Un libro rojo y de gran tamaño sobresale en la tercera balda de la estantería donde los volúmenes de la biblioteca de sociología de Mary Salas −fue donado por sus sobrinas María y Reyes Salas a la Fundación Pablo VI− reposan con orden. Siempre que voy a visitar a Gabriela, mi compañera archivera, curioseo las obras de esa estantería, dedicadas en su mayoría a la mujer en la sociedad española de los años 60 y 70.
Me llama la atención el título del libro, “La madre que espera”. Es un tratado sobre el embarazo que abarca cuestiones muy dispares. Desde cómo se transmiten los factores hereditarios hasta qué incluir en la canastilla del bebé o qué ayudas se pueden solicitar después de su nacimiento.

La promoción de la mujer
“La madre que espera” es un libro elaborado en equipo bajo la dirección de Mary Salas, editado por Alameda Madrid en 1967. Hoy en día, cualquier embarazada primeriza tiene información veraz y completa a un golpe de clic, pero hasta la década de los 60, en España, era raro contar con obras como ésta. Fue en aquellos años cuando comenzó una apertura social que se materializó en la publicación de cuestiones referentes a distintos aspectos sobre la mujer. Las asociaciones femeninas, también las católicas, con mujeres como Mary Salas o Pilar Bellosillo a la cabeza, estaban convencidas de que la promoción de la mujer pasaba por una educación adecuada y diferente a la que se venía dando hasta el momento. Y esa educación incluía la realización de seminarios, conferencias, encuestas o la publicación de libros sobre la mujer en el trabajo, en la sociedad, sobre la importancia de que se implicara en temas políticos o de que viviera de una forma más consciente la maternidad.

El parto sin dolor, objeto de polémica
En “La madre que espera” se abordan cuestiones, en su momento novedosas, como el parto sin dolor con técnicas de respiración y las primeras formas de administrar anestesia a las parturientas. Dice el libro que los estudios científicos que encontraron los caminos para la supresión de los dolores en el parto fueron objeto de recelo en “medios religiosos (católicos y protestantes), porque pensaban que los nuevos métodos estaban en desacuerdo con las palabras del Génesis. Esta polémica quedó zanjada definitivamente cuando Pío XII, en 1956, afirmó públicamente que el castigo divino, impuesto a la mujer, no impedía en absoluto utilizar los medios apropiados para hacer el parto más fácil y menos doloroso”.
Son curiosos, también, los títulos de algunos capítulos por cómo ha evolucionado con los años la sociedad. Por ejemplo, el último capítulo se llama “El niño también tiene padre”, con subcapítulos como “Traer un hijo al mundo es asunto de dos” o “Los maridos que huyen”.
La festividad del Día de la Madre
“La madre que espera” es un reflejo de la forma de prepararse al parto y a la maternidad de una época. Una maternidad que se honra especialmente el Día de la Madre. Esta festividad comenzó a celebrarse en España en 1926 y desde 1965 se fijó el primer domingo de mayo. La Iglesia católica vincula esta fiesta a la Virgen María, ejemplo de ternura y amor de madre. En la exhortación Evangelii Gaudium, el Papa Francisco decía en los números 286 y 288 refiriéndose a María: “Es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura […] Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes…”.
Dejo de nuevo el libro con cuidado en la estantería. Pienso en las madres, en las de antes, en las de ahora, en las históricas. Todas distintas, fruto de su época, su educación y su origen. Con sus miedos, sus dudas, su cariño y su amor infinito hacia sus hijas e hijos. Dignas todas de celebración.

*Este artículo se ha hecho con la colaboración de Gabriela Polak, responsable del archivo de la Fundación Pablo VI
