sociedad, la percepción de que es una práctica buena porque atiende al derecho de autonomía, y esto nos lleva a analizar el valor de autonomía y su calidad moral. ¿Todo lo que deseamos debe ser atendido porque es nuestra autonomía la que está en juego o hay deseos que pueden ser moralmente reprobables? Al igual que la vida no debe de imponerse como un valor absoluto tampoco debemos imponer del mismo modo el derecho de autonomía. Charles de Gaulle consideraba a su hija, Anne, nacida con síndrome de Down, una bendición. Decía que era su alegría y que ella le ayudó a ver más allá de las fallas de los hombres Tal y como señala el Comité de Bioética de España, en el debate de lo que hoy ya es un texto normativo en vigor, no se realiza un análisis del aspecto moral puro, en el que se trataría de valorar la corrección moral o no de practicar actos de eutanasia de diferentes tipos en diferentes circunstancias generales [1]. Las narrativas que sustentan la aprobación de la ley se fundamentan en la autodeterminación, la autonomía y en el principio de utilidad, esto es, una vida con una enfermedad crónica incapacitante no tiene valor y no merece la pena ser vivida. Pero la vida, al igual que otros valores como la salud, la paz, la belleza, tienen un valor intrínseco, es decir, son inconmensurables, impagables, no tienen precio, como señala Diego Gracia (p.38) [4]. Esta es la preocupación, por ejemplo,</p>
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		<title>El derecho constitucional a la objeción de conciencia institucional ante la ley eutanasia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Federico de Montalvo Jääskeläinen]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Jun 2021 14:01:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[Objeción de conciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante el revuelo suscitado por el manifiesto a favor de la objeción de conciencia institucional lanzado por los centros sanitarios y asistenciales de inspiración católica en nuestro país, publicamos este artículo de Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España y profesor de Derecho Constitucional, en el que enumera los principios constitucionales que avalan esta postura. Argumentar “que la conciencia es siempre individual y no colectiva”, afirma De Montalvo en el texto escrito para el Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, “contradice no solo el propio significado del término conciencia sino, lo que es más relevante, la propia doctrina del Tribunal Constitucional”. Es más, apunta el presidente del Comité de Bioética de España, “se encuentran varios ejemplos de Derecho comparado que, precisamente, permiten mantener que la conciencia y la objeción basada en la misma es tanto individual como colectiva e institucional”. Objeción de conciencia institucional: una reflexión desde la Constitución sobre su poco discutible admisibilidad en el ámbito de la eutanasia 1. La presunta denegación de la objeción de conciencia institucional por parte de la Ley Orgánica 3/2021 El artículo 16 de la Ley Orgánica 3/2021, por la que se proclama el denominado derecho a solicitar la ayuda a morir, es decir, por la que se despenaliza en nuestro ordenamiento jurídico la eutanasia en determinados contextos de la enfermedad y respecto de determinados individuos, pudiera deducirse que únicamente reconoce el derecho a la objeción de conciencia de las personas individuales y no jurídicas (véase, por ejemplo, comunidades, entidades y órdenes religiosas que presten servicios sanitarios en el marco del final de la vida o en cuyo contexto quepa solicitar aquel derecho de la ayuda a morir). Y ello es así porque el citado precepto señala, explícitamente, que el rechazo o la negativa a realizar la prestación de ayuda para morir por razones de conciencia es una decisión individual del profesional sanitario. Sin embargo, el hecho de que el legislador, a través de su mayoría, limite el ejercicio del derecho a la objeción a las personas físicas y no jurídicas, no implica que ello deba aceptarse sin más o, al menos, sin reflexionar si dicha exclusión de la titularidad del derecho para las personas jurídicas responde a lo que prescribe la Constitución y la doctrina del Tribunal Constitucional, máximo intérprete de aquélla. Como estableciera el Tribunal Constitucional en sus Sentencias 53/1985 y 145/2015, el derecho a la objeción de conciencia existe y puede ser ejercido con independencia de que se haya dictado o no tal regulación, al incardinarse directamente en las libertades reconocidas en el artículo 16 CE, la libertad ideológica y religiosa en aquellos casos en los que el imperativo moral en virtud del cual se ejerce la objeción sea incardinable en el concepto individual de “vida”, es decir, cuando se ejerza sobre la base de un categórico moral incardinable en los derechos consagrados en el artículo 15 de la Constitución, lo que hace referencia directa al aborto (inicio de la vida) y eutanasia (final de la vida). Se trataría, pues, de un derecho fundamental, proclamado en la Constitución y, en modo alguno, de un derecho de configuración legal. El legislador tiene la facultad de regular para aclarar y hacer factible el ejercicio conjunto del derecho a la objeción y del derecho