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	<title>Jacques Maritain archivos - Fundación Pablo VI</title>
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	<title>Jacques Maritain archivos - Fundación Pablo VI</title>
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		<title>“Europa como el Camino es caminar juntos y aprender los unos de los otros sin tener que renunciar a quienes somos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Oct 2025 14:02:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[De Gasperi]]></category>
		<category><![CDATA[Desarrollo integral]]></category>
		<category><![CDATA[Jacques Maritain]]></category>
		<category><![CDATA[José Ramón Amor Pan]]></category>
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		<category><![CDATA[Seminario de Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Victoria Martín de la Torre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la segunda sesión del Seminario de Ecología los expertos intervinientes reflexionan sobre cómo el Camino de Santiago es un ejemplo de vehículo de creación de una identidad común basada en la diversidad y de una comunidad en la que el individuo y su desarrollo integral sea lo primero El descubrimiento del sepulcro de Santiago de Compostela en el año 813 fue un gran hito. En una época en la que en Europa no existían los estados, los caminos de peregrinación hasta su tumba se convirtieron en redes de intercambios culturales, vehículos de comunicación entre personas, en un ir y venir de lenguas y todo tipo de ideas. Este fenómeno articuló una identidad común sin imponer una uniformidad y debería ser ejemplo de una comunidad en el que el cuidado de la persona y su desarrollo integral sea lo primero. Victoria Martín de la Torre, Doctora en Ciencias Sociales y Estudios Europeos, cree que esta idea de unión y comunidad en la diversidad que se inició con el Camino se recuperó durante la construcción política, económica y cultural de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Durante su ponencia en la segunda sesión del Seminario de Ecología organizado por la Fundación Pablo VI, la Conferencia Episcopal Española y Enlázate por la Justicia, hizo un recorrido histórico sobre lo que supuso el Camino de Santiago desde sus inicios y cómo esas distintas sendas de peregrinaje afianzaron el concepto de cristiandad. Las rutas eran entonces peligrosas y por eso la hospitalidad y la solidaridad era muy necesaria. “El viaje se pudo consolidar gracias a las infraestructuras de red de monasterios, hospitales, alberques en los que se podían refugiar los peregrinos. Fue fundamental la existencia de un tejido de monasterios fundados en el siglo VI por los benedictinos”, explicó. Fue a través de las redes de los monasterios donde se tejieron las bases de nuestra cultura europea. Los caminos de peregrinación eran peligrosos y por eso la hospitalidad y la solidaridad era muy necesaria. Fue a través de las redes de los monasterios donde se tejieron las bases de nuestra cultura europea Repensar Europa con el Papa Francisco Victoria Martín de la Torre ahondó en la evolución que ha tenido el concepto de Europa durante los siglos XIX y XX. La palabra Europa tenía un significado secularista que no veían con muy buenos ojos los cristianos, que pensaban que los ideales del cristianismo se iban a dejar de lado en una posible comunidad que englobara toda Europa. Fue necesario que hubiera una generación de filósofos y políticos cristianos en el periodo de entreguerras que acercaran las corrientes de cristiandad y de la Europa secular cuyo origen fue la Ilustración. El filósofo católico francés, Jacques Maritain, decía que las dos visiones compartían el principio común de la dignidad humana. Una idea que también repitió el Papa Francisco en la reunión “Repensar Europa”, en la que animaba a plantearse cuál es nuestra aportación a Europa hoy en día y subrayaba que uno de los valores fundamentales del cristianismo es el de la persona hecha a imagen y semejanza de Dios. “La unidad cultural y espiritual que había existido en la Edad Media tenía que traducirse en un proyecto político. De Gasperi vio en el cristianismo y en la Doctrina Social de la Iglesia un modelo de organización social por el que se podría construir las comunidades europeas”, explicó Martín de la Torre. La conclusión de la experta en estudios europeos fue la siguiente. “Europa estará viva mientras su identidad sea dinámica y esté abierta al cambio. Si algo nos enseña el Camino es que en realidad hay muchos caminos: la ruta del este, norte, sur…cada peregrinación es única. Eso es también