Según informó la semana pasada la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, los intentos de suicidio de menores de 14 años se han incrementado un 22%. En las urgencias, que crecieron un 10% en un año, destaca el incremento de cuadros de ansiedad (un 9%) y de agresividad (un 13%).
Por su parte, la COMECE acaba de publicar un importante documento de reflexión sobre la salud mental en Europa que busca integrar las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual de la persona. Es este informe al que nos referimos en este comentario de actualidad.
Europa atraviesa lo que la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) describe como “una crisis de salud mental de escala y complejidad sin precedentes” (p. 5). Depresión, ansiedad, soledad, trauma, trastornos por consumo de sustancias, efectos psicosociales de la migración y la digitalización, envejecimiento poblacional, precariedad laboral y suicidio conforman un cuadro de desafíos interrelacionados que exigen ir más allá de las necesarias respuestas clínicas.
El documento, elaborado por la Comisión de Ética de la COMECE y publicado en el marco de la Semana Europea de la Salud Mental 2026, ofrece una perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia, partiendo de la premisa fundamental de que la salud mental no puede reducirse a una cuestión técnica o médica: “La enfermedad mental no se entiende meramente como una preocupación médica o psicológica, sino como una dimensión de la vulnerabilidad humana que reclama compasión, solidaridad y atención integral” (p. 3).
El informe recupera una destacada cita de Juan Pablo II: “Quien padece una enfermedad mental siempre lleva en sí la imagen y semejanza de Dios… y siempre tiene el derecho inalienable no solo de ser considerado como imagen de Dios y, por tanto, como persona, sino también de ser tratado como tal” (p. 8).
Desde esta base, el estudio propone integrar las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual de la persona, en sintonía con los modelos biopsicosociales contemporáneos, añadiendo además la dimensión trascendente, pues “el bienestar espiritual se considera un elemento constitutivo del florecimiento humano” (p. 8), conectando con la idea del desarrollo humano integral.

La preocupación por la salud mental en la Unión Europea
El informe comienza explicando algunas cuestiones básicas de la política europea sobre salud mental.
La COMECE destaca como “la salud mental ha emergido como una cuestión crítica en la elaboración de políticas de la Unión Europea, reflejando el creciente reconocimiento de su profundo impacto en los individuos, las sociedades y las economías” de los países miembros (p. 6).
En respuesta a esta preocupación se ha ido configurando una política europea de salud mental en torno a tres pilares: el fomento de la prevención, el acceso a tratamientos de calidad asequibles y la necesidad de garantizar la reintegración social del paciente recuperado (p. 7).

La soledad
Una de las cuestiones que aborda el informe es la relación entre soledad no deseada y problemas de salud mental. En este sentido, la soledad, entendida no como la mera ausencia de contacto social sino como la “diferencia percibida entre la red de relaciones deseada y la real, especialmente cuando esa brecha implica una falta de conexión humana significativa, auténtica y duradera”, ha emergido como uno de los desafíos más importantes para la salud mental en la sociedad europea contemporánea (p.9).
La COMECE destaca cómo “diversos estudios recientes vinculan la soledad crónica con mayores riesgos de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y reducción del bienestar general”, subrayando su importancia como factor de riesgo (p. 9).
Y concluye: “En definitiva, la promoción de una sociedad más fraterna y compasiva —que comienza en la familia y se extiende a la comunidad en general— constituye un deber moral fundamentado en el respeto a la dignidad de toda persona, especialmente de las más vulnerables. Abordar la soledad no es solo una cuestión de bienestar individual, sino una responsabilidad colectiva, sobre todo hacia los miembros más vulnerables de la sociedad, cuya salud mental y sentido de pertenencia dependen decisivamente de la calidad de las relaciones humanas y la solidaridad social” (p. 10).

Salud mental y digitalización
No cabe duda de que la transformación digital de la sociedad europea está reconfigurando profundamente el panorama de la salud mental, creando nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, planteando complejas cuestiones éticas y antropológicas” (p. 10). De ahí que el documento dedique un apartado al análisis de esta cuestión.
De acuerdo con Eurostat, solo en torno a la mitad de los europeos con trastorno mental grave reciben tratamiento adecuado. En este contexto, el informe advierte de que, si bien la telemedicina y las plataformas terapéuticas pueden ser una oportunidad para aumentar la cobertura de los tratamientos, las plataformas digitales pueden a su vez “exacerbar el aislamiento, fomentando interacciones superficiales o creando la ilusión de una conexión que en realidad está ausente” (p. 11).
Además, insiste la COMECE, “las herramientas digitales que emplean algoritmos o inteligencia artificial para brindar recomendaciones terapéuticas deben respetar lo que se define como autonomía relacional, reconociendo que la libertad humana no se ejerce en el vacío, sino dentro de relaciones significativas y con el apoyo de los demás” (p. 12).

Salud mental de las mujeres
Otro punto al que este documento presta especial atención es el relativo a la especificidad que presenta la salud mental de las mujeres. Se señala que son más propensas a sufrir depresión, ansiedad y trastornos relacionados con el estrés, agravados por la brecha salarial, la sobrecarga de cuidados no remunerados y la violencia doméstica (p. 12).
También se subraya que “las mujeres migrantes y refugiadas, las mujeres con discapacidad, las mujeres mayores y las madres solteras se enfrentan a mayores riesgos para su salud mental debido a la exclusión social, la discriminación y el acceso limitado a los servicios”. Por todo ello, la COMECE pide políticas que reconozcan claramente la interconexión entre seguridad física, bienestar psicológico e inclusión social (p. 13).