a recibir la prestación de la ayuda para morir, pero no alterar sus condiciones básicas o su titularidad. Su contenido y rasgos esenciales deben quedar intangibles, debiendo considerarse inconstitucional la regulación que no los respete. Y, a este respecto, cabría preguntarse si la mención que hace el artículo 16 de la Ley Orgánica 3/2021 a que sólo cabría, en principio, la objeción individual y no la institucional es coherente y respetuosa con tales rasgos esenciales de la objeción de conciencia. Como vamos a comprobar, a la vista de la doctrina del Tribunal Constitucional, no puede considerarse que lo sea. Si analizamos los argumentos habituales en contra de admitir la objeción de conciencia institucional, veremos que el principal argumento que se esgrime es de naturaleza no tan jurídica sino, más bien, metajurídica. Se nos dice que la conciencia es siempre individual y no colectiva y, por ello, no cabría un ejercicio de la libertad de conciencia a través de la objeción más allá de la esfera de un individuo singular. Sin embargo, tal argumento contradice no sólo el propio significado del término conciencia sino lo que es más relevante, la propia doctrina del Tribunal Constitucional. Incluso se encuentran varios ejemplos de Derecho comparado que, precisamente, permiten mantener que la conciencia y la objeción basada en la misma es tanto individual como colectiva, institucional. Vayamos con dichos argumentos. 2. Argumentos metajurídicos a favor de la objeción de conciencia institucional En primer lugar, por lo que a los argumentos metajurídicos se refiere, es importante recordar que el término conciencia, en nuestro lenguaje, se utiliza también respecto de la persona física como jurídica. Se habla, por ejemplo, de la conciencia de un pueblo, de la conciencia colectiva, de la conciencia histórica. Y también lo hace el propio legislador que ahora pretende denegar la conciencia institucional en el ámbito del derecho a solicitar la ayuda para morir. Así, la Ley 52/2002, 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, establece en su Exposición de Motivos que “En definitiva, la presente Ley quiere contribuir a cerrar heridas todavía abiertas en los españoles y a dar satisfacción a los ciudadanos que sufrieron, directamente o en la persona de sus familiares, las consecuencias de la tragedia de la Guerra Civil o de la represión de la Dictadura. Quiere contribuir a ello desde el pleno convencimiento de que, profundizando de este modo en el espíritu del reencuentro y de la concordia de la Transición, no son sólo esos ciudadanos los que resultan reconocidos y honrados sino también la Democracia española en su conjunto. No es tarea del legislador implantar</p>
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		<title>Ante la entrada en vigor de la ley de la eutanasia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Jun 2021 11:47:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mañana entra en vigor en nuestro país Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, que supone el triunfo de la razón subjetiva sobre la razón objetiva. La dignidad humana y la calidad de vida no deberían estar sujetas a condiciones subjetivas atribuidas por la propia persona ni por su entorno. Desde la Fundación Pablo VI queremos expresar públicamente que seguimos comprometidos con el alivio del sufrimiento y el cuidado de la vida, defendiéndola como un bien y un valor fundamental sobre el que se sustenta la convivencia social. Frente a una cultura del descarte en torno al sufrimiento y el morir, propugnamos una cultura de la vida y de la fraternidad universal, donde todos tienen cabida, también los más débiles, dependientes o vulnerables. Queremos también expresar nuestra solidaridad con todas las instituciones asistenciales católicas (hospitales, residencias de ancianos y residencias para personas con discapacidad) que trabajan a diario para cuidar de los más frágiles y vulnerables de nuestra sociedad, al tiempo que exigimos al Gobierno español la promulgación de una ley de cuidados paliativos y la suficiencia presupuestaria para su aplicación y la de la Ley de la Dependencia. Sin esta dotación a los cuidados paliativos y a la Ley de Dependencia no hay alternativa ni posibilidad de elección. Como se pregunta el oncólogo Paco Barón en este artículo, ¿cómo se puede basar la eutanasia en un derecho a elegir cuando no existe el derecho a hacerlo?</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/ante-la-entrada-en-vigor-de-la-ley-de-la-eutanasia/">Ante la entrada en vigor de la ley de la eutanasia</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Mar Afuera: “seguir adelante no es una opción”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Dec 2020 18:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis - Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