Europa, el caminar juntos y aprender los unos de los otros sin tener que renunciar a quiénes somos. El Camino es una metáfora de la vida, en donde vamos avanzando hacia un destino, pero que viene marcado por las personas que nos acompañan”. El cuidado de la persona y su desarrollo integral La segunda intervención de la sesión estuvo a cargo de José Ramón Amor, director académico de la Fundación Pablo VI y delegado de Ecología Integral de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, que profundizó en la necesidad que tiene el ser humano de ser sostenido por una comunidad y de tener un desarrollo integral que vaya más allá de un bienestar económico. El término desarrollo integral se lo debemos a San Pablo VI, que lo desarrolla en su encíclica Populorum Progressio. José Ramón Amor explicó que lo que nos dice este documento es que no se puede reducir el bienestar al crecimiento económico, a magnitudes resumidas en el PIB. “El verdadero desarrollo promueve a todos los hombres y a todo el hombre, alerta de la necesidad de diálogo, establece lazos comunitarios entre los pueblos y habla de fraternidad”. Este desarrollo consta de tres claves fundamentales: la contemplación, la compasión y el cuidado. Tres elementos que deben estar presentes en cualquier espiritualidad que quiera ser auténtica y que realmente esté al servicio del desarrollo pleno del ser humano. “Tres elementos que, si la peregrinación por los Caminos de Santiago es auténtica, tienen que estar en el interior del peregrino”. El desarrollo humano iIntegral o desarrollo sostenible es un enfoque holístico que considera que el bienestar del ser humano va más allá del crecimiento económico. El concepto de desarrollo humano integral nos lleva necesariamente a recuperar la idea del bien común, que no tiene nada que ver con el interés general, sino que es el bien de todos y cada uno de los seres, sin descartar a nadie. La espiritualidad tiene que ser considerada un bien común de base, forma parte de la condición humana y es fundamental para alcanzar coherencia interior. “El verdadero desarrollo promueve a todos los hombres y a todo el hombre, alerta de la necesidad de diálogo, establece lazos comunitarios entre los pueblos y habla de fraternidad” El Camino de Santiago no es sólo un camino religioso sino espiritual.</p>
<p>La entrada <a href="https://fpablovi.org/europa-como-el-camino-es-caminar-juntos-y-aprender-los-unos-de-los-otros-sin-tener-que-renunciar-a-quienes-somos/">“Europa como el Camino es caminar juntos y aprender los unos de los otros sin tener que renunciar a quienes somos”</a> se publicó primero en <a href="https://fpablovi.org">Fundación Pablo VI</a>.</p>
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		<title>Pablo VI y Europa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eugenio Nasarre]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jan 2021 10:34:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Miradas sobre Pablo VI]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Jacques Maritain]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pablo VI fue un europeísta, si se me permite utilizar este calificativo al uso. Profundas razones -de índole biográfica, doctrinal y espiritual- le hicieron seguir muy de cerca el proceso de integración europea y animar a sus protagonistas a afianzarlo y proseguirlo sin olvidar las raíces de su origen. Cuando se inició su pontificado (1963) todavía era “la pequeña Europa”, la constituida por los seis Estados fundadores, a partir de la Declaración Schuman (9 de mayo de 1950), que dio origen a la CECA, aquella protoeuropa. Cuando Pablo VI murió (1978), se habían incorporado tres nuevos Estados (Gran Bretaña, Dinamarca e Irlanda) y otros llamaban a sus puertas, prueba evidente del éxito del más fecundo proyecto histórico de los dos últimos siglos que los europeos estaban protagonizando. Precisamente el 8 de julio de 1962, un año antes del comienzo de su pontificado, se había celebrado en la catedral de Reims aquel Te Deum en el que De Gaulle y Adenauer quisieron solemnemente proclamar la reconciliación franco alemana, uno de los pilares de la Europa Unida. El arzobispo de Reims, Monseñor Marty, recibió a los dos estadistas a la puerta de la catedral. El general De Gaulle le dijo: “Excelencia, el canciller Adenauer y yo mismo venimos a vuestra catedral a sellar la reconciliación de Francia y Alemania”. Toda la ceremonia estuvo cargada de simbolismo. El arzobispo fue asistido en la misa por dos sacerdotes franceses presos y torturados por la Gestapo. El historiador Federico Chabod afirmó que en el arranque del proceso de integración europeo los factores morales fueron los que prevalecieron. En su discurso a los participantes del Simposio de los obispos de Europa (18 de octubre de 1975), Pablo VI les evocó lo que calificó como “episodio significativo”. Tuvo lugar en la celebración del centenario de la independencia de Italia, lograda tras las batallas victoriosas de las armas franco-italianas contra el Imperio austro-húngaro. En el osario existente en Magenta en memoria de los combatientes muertos, el entonces arzobispo de Milán celebró la misa en presencia de De Gaulle, presidente de la República francesa, y de Gronchi, presidente de la de Italia.