Salud mental y crisis humanitarias
El apartado octavo es el más amplio del documento. En él se abordan cuatro temas muy diversos, pero con un claro denominador común: la fragilidad y la vulnerabilidad.
Salud mental y emigración
El informe llama la atención sobre los déficits en la atención psicológica a las personas migrantes. Se identifican tres causas: la prioridad de las necesidades materiales sobre las psicológicas; la estigmatización cultural de los servicios de salud mental en muchos países de origen; y las barreras legales, lingüísticas y financieras en los países de acogida. Especialmente se advierte sobre la complicada situación de quienes permanecen fuera de los centros de acogida formales, dispersos en entornos urbanos sin apoyo institucional (p.14).
La salud mental y el apoyo necesario de la Unión Europea para los solicitantes de asilo y los refugiados
Según el Reglamento (UE) 2024/1356, por el que se introduce el control de los nacionales de terceros países en las fronteras exteriores, las autoridades implicadas en la realización de las tareas relacionadas con dicho control deben notificar cualquier situación de vulnerabilidad que observen o que les sea comunicada, incluidas las personas con una discapacidad física o mental inmediatamente identificable y las personas que presenten signos visibles de haber sufrido un trauma psicológico o físico.
“La política de la UE reconoce cada vez más que la salud mental de los refugiados no puede entenderse únicamente desde una perspectiva clínica o médica. Debe comprenderse dentro de un contexto más amplio de determinantes sociales, legales y estructurales de la salud. Factores como la vivienda estable, el acceso a la educación y al empleo, la unidad familiar y la seguridad jurídica son cruciales para el bienestar psicológico. Por consiguiente, la política de la UE debe promover un enfoque holístico y basado en los derechos que integre las consideraciones de salud mental en las políticas de asilo, acogida e integración”, subraya el documento en la pág. 15.
Es en este contexto en el que la COMECE aborda la cuestión de la crisis ecológica. El texto incorpora cuestiones novedosas como la eco-ansiedad o la solastalgia (el malestar psicológico provocado por la degradación del entorno propio) y pide vincular la política climática con la sanitaria a través de los sistemas educativos. Para subrayar que la salud humana no puede entenderse al margen del estado del planeta, el documento se apoya en la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco (2015) y en el enfoque One Health de Naciones Unidas (p. 16).
Riesgos para la salud mental en la gestación subrogada: la perspectiva de las mujeres y los niños
Introduce unas interesantes reflexiones sobre este aspecto, la salud mental en la gestación subrogada, que no suelen abordarse habitualmente ¿será porque no se quieren ver los posibles efectos perniciosos de la maternidad subrogada?).
El documento parte del hecho de que las investigaciones contemporáneas en neurociencia y psicología del desarrollo revelan que el vínculo materno-fetal no es simplemente una construcción social o cultural, sino un proceso fisiológico y biológico profundamente arraigado. La evidencia sugiere que las madres subrogadas experimentan mayores índices de depresión, tanto durante el embarazo como después del parto, en comparación con las mujeres que gestan a sus propios hijos biológicos. También se constata que el proceso de separación puede causar un importante sufrimiento emocional, aunque sus repercusiones a largo plazo aún no se han estudiado lo suficiente. Por último, la alteración de los mecanismos naturales de vinculación puede contribuir al daño psicológico (p. 17).
La convergencia de evidencia neurocientífica, médica, psicológica y ética apunta a riesgos no despreciables para la salud mental y el bienestar asociados con la gestación subrogada. Se considera, por todo ello, que estos riesgos justifican la aplicación del principio de precaución en las políticas y la deliberación ética, especialmente dada la mayor vulnerabilidad de las mujeres y los niños involucrados, lo cual llevaría la prohibición universal de la gestación subrogada (p. 19).
Salud mental y protección de la vida en el contexto de los cuidados paliativos
Por último, la COMECE aborda uno de los temas de mayor actualidad en el ámbito europeo: la enfermedad mental como motivo para solicitar la eutanasia. El documento defiende una atención integral que incluya acompañamiento espiritual y rechaza que la eutanasia o el suicidio asistido sean presentados como única salida al sufrimiento. “De este modo, la sociedad y las instituciones pueden acompañar mejor a la persona que sufre con dignidad y compasión, afirmando la vida incluso en sus momentos finales y más frágiles” (p. 20).
Conclusión
Con el informe, la COMECE enriquece el debate la salud mental al optar claramente por una visión integral de la persona, en línea con la idea del desarrollo humano integral, a menudo ausente en el debate político.
El texto aboga por políticas que sitúen a la persona humana en el centro, fomenten relaciones auténticas y el sentido de comunidad, y promuevan una sociedad donde el cuidado, la dignidad y la solidaridad guíen todas las respuestas a los desafíos de la salud mental.
El informe sirve, además, para destacar el importante papel que desempeña la Iglesia, a través de parroquias, comunidades eclesiales, organizaciones caritativas y redes de voluntarios a la hora de acompañar a quienes se encuentran aislados, proporcionándoles cercanía humana, sentido de pertenencia a la comunidad y atención espiritual.
LUIS TRILLO TABOADA DE ZÚÑIGA
Graduado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III