		<category><![CDATA[Eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[María del Mar García Garrido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María del Mar García Garrido es de esas personas que te zarandea y te da una sacudida de arriba abajo nada más conocerla. Su mirada está llena de luz y sus palabras, estranguladas por la traqueostomía, no consiguen ser apagadas por un respirador que llena sus pulmones de vida. María del Mar es auténtica y, ni siquiera quien la conoce, puede explicar la energía y optimismo que irradia su sola presencia. Marimar es un torbellino, un torrente de alegría, una mujer de carácter a quien las limitaciones físicas no han impedido nunca pelear por todo aquello que anhela. Se hace llamar Mar Afuera, en respuesta a todos los que creen que una vida como la suya no merece la pena ser vivida. Así lo cuenta en su libro “Un viaje lleno de vida”, un recorrido por su historia personal, en el que, sin obviar los detalles más difíciles de su intensa vida, prefiere centrarse en lo que le ha hecho llegar hasta aquí: su coraje y la generosidad de su familia, su inmensa lista de amigos y una fe profunda y serena que la sostiene como una roca. Mar hubiera preferido hablar en persona, cara a cara, porque disfruta con la conversación y la compañía. Pero en estos días le cambiaban la cánula de la garganta&#8230; “Tú mándame la entrevista”, me dice con firmeza. P.- ¿Cómo valoras la nueva ley de eutanasia que convierten la ayuda a morir y el suicidio asistido en una prestación del sistema nacional de salud? R.- Que es un horror ¡Estamos en una deshumanización total! Un paso más en la cultura de la muerte. ¿A dónde vamos a llegar? Me gustaría que quien sufre y quien acompaña el sufrimiento lo viera como una forma de aprendizaje. Toda vida tiene su dolor y ese dolor de alguna manera nos ayuda a crecer como personas. P.- En medio de esta corriente de derrotismo vital, tu vida ha sido un auténtico desafío a la ciencia, desde que te detectaron con 6 años una enfermedad degenerativa sin diagnóstico. Tienes 34 años en los que has vivido muchas cosas con la ayuda de tu familia. Pero ¿crees que el sistema sanitario y asistencial está a la altura de lo que necesitan personas como tú? R.- ¡No lo está! Mi enfermedad es desconocida para todo el mundo. Lo cierto es que, por mucho que haya viajado mi historial clínico por España y parte del extranjero, todavía no tenemos diagnóstico para mi enfermedad. Digamos, con tono irónico, que esta es la enfermedad de Marimar. A mí me gusta llamarla así. En general, la mayoría de los médicos me han tratado muy bien y hay pocas excepciones. Pero sí, tuviera que pedir algo es que se esforzaran en ver delante de ellos a personas en vez de pacientes. A veces los protocolos son muy fríos y la terminología clínica no la entiende todo el mundo. Adaptar el lenguaje, hacerlo más cercano y ser delicados en el trato y en la forma de dar la información.&#160; P.- Eres periodista. Tienes una amplia formación. Eres una persona culta, inteligente, con grandes inquietudes y con una vida social muy activa. ¿Qué te ha dado la fuerza para conseguir lo que tienes? R.- En primer lugar, mi familia y mis amigos que han estado al pie del cañón. Pero, ante todo, está mi fe que está presente en todo momento de mi vida. A veces me he enfadado con Dios y me he preguntado por qué a mí. Pero hace años opté por no preguntar el porqué sino el para qué.&#160;&#160; P.- Has roto barreras sanitarias, vitales y físicas. Has hecho viajes con amigos a lugares que muchos ni podrían imaginar. Has montado en canoa y en camello. ¿Qué le dirías a los que creen que una vida como la tuya no merece la pena ser vivida? R.- Le diría muchas cosas: una, que su vida no es inútil a los ojos de Dios, y que, aunque estés en silla de ruedas o te veas limitado, puedes ayudar muchísimo a los demás y que tu cabeza puede hacer muchas cosas. ¡Mírame a mí dónde he llegado! Me decían que no iba a llegar al colegio, que mi enfermedad iba a ser fulminante&#8230; Se puede hacer mucho bien con una buena actitud, sonriente y positiva. P.- Eres la mayor de 6 hermanos. Dos de ellos, Pablo y Miguel Ángel nacieron con unas circunstancias especiales (acondroplasia y Síndrome de Down). ¿Cómo han influido las circunstancias de tu familia en tu carácter? R.- Eso nos ha hecho crecer y a ver a cada uno por igual, como uno más. Mi madre siempre me ha enseñado que todo pasa por algo. Que todo tiene un sentido y un motivo. Y que los obstáculos, cuando los vences, son los que te hacen más fuerte y ayudan a todos los que vienen detrás a que no les cueste tanto vencerlos.&#160; P.- El miedo a la enfermedad, a la incapacidad, o a la vejez va unido muchas veces a la sensación de ser una carga para los demás.  ¿Te has sentido en algún momento alguna carga para los que te cuidan? ¿Crees que la sociedad y el ritmo al que vivimos está imponiendo ese sentimiento? R.- ¡Totalmente! Todo lo queremos para ¡ya! Pero, ¿quién determina que una vida tenga sentido o no? ¿Te has parado a pensar que quizá el estorbo seas tú cuando no permites a los demás crecer como personas o desarrollar sus habilidades y competencias en el trabajo o en la vida? Me entristece la gente que ve como una desgracia una situación como la mía, porque me considero una chica feliz y que valora lo que tiene. Con mi libro lo que quiero demostrar es que se puede llevar una vida feliz, plena y llena de motivos por los que seguir luchando y superando obstáculos, aun en una situación que para muchos podría parecer oscura, triste y desesperanzadora. P.- Dentro de muy poco cumplirás 35 años. Tu enfermedad ha</p>
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