&#160; Tras finalizar la ceremonia religiosa el arzobispo Montini dirigió un saludo, en el que dijo: “Así como el siglo XIX se caracterizó por las luchas por la independencia y la formación de los diferentes Estados que componen la Europa de hoy, el siglo XX, el nuestro, debería caracterizarse, al menos en Europa, no tanto por las guerras y el enfrentamiento entre los pueblos sino por la unidad”. Y prosiguió: “A las naciones hasta ahora políticamente distintas y organizadas en Estados libres y soberanos falta descubrir una expresión comunitaria y continental de la fraternidad de los pueblos asociados para promover una civilización solidaria, animada naturalmente de un mismo espíritu”. Entonces -añadió Pablo VI- “el general De Gaulle se me acercó con la sorpresa y la extrañeza de todos los asistentes, llegó hasta el altar, me tendió la mano y estrechándola, dijo con gravedad estas palabras: “Lo que usted ha dicho, se hará”. ¿Cómo se forjó en Giovanni Battista Montini, en Pablo VI, este espíritu en favor de la Europa Unida, precisamente la que se estaba edificando sobre los escombros del continente devastado tras la segunda guerra mundial? ¿Cuáles son las claves de su pensamiento sobre Europa y su integración política? Entre el fascismo y la democracia Giovanni Battista Montini (1897-1978) perteneció a la trágica generación de europeos que vivieron la terrible experiencia de las dos guerras sucesivas que asolaron el continente en el plazo de treinta años. Cuando Italia abandonó la neutralidad y entró en la primera gran guerra (mayo de 1915) Montini estaba concluyendo sus estudios de Bachillerato, que culminó en 1916 en el Liceo Arnaldo de Brescia como alumno libre por su entonces delicado estado de salud. Por esta razón no fue llamado a filas. Ese mismo año inició sus estudios eclesiásticos en el seminario de Brescia. El 29 de mayo de 1920 era ordenado sacerdote. Salió entonces de su tierra natal para proseguir estudios en la Universidad Gregoriana y en La Sapienza de Roma. ¿Qué Roma encontró el joven clérigo Montini? La guerra había dejado a Italia profundamente herida, con más de un millón cien mil víctimas, más de la mitad fallecidos. El armisticio de octubre de 1918 no había contentado a nadie. Se hablaba de la “victoria mutilada”. La “vieja política” era incapaz de afrontar la situación de un país ya muy diferente al de antes de la guerra. Aparecían nuevos actores políticos. El 18 de enero de 1919 el sacerdote Luigi Surzo había fundado el Partido Popular Italiano (PPI) con su llamamiento “a los hombres libres y fuertes” en el hotel Santa Chiara, a la espalda del Panteón. Creía que había llegado la hora del compromiso de los católicos en la política. El padre de Giovanni Battista, Giorgio Montini, abogado y director del periódico Il cittadino di Brescia, acudió al llamamiento de Sturzo y se incorporó a las filas del PPI. Fue diputado en las tres elecciones (1919, 1921 y 1924) en las que pudo presentarse el PPI, hasta su disolución en 1926 por la abolición de los partidos antifascistas decretada por Mussolini. Giorgio Montini sufrió en sus propias carnes la amarga experiencia del Partido Popular Italiano. Tras el ascenso de Mussolini al poder, y tras el asesinato del dirigente socialista Matteoti (junio de 1924), la debilitada oposición optó, como señal de protesta y para forzar la pérdida de la confianza del Rey a Mussolini, por “la retirada al Aventino”. Giorgio Montini estuvo entre los diputados que siguieron a De Gasperi en este último intento de detener a Mussolini en su marcha hacia la dictadura. Pero la operación fracasó. El PPI sufrió el acoso y las crecientes intimidaciones del fascismo, amparadas por el gobierno, hasta que el 9 de noviembre de 1926 se emitió el decreto de disolución del Partido Popular Italiano. Giorgio Montini dejó forzosamente la política y volvió a su vida profesional en su tierra de Brescia. Giovanni Battista Montini</p>
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