
Borja Sémper: “nuestra visión humanista de la vida debe estar en el centro de la acción política”
Decía Platón en el "Gorgias", uno de los más conocidos diálogos filosóficos, que la naturaleza de política no debe ser agradar, convencer o generar placer, sino preocuparse y responder a lo justo y lo injusto. Para Platón, el único ciudadano que se dedicaba verdaderamente al arte de la política era Sócrates, que terminó muerto por su obsesión en la búsqueda del bien mayor. Contrariamente a esta visión clásica de la política, lo que el ciudadano percibe de ella es el eslogan fácil; un discurso populista, incapacidad de solucionar los problemas más complejos, y, en ocasiones, poca humildad para reconocer errores y abandonar cuando éstos se producen.
En este programa de La Gran Pregunta, emitido el día 2 de marzo en TRECE, analizamos con la presencia de Borja Semper, portavoz nacional del Partido Popular, la actualidad política nacional e internacional y repasamos, entre otras muchas cuestiones, el deterioro del debate público, la profesionalización política o la dificultad para llegar a consensos en temas clave, como la educación, la defensa o la inmigración.
En una larga entrevista, el político vasco repasó su trayectoria desde sus comienzos, en los años más duros del terrorismo de ETA, inspirado por la valentía y el ejemplo de lucha de la libertad de políticos como Gregorio Ordóñez: “La violencia política formaba parte de nuestro ecosistema y era un contexto en el que habíamos naturalizado que fuera habitual no ir por unas determinadas calles o hablar de determinados temas”. En su caso, el punto de inflexión que le llevó a hacerse las grandes preguntas fue ver, con 15 años, el asesinato de un Guardia Civil. “Eso me hizo interrogarme sobre el bien y el mal, sobre lo ético y lo que no”. Un eje que, al margen de construcciones políticas, “debe siempre operar en un ser humano”. Por eso, añadió, “mi primera aproximación a la política con mayúsculas es moral”, aunque el impulso para la entrada en la política en activo tiene un nombre propio, que es de Gregorio Ordóñez. Para Semper, el diputado del Parlamento vasco, asesinado el 23 de enero de 1995 en San Sebastián, representaba la “valentía”, la “autenticidad” y un modelo “evocador” de gestión pública.
El hoy portavoz nacional del Partido Popular no olvida el dolor y el miedo causado por el terrorismo en aquellos años. Aunque también evoca aquel deseo de libertad que llevó a muchos a “reafirmarnos en el compromiso para intentar cambiar las cosas”. Fueron años en los que se hicieron posibles acuerdos como el del PP y PSE en el ayuntamiento de Irún, y otros que facilitaban investiduras de alcaldes no nacionalistas o conniventes con ETA. “Nos unían más cosas que las que nos separaban, que era el deseo de derrotar el terrorismo, y aprendimos a entender que las discrepancias se pueden resolver, discrepar y dialogar”. Eso dice, es un ejemplo que debe ser conocido hoy, como también debe conocido y explicado a los jóvenes que existió el terrorismo: “es fundamental que sepan que la maldad convive con nosotros y que además no estamos protegidos ni estamos inmunes frente al avance del totalitarismo o la imposición de un proyecto político totalitario concreto”.
Borja Semper: “mi primera aproximación a la política es moral. El terrorismo lo que hizo fue reafirmarnos en nuestro compromiso de intentar cambiar las cosas”
De alguna manera, Borja Semper manifestó, durante la entrevista, su nostalgia por una época en la que esa unión, pese a las diferencias, era posible en aras de una causa mayor. Algo que contrasta con la fata de altura que muestra la política hoy ante los ciudadanos, que solo ven crispación y pelea permanente, lo que no hace sino aumentar la desconfianza hacia las instituciones. Una confianza ya erosionada por los años de sucesivas crisis económicas, por las inseguridades y por la pérdida de certezas sobre el futuro; a lo que se suman nuevos factores, como “la twiterización de la política”, lo que convierte el discurso público en algo mucho más superficial, donde los argumentos y las razones profundas para defender las ideas apenas existen. Hoy, reconoció, “todo es bronca y el discurso es pueril y epidérmico, lo que provoca que la gente o no se sienta interpelada o confíe en los que les ofrecen soluciones sencillas a problemas extraordinariamente complejos”, como ocurre con la cuestión migratoria.
Este asunto que, para el político vasco, es uno de los retos más difíciles tienen por delante las administraciones y las sociedades en toda Europa, “está muy condicionado por los relatos extremos que actúan de manera irresponsable”. Por un lado, los que lo afrontan solo desde la solidaridad o los que proponen el rechazo absoluto. Aunque se pongan parches “este es un fenómeno que va a seguir y no hay que olvidar, al gestionarlo, que estamos hablando de seres humanos y que no podemos olvidar nunca nuestra visión humanista del mundo”. Ahora bien, “no podemos tampoco olvidar que lamentablemente no podemos responder en términos de solidaridad a toda la gente que viene a nuestro país porque probablemente esto también provoque problemas de seguridad, de convivencia, etc.”
Las encuestas lo dicen: hay desesperanza, enfado, una buena parte de cabreo,… lo que hace que proliferen los discursos identitarios
Estos discursos extremos ante cuestiones como la migración, y otros muy contaminados con las ideologías han intensificado los discursos extremos, sobre todo entre la gente más joven. “Las encuestas lo dicen: hay desesperanza, enfado, una buena parte de cabreo,… lo que hace que proliferen los discursos identitarios”. Y ese abandono de la gente joven es lo que, dice, la política no se puede permitir.
“Son muchos los peajes personales y profesionales que hay que pagar por dedicarse a la política”
Durante la entrevista. habló también de su experiencia en el ámbito privado del que volvió hace dos años, después de un abandono temporal de su actividad política. Reconoce y lamenta que el sector privado sea en muchos casos más transformador y estimulante que el público, quizá por todos los “peajes personales y profesionales que se supone dedicarse a la política”, que actúa como una “trituradora humana” en muchos casos, impactando en la reputación, en la familia y en el prestigio, lo que dificulta que las que las personas brillantes quieran arriesgar.
Su vuelta se produjo por su deseo de cambiar las cosas “y mejorar la vida de la gente”. Porque, reconoció, aunque lo que se traslade sea un debate que trata de destruir al adversario y generar ruido, hay detrás un trabajo “mucho más edificante que lo que se transmite muchas veces”.